Cali, septiembre 23 de 2026. Actualizado: miércoles, septiembre 23, 2026 02:30
Cuando la tierra no deja de moverse
¿Cómo manejar el miedo ante las réplicas?
Después de un terremoto, cada nuevo movimiento puede hacer que el cuerpo vuelva a sentir que está frente al peligro inicial.
Aprender a regular esa respuesta, recuperar pequeñas rutinas y concentrarse en aquello que sí podemos controlar puede ayudar a convivir con la incertidumbre.
Cuando las réplicas continúan durante días o semanas, recuperarse emocionalmente puede resultar mucho más difícil.
Basta sentir una vibración, escuchar un ruido extraño o percibir que una lámpara se mueve para que el cuerpo vuelva a ponerse en alerta.
El corazón se acelera, aparece la necesidad de salir corriendo y algunas personas comienzan a preguntarse constantemente cuándo volverá a temblar.
En estas circunstancias, trabajar el miedo no significa pretender eliminarlo.
Después de haber vivido un terremoto, sentir temor frente a un nuevo movimiento tiene sentido.
El verdadero desafío consiste en evitar que la posibilidad de otra réplica mantenga a la persona permanentemente en estado de emergencia.
Una primera herramienta consiste en diferenciar el peligro presente de la alarma que permanece en el cuerpo.
Durante una réplica es necesario seguir las recomendaciones de seguridad, pero una vez termina y se comprueba que estamos en un lugar seguro, conviene regresar conscientemente al presente.
Una pregunta sencilla puede ayudar: “¿Está temblando en este momento o mi cuerpo continúa reaccionando a lo que acaba de pasar?”
Volver al presente
Después de una réplica, apoyar firmemente los pies sobre el suelo, observar cinco objetos alrededor, tocar cuatro elementos cercanos y reconocer tres sonidos puede ayudar a dirigir nuevamente la atención hacia el entorno.
También puede acompañarse el ejercicio con respiraciones tranquilas, procurando que la exhalación sea un poco más larga que la inhalación.
No se trata de repetirse que “ya no va a pasar nada”, porque nadie puede garantizar que no habrá nuevas réplicas.
Una frase más realista sería: “Ahora mismo terminó. Estoy aquí y puedo ocuparme de lo que necesito en este momento”.
La preparación también puede disminuir parte de la incertidumbre.
Tener lista una mochila de emergencia, conocer las rutas de evacuación, establecer un punto de encuentro familiar y saber cómo actuar permite recuperar cierta sensación de control frente a una situación que, precisamente, nos recuerda cuánto escapa de nuestras manos.
Otro aspecto importante es controlar la exposición permanente a información sobre el terremoto.
Revisar aplicaciones sísmicas compulsivamente, consumir videos durante horas, compartir rumores o interpretar cualquier vibración como una nueva réplica puede mantener activado el sistema de alarma. Estar informado es diferente a permanecer vigilando el peligro durante todo el día.
Recuperar la vida cotidiana
También hay que permitirse regresar progresivamente a las actividades habituales. Cocinar, trabajar, conversar, caminar, encontrarse con otras personas o simplemente sentarse nuevamente a terminar una taza de café después de una réplica son pequeñas señales de continuidad.
Puede ser útil dividir mentalmente la situación en tres espacios: lo que no puedo controlar, aquello sobre lo que puedo hacer algo y la respuesta que puedo elegir.
No podemos decidir cuándo ocurrirá una réplica ni qué intensidad tendrá.
Podemos prepararnos, seguir los protocolos, cuidar nuestro descanso, buscar información confiable y pedir ayuda. Y podemos elegir cómo continuar viviendo mientras la incertidumbre permanece.
Después de cada movimiento, una frase puede convertirse en un pequeño ejercicio para volver al centro:
“No puedo controlar que la tierra vuelva a moverse, pero sí puedo aprender a volver a mi centro cada vez que ocurra”.
Porque quizá una de las tareas más difíciles después de un terremoto no sea conseguir que desaparezca inmediatamente el miedo, sino lograr que, aunque todavía existan réplicas, nuestra vida no permanezca temblando todo el tiempo.

