Cali, septiembre 19 de 2026. Actualizado: viernes, septiembre 18, 2026 22:01
Plan Padrino Colegio Catolico
Apadrinar para que el terremoto no cambie también su futuro
Por: Rosa Maria Agudelo Ayerbe
Tras el terremoto hemos ido descubriendo historias que durante los primeros días de la tragedia no alcanzamos a dimensionar.
En educación, la preocupación inicial fue evidente: colegios afectados, infraestructura por evaluar y estudiantes que no podían regresar a las aulas. Sin embargo, había otra realidad menos visible: jóvenes cuyo colegio estaba en buenas condiciones, pero que tampoco podían volver porque las condiciones de sus familias cambiaron radicalmente el 10 de agosto.
Eso es lo que les está sucediendo a 15 estudiantes del Colegio Católico de Cali. Algunos no han podido iniciar su año lectivo. Otros regresaron, pero lo hacen con la incertidumbre de no saber si podrán terminarlo.
El terremoto no dañó su colegio. Pero sí afectó o dejó inhabitables las viviendas de algunas de sus familias, alteró su economía, cambió distancias, horarios y rutinas.
Una beca para conservar un lugar
Frente a esta situación, el Colegio Católico creó el Fondo Educativo Magnitud 7.4, una iniciativa de Plan Padrino que invita a empresas y ciudadanos a financiar total o parcialmente los estudios de los alumnos afectados.
Alba Ximena Gutiérrez, rectora del Colegio Católico Rosalba Santander, explica que han identificado inicialmente 15 casos, aunque podrían existir más porque algunas familias tienen dificultades para hacer pública su situación.
“Son estudiantes que llevan trayectoria con nosotros, los apreciamos y nos importa ayudar en su situación”, señala Gutiérrez.
El apoyo puede cubrir el 100 %, 50 % o 30 % de la beca. “Todo aporte es bienvenido”, explica la rectora. Las empresas también pueden vincularse mediante las categorías de patrocinio establecidas por la institución.
Pero cuando se escuchan las historias de las familias se entiende que el Plan Padrino significa mucho más que pagar una mensualidad.
“Pensamos en cambiarla de colegio”
Paola Andrea Marín es una de las madres que conoce de cerca esta realidad. Su familia tuvo que salir de su vivienda y desde entonces ha vivido temporalmente en casas de personas que les han abierto las puertas.
En medio de esa reorganización contemplaron cambiar a su hija de colegio y buscar una alternativa que facilitara los desplazamientos desde su nueva ubicación. “Decidimos dejar a la niña que siga estudiando acá mismo porque acá tiene una red de apoyo muy importante”, explica Paola. Directivos, profesores, compañeros y amigos representan hoy una continuidad necesaria en una vida en la que casi todo lo demás cambió.
Por eso mantener a su hija en el mismo colegio tiene un valor que va más allá de lo académico: evita sumar otra ruptura a todas las que ya ha tenido que enfrentar.
“Que no todo esté cambiado”
Los jóvenes lo explican con una claridad particular.
Sofi dice que continuar en el colegio le permite conservar los vínculos cuando tantas otras cosas se han transformado.
“Si ya se dañaron, digamos, las paredes del hogar, la casa, mantener los mismos compañeros que ya estaban el año pasado, los mismos docentes, te da así sea un apoyo en el sentido de que no todo está cambiado”.
Para Ana Isabela, estudiante de grado once, esa estabilidad resulta todavía más importante. Su nueva ubicación modificó las distancias y los horarios. Ha tenido que sacrificar actividades, incluso entrenamientos, para cumplir con las tareas.
Su preocupación es concreta: terminar su último año sin tener que cambiar de colegio.
Gabriel también ha visto transformada su cotidianidad. Cambio no solo su lugar de vivienda, también los lugares de trabajo de sus padres y de sus entrenamientos. Todas las actividades se hicieron más difíciles. En contraste, “Mi colegio es lo único que hasta ahora permanece y no quiero perderlo”
Allí están sus amigos y también una historia familiar: su mamá y sus tíos estudiaron en la misma institución. Cuando se le plantea la posibilidad de otro cambio, su respuesta resume el sentimiento de muchos de estos jóvenes: “Más cambios no”.
Apadrinar también es reconstruir
La reconstrucción después de un terremoto suele medirse en viviendas reparadas, edificios recuperados, subsidios entregados y negocios que vuelven a abrir. Pero hay reconstrucciones que difícilmente aparecen en las estadísticas.
La de una familia que intenta recuperar sus rutinas. La de una madre que reorganiza sus desplazamientos para que su hija siga viendo a los mismos compañeros. La de una joven que necesita terminar grado once donde lo comenzó. La de un estudiante que, entre tantas cosas nuevas, agradece encontrar algo que sigue siendo igual.
El Plan Padrino del Colegio Católico busca precisamente proteger esa continuidad.
Para estas 15 familias, una beca puede representar mucho más que el pago de los estudios. Puede significar conservar amigos, profesores, rutinas, afectos y un lugar conocido en medio de una vida que cambió abruptamente.
Para más información sobre el Plan Padrino del Colegio Catolico Rosalba Santander comunícate con el 6025520795 o el 6025525464
