Cali, julio 24 de 2026. Actualizado: viernes, julio 24, 2026 17:34

Carmiña Navia Velasco

Despedida al amigo que se fue

Carmiña Navia Velasco

Héctor Alfonso Torres Rojas nos dejó definitivamente el 22 de Julio de 2026, el día en que conmemoramos a María de Magdala, la seguidora de Jesús y primera testigo de su resurrección.

Tuvo unos últimos días un poco duros porque varios accidentes cerebro-vasculares le fueron restando su posibilidad de autonomía.

Sus amigos/as estuvimos tan cerca como las circunstancias nos lo fueron permitiendo, hasta que llegó -irremediablemente como siempre- el adiós definitivo.

Héctor perteneció a una generación que entregó todo, en el propósito de construir un mundo mejor y una vida más digna para los y las vulnerables.

Desde muy joven vivenció su deseo de servir al Evangelio y se vinculó a la comunidad de los Dominicos, eran los tiempos en que corrían los aires del preconcilio Vaticano II, su realidad no se ajustó plenamente a lo requerido y dejó la comunidad.

Años después hizo un segundo intento acercándose a la Comunidad de Taizé bajo las orientaciones del Hermano Roger. No logró muchos seguidores a su regreso a Colombia y terminó desvinculándose.

Por el camino estudió: Tanto Sociología como Teología. Para el amigo Héctor la práctica de la fe y el seguimiento al Maestro de Nazaret, estuvieron siempre ligados al compromiso con las realidades sociales y a la transformación de la vida social y eclesial hacia parámetros de una mayor justicia e igualdad.

Iniciando la década del 70 del siglo pasado, en compañía y coordinación del también inolvidable Rafael Ávila emprendió en Colombia, la promoción de grupos cristianos en perspectiva de la teología de la liberación.

La caminada de estos grupos se inicia formalmente en el año 1978. Héctor con una visión muy clara de la necesidad de reflexión y retroalimentación permanente, impulsa un boletín común para ellos.

Boletín que dirige por un año con el nombre de APORTES. A raíz de la Conferencia Episcopal de Puebla, este boletín se amplia y transforma en la Revista Solidaridad que nace en Marzo de 1979, bajo su tutela y dirección.

Siempre al frente de las dinámicas tanto de Cristianos por el Socialismo como de la Comunidades de la Iglesia de los pobres, mantiene, dirige y proyecta esta revista hasta Septiembre de 1991, año en que debe cerrarse con problemas políticos y de enfrentamientos entre las corrientes de izquierda que confluyen y se articulan en ella.

Posteriormente, a comienzos del año 1992 y hasta el 2003, proyecta y dirige la Revista Utopías, Presencia cristiana por la vida.

Un trabajo incansable de animación y acompañamiento… en estas tareas entregó Héctor Torres su vida, soy testigo de ello porque trabajamos codo a codo al menos durante 30 años.

Apostó permanentemente por la transformación de las estructuras eclesiales hacia una Asamblea más igualitaria y sinodal como se dice ahora.

Abogó año tras año porque los laicos y las mujeres tuvieran un papel esencial y su palabra pesara más incluso que la de los mismos clérigos.

Nunca renunció a ello aunque podemos decir que no logró su empeño. Héctor no tuvo una familia propia y directa y en este sentido dedicó todas sus energías y afectos al anuncio y construcción del Reino de Dios, señalando las rutas de los santos modernos de la puerta de al lado, como los llamó el Papa Francisco.

La persona de Héctor en medio de esta lides fue polifacética: Apóstol y teólogo, acompañante pastoral, maestro popular, periodista crítico, difusor de un pensamiento y una forma de vida alternativos.

Aliado de los jóvenes, los campesinos, las etnias, las mujeres. Como intelectual siempre mantuvo su independencia y su capacidad de crítica frente a banderas y liderazgos varios.

Luchó incansablemente por defender la corriente de la iglesia de los pobres autónoma ante distintos tipos de utilizaciones y manipulaciones. Se empeñó cada día en apoyar la creatividad y el pensamiento.

Dejó varios escritos desperdigados porque nunca se sentó a organizarlos, su horizonte no dejó un minuto de ser la acción transformadora en el conjunto social.

Cuando el proyecto amplio de Iglesia de los pobres, se desarticuló en proyectos más localizados en las regiones, Héctor estuvo acompañando diferentes trabajos en la búsqueda siempre de coordinaciones e impulsos.

En sus últimas dos décadas, propulsó con algunos grupos -especialmente de jóvenes- de Cundinamarca, Ibagué y Boyacá, asambleas locales en defensa del medio ambiente.

Igualmente circuló un boletín virtual de apoyo al caminar y a la reflexión: Info-Documentos-Utopías. El retiro forzoso le llegó con la edad.

Como amigo, como compañero de camino fue un hombre fiel y absolutamente solidario, siempre listo a caminar codo a codo con quienes compartió su proyecto de vida, sus sueños e ideales.

También lo conocí como miembro de familia: Hijo cuidadoso, hermano entrañable y tío en permanente apoyo. Su legado nos acompañará hasta el fin de los días.

Un abrazo Héctor, un abrazo tan largo como tantos que en los días de nuestra vida nos dimos. Que tu viaje sea hacia la paz, hacia el Amor que siempre practicaste.

Carmiña Navia Velasco

Desde Cali, el día de tu adiós definitivo en Bogotá.

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