Cali, mayo 7 de 2026. Actualizado: jueves, mayo 7, 2026 16:30

Carmiña Navia Velasco

La devaluación de las palabras

Carmiña Navia Velasco

El trabajo poético es el empeño permanente de devolver al lenguaje toda su potencialidad: Eliminar la hojarasca, luchar contra los lugares comunes y bucear en lo profundo de los significados para lograr ampliarlos, revertirlos, revolucionarlos y hacerlos siempre nuevos, vigentes, comunicativos.

Vivimos sin embargo en una sociedad que parece estar empeñada en todo lo contrario: desbaratar los sentidos y vaciar de contenido las palabras… logrando que la comunicación se anule o se sitúe en el terreno de lo que eufemísticamente se llama “posverdad” lo que quiere decir en el terreno movedizo de lo ambiguo, de lo que puede significar una cosa y todo lo contrario.

Voy a ejemplificar lo que planteo con dos ejemplos muy distintos de ámbitos que prácticamente no se tocan entre sí.

Me refiero en primer lugar a lo que en este gobierno de Colombia (y en algunos gobiernos anteriores) se ha dado en llamar “gestores de paz”.

Se nombra así a criminales que están presos o perseguidos y se les suprime las órdenes contra ellos, a cambio de que confiesen algunos de sus hechos delictivos, delaten a algunos compañeros de crímenes o señalen caminos hacia jefes con los cuales se pretende negociar.

Para realizar estos procesos –en cuya validez no entro– se les designa o nombra: gestores de paz.

Realmente eso es acabar con el sentido. Gesta la paz quien se empeña en sus días en lograr que la sociedad viva en paz… Jesús incluso los llama benditos.

“Benditos son los que trabajan por la paz” … Trabajar por la paz es propender por relaciones justas, armónicas y de respeto entre unos seres humanos y otros; dedicarse a crear espacios de diálogo, a educar para la acogida y la diversidad… y no es precisamente esto, lo que han hecho o haces estos llamados gestores.

En este terreno nos movemos en el horizonte de la ambigüedad cuando no de la burda mentira, de la burla de los sentidos del lenguaje que no sólo acaban con este sentido específico sino que se proyecta ampliamente hacia el conjunto de la significación de una comunidad lingüística.

El otro ejemplo que voy a poner es muy distinto:

Hace pocos días vi un anuncio de un taller popular de “Marketing”. Cuando quise averiguar de qué se trataba, pude aclarar que era una charla de más o menos una hora, de una persona no-publicista a mujeres que quieren intentar vender sus artesanías… algo que podría llamarse “Herramientas o Sugerencias o Posibilidades o Caminos de venta de mis trabajos” … Pero no, el nombre era Marketing cuyo significado aceptado es: un estudio de mercadeo, un diseño de publicidad, una estrategia de venta… proceso que tarda varios meses en investigarse y hacerse y desde luego varios cursos (no charlas) en comprenderse, aprenderse, adiestrase…

Otra vez estamos en el mundo que anula las significaciones empobreciendo el lenguaje, empobreciendo la educación en lugar de elevar el nivel de comprensión de la comunidad y sus posibilidades de expresión.

Me parece importante que los educadores y educadoras no se dejen arrastrar por las tendencia de “lo que suena más bonito o seduce más” … sino que intenten plantear en sus procesos el valor del lenguaje e intenten recuperar el sentido original de la comunicación humana que es un sentido de buscar y hallar la verdad en comunidad por medio de los diálogos y los intercambios.

Las instituciones culturales: Bibliotecas, Casas de la Cultura, Clubes de lectura tenemos en este horizonte un amplio reto.

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