Cali, febrero 4 de 2026. Actualizado: miércoles, febrero 4, 2026 17:08

Rodrigo Fernández Chois

El caos que fluye

Rodrigo F. Chois

En Asia el tránsito vehicular fluye: motos, carros y bicicletas cruzan sin que medien semáforos y guardas; un caos a punto de colapsar.

Pero no hay trancón, el tráfico avanza. ¿Por qué? Porque a cada conductor le interesa lo mismo: avanzar y llegar rápido.

Es el interés propio lo que los mueve, el que los hace comprender que bloquear al otro es bloquearse así mismo. Caos autorregulado, funcional; pero el tráfico avanza.

Adam Smith, padre de la economía, se deleitaría con esta escena porque el mismo principio de las glorietas asiáticas rige en los mercados: cada individuo, al buscar su propio bienestar, y sin proponérselo, contribuye al bienestar general.

El carnicero no vende carne por bondad, ni el panadero hornea por amor al prójimo; lo hacen porque les conviene. Y así la sociedad se abastece. El problema comienza cuando alguien decide que ese caos “hay que arreglarlo”.

En Cali ocurrió algo parecido en un rompoy intervenido con la mejor de las intenciones. Se instalaron taches y separadores.

Visualmente, el lugar parecía ahora más ordenado, pero en la práctica, el resultado fue opuesto: confusión y un trancón monumental.

Este error se repite en la economía cuando se interviene un mercado sin comprender su lógica interna, y como consecuencia, el sistema deja de fluir.

Aparecen sobrecostos, informalidad y, por supuesto, la culpa se la echan al “mercado” y no a la interferencia.

El libre mercado incomoda porque no se deja domesticar; pero, como las glorietas asiáticas, es más eficiente que un orden impuesto que paraliza.

El verdadero desorden no está en la ausencia de control, sino en la arrogancia de creer que todo debe ser controlado.

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miércoles 4 de febrero, 2026
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