Cali, marzo 18 de 2026. Actualizado: martes, marzo 17, 2026 21:58
El país que merecemos
Recorrer el Valle del Cauca como candidato a la Cámara de Representantes en los últimos meses fue, sin duda, la experiencia más transformadora que he tenido en la vida pública.
Hablar con la gente, escuchar sus preocupaciones, sus angustias y también sus esperanzas, me permitió entender mejor mi región: sus brechas, sus oportunidades y, sobre todo, la enorme capacidad de su gente para salir adelante.
A cada persona que confió, que apoyó, que abrió la puerta de su casa o que dedicó unos minutos para conversar, solo puedo decirle gracias.
Más allá de cualquier resultado, me quedo con la convicción de que el Valle está lleno de personas que creen en el trabajo, en el esfuerzo y en la posibilidad de construir un mejor futuro, porque sí es posible construir el Valle que merecemos.
Pero también me quedó una preocupación profunda. En medio de la campaña entendí que las propuestas pesan cada vez menos.
La discusión se ha ido desplazando hacia los extremos, hacia las emociones, hacia la indignación o el miedo. Y en ese ruido, lo verdaderamente importante —cómo generar empleo, cómo fortalecer nuestras empresas, cómo cerrar brechas reales— termina quedando en segundo plano.
El Valle se ha convertido en un foco de polarización, pero lo mismo está pasando en el país. Hace unos años escribí que en Colombia había ganado la indignación.
Hoy siento que ese fenómeno no solo sigue vigente, sino que se ha profundizado. Seguimos decidiendo desde la rabia, desde la frustración o desde el temor, pero no necesariamente desde la razón ni desde el análisis.
Y eso es grave. Porque lo que viene ahora es una discusión aún más trascendental. En los próximos meses el país empezará a definir su presidente y quién lo va a gobernar, pero más importante aún, hacia dónde quiere ir.
Y, sin embargo, seguimos sin discutir a fondo las propuestas, sin contrastar ideas, sin exigir claridad sobre cómo se van a ejecutar las promesas.
Por eso he decidido retomar este espacio. No para opinar por opinar ni para hacer eco del ruido, sino para aportar a un debate que Colombia necesita con urgencia: un debate con criterio, con evidencia y con sentido de realidad.
En las próximas columnas me enfocaré en analizar, desde una mirada técnica pero también desde la experiencia territorial, las propuestas que se presenten en esta contienda presidencial.
No se trata de defender posiciones a ciegas, sino de contrastar ideas, de aterrizarlas y de preguntarnos con honestidad qué es viable, qué no lo es y qué necesita realmente el país.
Porque si algo confirmé recorriendo el Valle es que las soluciones no están en los discursos, sino en la capacidad de generar oportunidades reales.
Y eso pasa, necesariamente, por fortalecer el desarrollo productivo, por impulsar la empresa, por crear empleo digno y por conectar las regiones con verdaderas oportunidades.
Ojalá esta vez podamos dar una discusión distinta. Ojalá no votemos por miedo, ni desde la indignación.
Ojalá votemos con esperanza, pero una esperanza informada, construida sobre propuestas serias y sobre la capacidad real de hacerlas realidad.
El país que merecemos no se construye con discursos, sino con decisiones bien pensadas y ejecutadas.
@edwihmaldonado
