Cali, marzo 27 de 2026. Actualizado: jueves, marzo 26, 2026 21:52
El amor no envejece (aunque el cuerpo sí)
Septiembre llega con esa vibra de “mes del amor” que algunos creen que solo aplica para la gente joven, como si el romanticismo tuviera fecha de vencimiento.
Y no sé de dónde salió esa idea absurda de que una mujer de 50+ ama “viejo”, “flojito” o “a medias”. Por favor. Si existiera una competencia de amar con el corazón de verdad, la categoría máster la ganaríamos nosotras.
Porque seamos claras: el cuerpo envejece, sí. La piel cambia, claro. Pero el corazón… ese no sabe cumplir años.
Ese sigue con las mismas ganas, la misma intensidad, y en muchos casos, con más lucidez y más fuego del que tuvimos a los 20.
Y aun así, hay quienes creen que una mujer madura enamorada es ridícula. Que hablar de amor es “fuera de contexto”, que buscar pareja es “locura” y que ilusionarse a esta edad es “superficial”.
¡Superficial! Como si la historia no estuviera llena de mujeres de nuestra edad levantando del piso su propio corazón, reconstruyéndose después de terminar relaciones de décadas, o secándose lágrimas porque volvieron a equivocarse… pero también volviendo a creer.
Yo lo he visto en mi grupo: amigas llorando por amor perdido, por amores nuevos que no prosperaron, por ilusiones que se rompieron en mil pedazos y por sorpresas que les movieron la vida otra vez.
Y ahí están, de pie. Porque la mujer de 50+ no deja de amar: se vuelve más selectiva, más inteligente… pero igual de capaz de sentir.
Lo que sí da risa —o indignación, según el día— es escuchar a ciertos hombres, no tan jóvenes (que se creen unos muchachitos de 20 atrapados en un cuerpo de 45), soltar joyitas como:
“Uy, esa tiene platica y pensión… ¡caígale!”
Y una piensa: ¿De verdad? ¿Ese es el nivel?
Mientras nosotras, con toda la experiencia a cuestas, seguimos amando genuino, sin trampas, sin calculadora, sin doble fondo.
Pero ojo, tampoco hablemos solo de los más jóvenes. Que hay hombres maduros también que, aunque tengan 60, 70 o más, viven obsesionados con la frescura física.
Buscan lozanía como si fuera vitamina. Y claro, ahí quedamos nosotras: mujeres maduras, completas, hermosas, muchas veces solas… pero no porque no tengamos pretendientes (porque créeme: los hay, y hartos), sino porque ya tenemos el olfato fino.
Sabemos distinguir rapidito quién viene por amor… y quién viene por la pensión.
Y ese olfato, mis queridas, es un superpoder.
Lo importante —y lo que quiero gritar hoy— es que la mujer de 50+ también ama, y ama profundo: con frenesí, con entrega, con lealtad, con ganas.
Ama sin quedarse corta, sin hacer cálculos y sin miedo al qué dirán. Porque ya sabemos que la edad no apaga el amor… lo depura.
Nosotras no amamos viejo. Amamos claro.
No amamos por necesidad. Amamos por elección.
No amamos para llenar vacíos. Amamos para compartir plenitud.
Y si algo nos enseña septiembre es que el amor no es cuestión de juventud; es cuestión de alma.
Reflexión final:
El corazón no envejece. Envejece el cuerpo, se afina el criterio… y se vuelve invencible la capacidad de amar de verdad.
