Cali, noviembre 4 de 2026. Actualizado: miércoles, noviembre 4, 2026 13:11

Javier Fernández Leal

Cuando existe decisión política, camina firme el país

Por Mayor General (R) Javier Fernández Leal

Nada es más importante para unas Fuerzas Militares y de Policía que encontrar respaldo en el Gobierno y sentir que existe una verdadera decisión política de quien conduce los destinos del país para otorgar capacidades, resolver problemas y, especialmente, garantizar un respaldo jurídico a los hombres y mujeres de la Fuerza Pública.

Como General de la República y como colombiano, considero que este denodado esfuerzo del conductor político de Colombia enfrenta hoy múltiples obstáculos, muchos de ellos derivados de las complejidades económicas y de seguridad en las que nos dejó el anterior gobierno.

Uno de los más difíciles, sin duda, es la asignación de los recursos que requieren los diferentes ministerios para cumplir los compromisos que se han adquirido y hacer realidad los planes de gobierno.

Pero las dificultades presupuestales nunca han sido una excusa para que el Ministerio de Defensa y la Fuerza Pública disminuyan sus esfuerzos frente a las amenazas que enfrenta el país.

La sola decisión política del comandante en jefe de las Fuerzas Militares y de Policía no solo constituye una verdadera decisión, sino también un impulso para cumplir la misión.

Es la comunicación interna entre su jefe y los mandos medios; es, en últimas, esa moral combativa y ese espíritu de cuerpo que se despiertan para que soldados y policías se alienten.

Es ahí donde se llega a la conclusión de que un soldado no arriesga la vida por un sueldo o por una orden escrita.

Lo hace por la confianza en su comandante, porque sabe que no lo va a mandar a morir por nada y que, si llega a tener dificultades, no lo abandonará.

Así lo expresó en su discurso del pasado 20 de julio en Medellín: “Seré el primer defensor de nuestros policías y soldados, que no volverán a temer por hacer cumplir la ley”.

Como se aprecia, es lanzar la arenga precisa para lograr que cada misión se extienda una milla extra; es recordarle a sus soldados y policías quiénes han sido para el país.

Eso es lo que ha logrado el señor presidente Abelardo de la Espriella con su discurso del pasado 26 de agosto, en la Escuela Militar de Cadetes: “Soldados y policías de la patria, vine a prestar con ustedes mi servicio militar durante cuatro años”; “Exijo disciplina, exijo honor, respeto a la ley y resultados”.

Esos resultados están llegando, en buena medida, por cuenta de un discurso acertado que llega al corazón de los hombres y mujeres en fila.

La seguridad de los colombianos exige decisión, presencia institucional y capacidades suficientes para enfrentar a quienes persisten en utilizar la violencia, el terrorismo y la delincuencia como instrumentos para someter a nuestras comunidades.

Por eso, cuando observo decisiones positivas, como, por ejemplo, trasladar a los delincuentes de los centros de reclusión transitorios, clubes, a las cárceles donde deben cumplir sus condenas y responder ante la sociedad por sus actos; cuando se adoptan medidas firmes contra la corrupción; o cuando se establecen límites claros frente a los grupos terroristas y a procesos de conversación que, durante demasiado tiempo, no han producido los resultados esperados, considero que estamos frente a una expresión concreta del ejercicio del poder como herramienta de gestión.

Y esas decisiones tienen un efecto profundo en quienes visten el uniforme.

A lo largo de mis 40 años de servicio a la patria, entendí que un soldado o un policía no solo necesita un arma, un vehículo o mejores equipos.

Necesita saber que detrás de su uniforme existe un país que reconoce su sacrificio, una institución que lo respalda y un liderazgo político que comprende que, muchas veces, estos hombres y mujeres ponen en riesgo su propia vida para proteger la de los demás.

Un saludo militar, como el que les da nuestro presidente a sus tropas, nace del profundo respeto por el uniforme y del reconocimiento a quien lo porta con hidalguía, pero, además, tiene un enorme significado.

Es el reconocimiento del poder civil sobre las armas; es la subordinación ante la Constitución.

Pero el solo hecho de que el señor presidente devuelva el saludo militar a un subalterno es la aceptación de ese mando y la asunción de la responsabilidad como comandante supremo.

Esto fortalece el espíritu de quien está en una carretera en misión de cobertura, en una montaña patrullando, en un barrio o en una zona rural, lejos de su familia y enfrentando condiciones que pocos ciudadanos conocen.

Nuestros uniformados son disciplinados y confiables, pero un reconocimiento, una felicitación oportuna, fortalecen la confianza y el sentido del deber.

Eso, para mí, también es voluntad política.

La seguridad no se construye únicamente con recursos materiales. Se construye con liderazgo, con decisiones, con instituciones fuertes y, sobre todo, con seres humanos que sepan que su esfuerzo tiene sentido y que su país no es indiferente frente a sus sacrificios.

Creo firmemente que, cuando existe decisión política, las instituciones encuentran el camino para avanzar y el país recupera confianza en su capacidad de enfrentar sus dificultades.

Es esa voluntad política la que, en mi opinión, no veíamos desde el primer gobierno del señor expresidente Álvaro Uribe Vélez, de quien tuve el honor de recibir ese respeto hacia los hombres que comandé, pero también de experimentar la fortaleza de su discurso, que ampliaba la dimensión del pecho de la tropa y fortalecía la disposición de su voluntad para cumplir de mejor forma la misión que, para aquella época, fue salvar a nuestro país de las garras del comunismo armado.

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martes 22 de septiembre, 2026
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