Cali, febrero 3 de 2026. Actualizado: martes, febrero 3, 2026 21:51

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

De bibliotecas a museos de libros

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

En mi infancia iba con mi padre a la librería a comprar los títulos encargados en las listas de textos escolares, quedando fascinado viendo tantas personas enamoradas de los libros.

Cuando conocí la biblioteca de mi colegio, no supe diferenciar si con devoción entraba a un templo que reunía sabios o, si sentía un placer casi erótico, de conocer el lugar íntimo para acariciar los cuerpos de los libros, sensación mayor si leía en sus lomos los nombres de sus autoras.

En esos tiempos las bibliotecas todavía no los prestaban, prevenían vaciar los anaqueles. Resolver una investigación bibliográfica requería que acudiéramos a la Biblioteca Departamental o a la del Centenario, donde en silencio ritual había que solicitar los libros a los bibliotecarios, mediante un cupón diligenciado, luego de buscar el código en un fichero.

Con esas visitas, parecidas a novios enamorados que terminaron en el altar, quienes éramos simples lectores nos volvimos bibliófilos.

Años después, temerosos de ser pendejos por tener amoríos desde lejos, destinamos nuestros sueldos para satisfacer en casa el placer por la lectura.

Entonces, mes a mes, pago en pago, de libro en libro, casi clandestinamente, formamos nuestras bibliotecas.

Décadas después, amigos y familiares, ellos adictos al celular, grotescamente se confabulan contra nuestra bibliofilia.

La biblioteca no los seduce. No hojean los libros, tampoco los ojean, sólo preguntan si ya los leímos todos.

A un amigo su mujer lo puso a escoger entre ella y sus libros. No soportaba la biblioteca, menos un museo de libros, creía era el cementerio de autores. Señor perdónala por no conocer el paraíso.

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viernes 30 de enero, 2026
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