Cali, marzo 10 de 2026. Actualizado: martes, marzo 10, 2026 18:18

Javier Navarro O.

Colombia no es el país más inseguro es el más complejo

Javier Navarro Ortiz

El Global Organized Crime Index 2025, elaborado por la Global Initiative Against Transnational Organized Crime, ubicó a Colombia en el segundo lugar en el mundo con mayor criminalidad organizada, solo por debajo de Myanmar y seguido de Mexico.

El dato, aunque impactante, ha sido mal interpretado. No significa que Colombia sea el segundo país más inseguro del mundo.

No obstante, significa que es uno de los escenarios donde el crimen organizado ha alcanzado mayor sofisticación, diversificación y capacidad de adaptación.

Ese matiz cambia todo. Colombia no enfrenta únicamente delincuencia, enfrenta un ecosistema criminal durante décadas, el país fue sinónimo de estructuras jerárquicas, carteles claramente identificables y cadenas de mando relativamente definidas.

Hoy, esa realidad ha mutado hacia redes multimodales, estructuras descentralizadas, flexibles y transnacionales que delinquen como sistemas.

Si cae un nodo, la red se reconfigura, si se afecta una economía ilegal, surge otra. El crimen organizado dejó de ser una pirámide para convertirse en una red.

El índice no solo mide criminalidad, también mide resiliencia estatal. Y allí aparece el verdadero desafío. Colombia cuenta con capacidades institucionales relevantes, experiencia en inteligencia, cooperación internacional, herramientas judiciales como la extinción de dominio, pero estas avanzan a un ritmo más lento que la innovación criminal.

Mientras el Estado responde con barreras y límites, el crimen delinque sin fronteras. Mientras la acción institucional es secuencial, las redes ilícitas son simultáneas y adaptativas.

Además, el fenómeno se ha transformado. El narcotráfico sigue siendo central, pero ya no es el único motor.

El informe destaca el crecimiento de la minería ilegal, los delitos ambientales, el lavado de activos y el crimen financiero digital.

El crimen organizado ya no solo controla territorios, controla cadenas de valor, infiltra economías legales y diversifica sus fuentes de ingreso. Es menos visible, pero más estructural.

Sin embargo, este diagnóstico no debe leerse en clave fatalista. Si Colombia ocupa un lugar alto en el índice, también es porque ha desarrollado por necesidad una de las mayores capacidades de respuesta en la región.

Pocos países tienen la experiencia acumulada en desarticulación de redes criminales, cooperación internacional y operaciones complejas. Esa trayectoria, lejos de ser una carga, es una ventaja comparativa.

El reto, entonces, no es empezar de cero, sino evolucionar. La política de seguridad debe dar un salto, de capturar cabecillas a desmantelar redes; de reaccionar a anticipar; de hacer presencia en el territorio a consolidarlo.

La inteligencia financiera, la interoperabilidad institucional y el control de economías ilícitas emergentes serán más determinantes que cualquier enfoque exclusivamente reactivo.

En este contexto, el Valle del Cauca sintetiza muchos de estos desafíos. Su posición estratégica sobre el Pacífico, su infraestructura logística y su dinámica urbana lo convierten en un nodo clave de legalidad e ilegalidad dentro de las cadenas de valor del crimen organizado.

Allí convergen todas las estructuras existentes en el territorio, rutas, mercados y actores diversos, disputas por el control territorial, alianzas.

Lo que exige una respuesta igualmente integrada, inteligencia territorial, coordinación interinstitucional, uso de las tecnologías, políticas públicas sostenidas, lectura permanente de las dinámicas criminales.

La posición de Colombia en este ranking no es una condena, es una alerta.

El país no está rezagado por falta de capacidades, sino por la falta de voluntad y decisión del gobierno nacional, por su ineficaz política de seguridad y su fallida paz total, debemos retomar el rumbo. Actualizarnos frente a un fenómeno que evoluciona rápidamente.

Porque Colombia no es el problema global del crimen organizado; es, en esencia uno de los países mejor preparados para entenderlo y enfrentarlo.

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