Cali, abril 21 de 2026. Actualizado: martes, abril 21, 2026 19:36

Wilson Ruiz, al Senado y con De la Espriella

El país donde la vida empezó a doler

Wilson Ruiz Orejuela

Colombia atraviesa un momento que no se mide solo en cifras ni en informes oficiales. Se siente en el pecho.

Se respira en la calle. Es una angustia silenciosa que se ha ido instalando hasta volver cotidiano lo que antes nos estremecía. La vida, que debería ser sagrada e intocable, empezó a doler.

En 2025, más de 28.000 colombianos intentaron quitarse la vida, y la mayoría de esos casos se concentra en jóvenes entre 15 y 29 años.

La tragedia se vuelve aún más profunda cuando se entiende que detrás de cada número hay una historia que no encontró salida.

Familias fracturadas, silencios no escuchados, jóvenes que cargan una angustia que el país no ha sabido contener. No es casualidad que los conflictos familiares aparezcan como uno de los principales detonantes de estos intentos . Colombia no solo está enfrentando una crisis de salud mental; está enfrentando una crisis de sentido.

En ese contexto, el caso de la joven que decidió lanzarse desde un sexto piso en una universidad deja de ser un hecho aislado y se convierte en un reflejo brutal de lo que está pasando.

Es el síntoma de una sociedad que no está logrando sostener emocionalmente a los suyos, que no está llegando a tiempo.

Al mismo tiempo, en territorios como Chairá, Caquetá, el miedo sigue siendo la regla. Soldados enfrentando abandono, zozobra e incertidumbre, comunidades enteras viviendo bajo presión constante.

Allí la vida también duele, pero de otra forma: con la angustia diaria de no saber qué puede pasar.

Incluso lo que muestran producciones de Caracol Televisión deja de parecer ficción.

Es un espejo incómodo de una realidad donde la violencia, la frustración y la falta de horizonte se han vuelto parte del paisaje emocional del país.

Lo más grave es que todo esto empieza a normalizarse. El dolor se vuelve costumbre. La tragedia deja de conmover. Y cuando eso ocurre, Colombia no solo pierde seguridad, pierde humanidad.

Aquí hay una crisis que no admite más evasivas. Es una crisis de salud mental que está desbordando a las familias, a los colegios, a las universidades.

Pero también es una crisis de autoridad que ha permitido que el miedo avance mientras el Estado se queda corto. Esa combinación es peligrosa: una sociedad emocionalmente frágil en medio de un entorno cada vez más violento.

Colombia no puede seguir arrodillada ante los criminales. A esos rufianes debe caerles todo el peso de la ley.

La vida no puede seguir siendo negociable ni depender de la resignación de los ciudadanos.

Pero tampoco basta con la fuerza. Este país necesita reconstruirse desde adentro. Volver a darle valor a la vida, recuperar la empatía, entender que detrás de cada cifra hay un ser humano que necesitaba ser escuchado.

Todavía hay tiempo para reaccionar. Pero esa reacción exige decisión, autoridad y humanidad.

Porque salvar la vida no es solo evitar la muerte, es devolverle sentido. Y hoy, más que nunca, ese es el desafío que no se puede seguir ignorando.

Comments

martes 21 de abril, 2026
ads_top
Powered by Sindyk Content
Arriba