Cali, abril 8 de 2026. Actualizado: miércoles, abril 8, 2026 17:27
Colombia 2026: Entre la Recuperación y los Riesgos Globales
¿Cuáles son los retos económicos que deja este primer trimestre para el país?
Colombia inicia el 2026 enfrentando una serie de retos económicos complejos que combinan factores internos como el incremento del salario mínimo y la reforma laboral, con impactos externos derivados del conflicto geopolítico en Medio Oriente.
El informe del Centro de Pensamiento Económico Anif para el primer trimestre del año ofrece una visión integral del entorno macroeconómico, abordando desde la evolución de la inflación hasta el deterioro fiscal y los efectos de choques internacionales sobre precios clave como los combustibles y los alimentos.
En materia de inflación, el panorama es inquietante. Tras cerrar el 2025 con una inflación de 5,10%, enero y febrero de 2026 mostraron un repunte con cifras de 5,35% y 5,29% respectivamente, alejándose del rango meta del Banco de la República.
La proyección de inflación para el cierre del año asciende ahora al 6,3%, y la convergencia a la meta solo sería factible en 2028.
Ante este contexto, el Banco Central ha reaccionado con un aumento acumulado de 200 puntos básicos en su tasa de interés, aunque esta medida se produce en medio de tensiones institucionales con el Ministerio de Hacienda.
El mercado laboral, por su parte, muestra signos de dinamismo. La tasa de desempleo en febrero se ubicó en 9,2%, el nivel más bajo para ese mes desde que se tiene registro reciente.
Esta reducción se explica, en parte, por una mayor demanda laboral, aunque persisten desigualdades entre sectores.
Mientras el agro pierde ocupaciones, sectores como entretenimiento y comercio lideran la creación de nuevos empleos.
No obstante, la participación laboral sigue sin recuperar sus niveles prepandemia, lo cual representa un desafío estructural para el país.
Desaceleración
En cuanto al crecimiento económico, Colombia muestra una desaceleración notable. La tasa anual pasó del 3,8% en septiembre de 2025 al 1,5% en enero de 2026.
Para todo el año, se estima un crecimiento de 2,7%, afectado por el debilitamiento de sectores como la industria, la construcción y la minería, aunque parcialmente compensado por el buen desempeño de los servicios.
La inversión fija, aunque creció un 1,3% en 2025, sigue en niveles históricamente bajos, con una tasa de inversión cercana al 16% del PIB, similar al gasto público.
Uno de los principales focos de preocupación es el deterioro fiscal. A pesar de que el déficit fiscal de 2025 se situó en 6,4% del PIB —por debajo del 7,1% estimado gracias a maniobras de manejo de deuda—, para 2026 se espera un repunte hasta el 6,5%. Esto ocurre en un contexto de mayores necesidades de financiamiento, año electoral y limitaciones presupuestales que reducen el margen de maniobra del gobierno.
El escenario internacional también ha sumado nuevas amenazas a la estabilidad económica del país.
El conflicto en Medio Oriente ha generado un aumento en los precios internacionales del petróleo, que superan los 100 dólares por barril.
Esto tiene un doble impacto para Colombia: por un lado, mejora los ingresos por exportaciones de crudo, pero por otro, profundiza el déficit del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC), que podría alcanzar los $10,7 billones este año si no se ajustan los precios internos.
Además, la interrupción del comercio marítimo a través del estrecho de Ormuz ha encarecido el gas natural y los fertilizantes, como la urea, insumo clave para cultivos intensivos.
Entre noviembre de 2025 y marzo de 2026, el precio de la urea granular aumentó 34,8%, alcanzando los 750 dólares por tonelada. Esto amenaza con generar una presión inflacionaria adicional en los alimentos, especialmente arroz, maíz, papa y plátano, cuya inflación anual ya muestra incrementos superiores al 30%.
En resumen, Colombia enfrenta en 2026 un entorno económico retador, marcado por una inflación persistente, una recuperación del empleo desigual, un crecimiento moderado y un déficit fiscal en ascenso.
A esto se suma un escenario internacional incierto, con conflictos que pueden escalar y comprometer aún más la estabilidad de precios y las finanzas públicas.
El reto será lograr un balance entre el impulso a la economía doméstica, la sostenibilidad fiscal y el control de la inflación en un contexto cada vez más volátil.

