Cali, mayo 26 de 2026. Actualizado: martes, mayo 26, 2026 19:46
La educación que merecemos
La educación suele aparecer en todas las campañas presidenciales. Todos hablan de más cobertura, más recursos y más oportunidades.
Sin embargo, los problemas estructurales del sistema educativo colombiano siguen prácticamente intactos.
Y mientras discutimos quién paga la universidad, seguimos sin resolver preguntas mucho más importantes: ¿qué están aprendiendo nuestros estudiantes?, ¿Cuántos logran terminar sus estudios?, ¿qué oportunidades reales les ofrece la educación para construir su futuro?
El diagnóstico es preocupante. Colombia ha mejorado algunos indicadores educativos, pero lo ha hecho a un ritmo más lento que varios países de América Latina.
Los resultados de las pruebas PISA 2022 lo confirman: apenas obtuvimos 409 puntos en lectura, muy lejos de los países líderes y por debajo de varias economías de la región.
Pero la crisis comienza mucho antes. El 42% de los niños entre 0 y 5 años no recibe atención del ICBF ni del Ministerio de Educación.
Solo uno de cada dos jóvenes accede a educación media y menos de cinco de cada diez bachilleres ingresan de manera inmediata a la educación posmedia.
Incluso quienes logran ingresar enfrentan enormes dificultades para terminar: menos de la mitad de quienes acceden a la educación posmedia se gradúan.
A esto se suma una paradoja incómoda: miles de empresas reportan dificultades para encontrar talento calificado mientras millones de jóvenes enfrentan barreras para acceder al empleo formal.
El problema ya no es solamente de cobertura. Es un problema de calidad, pertinencia y conexión con las necesidades del siglo XXI.
Y el gasto no ayuda. En 2025, el 96% de los recursos del Sistema General de Participaciones se destina a funcionamiento y apenas el 4% a calidad educativa.
Más dinero no resuelve nada si sigue siendo inflexible y mal distribuido.
El balance del actual gobierno tampoco genera optimismo. Se prometieron 100 nuevas sedes universitarias y una transformación profunda del sistema, pero los avances estuvieron muy lejos de las expectativas.
También preocupa que el debate se haya reducido a fortalecer exclusivamente la oferta pública.
El ICETEX, que el Gobierno prometió reformar para bajar tasas de interés y ampliar su alcance, terminó siendo prácticamente desmantelado. Lo mismo ocurrió con Colfuturo, debilitado cuando más se necesitaba. En lugar de complementar la oferta pública con mecanismos que apoyen a los estudiantes para elegir, se instaló una narrativa de confrontación entre universidad pública y privada, cuando ambas han sido fundamentales para ampliar oportunidades.
Pero más importante que evaluar al gobierno saliente es entender qué proponen quienes aspiran a reemplazarlo.
Para ello, tres preguntas son fundamentales: ¿Cómo ampliar el acceso y reducir la deserción?, ¿Cómo mejorar la calidad educativa?, y ¿cómo conectar la educación con el empleo y las oportunidades?
En acceso y permanencia, según el análisis de la Fundación Empresarios por la Educación, aparecen diferencias importantes.
Sergio Fajardo presenta la propuesta más integral en primera infancia, permanencia y trayectorias educativas. Paloma Valencia plantea ampliar oportunidades combinando educación pública, apoyo a la demanda y articulación con formación técnica y tecnológica.
Claudia López enfatiza el acceso regional y la educación posmedia conectada con el empleo. Abelardo de la Espriella incorpora mecanismos de financiamiento, virtualidad y articulación productiva.
Iván Cepeda concentra su propuesta en ampliar cobertura pública y gratuidad universitaria, con menos desarrollo en primera infancia, permanencia y trayectorias.
En calidad, la discusión central es la de los maestros. Ningún sistema educativo exitoso ha mejorado sin fortalecer su talento humano.
Pero fortalecer no significa solo aumentar recursos: implica evaluar, acompañar, capacitar y reconocer el desempeño.
Fajardo y Paloma Valencia presentan propuestas robustas en formación docente, evaluación e incentivos.
De la Espriella incorpora evaluación, formación continua y liderazgo directivo. Cepeda, en cambio, prioriza recursos y expansión de cobertura, pero presenta menos propuestas específicas sobre evaluación docente y desarrollo profesional.
Finalmente, la relación entre educación y empleo. Durante décadas se ha instalado la idea de que la universidad es la única vía legítima de progreso.
Sin embargo, países exitosos han demostrado que la formación técnica y tecnológica puede ser igual o más efectiva para generar movilidad social.
Paloma Valencia, Claudia López y De la Espriella hacen mayor énfasis en formación técnica, SENA, habilidades digitales y conexión con el sector productivo. Fajardo insiste en la pertinencia de las trayectorias educativas y laborales.
Cepeda mantiene una apuesta más centrada en la expansión de la educación superior pública.
Por eso creo que el debate educativo no debe reducirse a universidad gratuita sí o no. Tampoco a una falsa elección entre educación pública y privada.
El verdadero desafío es construir un sistema que permita que cada persona encuentre el camino que mejor se adapte a su proyecto de vida, sin que su origen social determine sus oportunidades.
La educación que merecemos no es la que entrega más diplomas. Es la que forma mejores ciudadanos, desarrolla talento y permite que cada generación viva mejor que la anterior.
Porque el propósito de la educación no es llenar salones de clase.
Es construir futuros.
@edwinhmaldonado
