Cali, noviembre 6 de 2026. Actualizado: jueves, noviembre 5, 2026 20:59

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La Guajira, una región con hambre y sed de reconocimiento

Jaime Alberto Leal Afanador - Rector UNAD

“La gran herencia que me dejaron mis pobres padres es la honradez que yo conservo en todos mis actos con gran pureza y altivez”

El verso es de “Orgullo Guajiro”, del guajiro Carlos Huertas, popularizado por Jorge Oñate, y es un buen reflejo del sentir de una comunidad resiliente, espiritual y tristemente olvidada.

La Guajira, su capital Riohacha y los otros 14 municipios no sólo son la región continental más septentrional de Suramérica, sino que sus casi mil kilómetros de distancia a Bogotá, son pocos frente al olvido cultural, político y social que vive.

Se estima que el 85 % de su millón de habitantes se reconoce como indígena, especialmente Wayuu, y su cultura, lenguaje y sistema de organización difiere de la occidental colombiana.

Los clanes, linajes, matriarcados y la justicia de los palabreros y los mamos, así como su adoración por la madre tierra, no encajan en las políticas y costumbres nacionales.

Por encima de Vaupés, Amazonas, Vichada y Cauca, La Guajira es el departamento con más población indígena.

Aproximadamente otro 5 % corresponde a herederos de sirios-libaneses que llegaron huyendo del reclutamiento forzoso del ejercito otomano hace un siglo.

Su influencia configura una mixtura religiosa cristiana maronita, ortodoxa, católica y musulmana.

En La Guajira hace presencia la colonia más grande de musulmanes con la mezquita de Omar Ibn Al-Khattab en Maicao, una de las más grandes de Iberoamérica.

Así, el 90 % de su población pertenece a pueblos indígenas o comunidades históricas extranjeras, y el otro 10 % es población mestiza y criolla, afrodescendiente y venezolana, que tras la crisis política y la pandemia, llegaron a agravar la crisis.

Por ello, La Guajira es una región con múltiples identidades superpuestas que no encajan en la idea clásica de región colombiana.

A manera de ejemplo, apellidos allí comunes como Pushaina, Uriana, Ipuana y Epieyu difícilmente se ven en otras regiones, y su geografía, de suelo arenoso y desértica recibe múltiples actividades de economía, más para la subsistencia que para la gran producción y exportación: artesanías en Uribia; sal marina en Manaure, comercio mayorista y transfronterizo con Venezuela, en Maicao; ganadería en Barrancas; y agricultura, en Fonseca, por citar algunos.

Ello explica cómo el 60 % del empleo es informal.

Su única gran empresa de escala nacional y que genera la mitad del PIB Guajiro, es Cerrejón, con una de las minas de carbón a cielo abierto más grandes del mundo.

Aunque a veces debe enfrentar debates ambientalistas que podrían poner en riesgo su proyección.

Las tormentas, nacidas del calor extremo, suelos áridos y sin vegetación, tener las menores precipitaciones y los caribeños vientos alisios, no sólo vienen acompañadas de arena, sino de grandes problemáticas: una crónica pobreza multidimensional (con una de las tasas más altas de mortalidad infantil por desnutrición, especialmente en las rancherías indígenas), desigualdad, sequías y carencia de agua potable (agravada con el escándalo del robo de los dineros de la Unidad Nacional de Gestión de Riesgo que iban para carros dispensadores de agua, a los que la corrupción nunca dejó funcionar), y retos ambientales por minería y turismo mal administrados.

Para rematar, no hay anuncios de inversiones estructurales del Estado Central para cambiar la realidad de una región que, literalmente, por falta de infraestructura hídrica, muere de sed y de hambre por tener un reconocimiento.

La Guajira urge ser vista con sus enormes potencialidades, y requiere de una mano nacional, y no solo como una región que, esporádicamente, atrae turistas a las Dunas de Taroa, los acantilados de Punta Gallinas, el Cabo de la Vela, o las playas de Palomino o Dibulla, entre otras.

En medio de su complejidad, esta región nos dio un almirante (José Prudencio Padilla), el ritmo y sentimiento de las letras vallenatas de Emiliano Zuleta, Colacho Mendoza, Jorge Celedón y Silvestre Dangond, dos reinas nacionales (María Mónica Urbina y María Teresa Egurrola) y dos grandes futbolistas: Arnoldo Iguarán y Luis Díaz, paradójicamente más conocido por fuera del país como “El Guajiro”.

La misma canción, “Orgullo Guajiro”, deberíamos asumirla como propia, y decir:

Soy un guajiro de clase y raza llevo en el alma la decisión de sacar la cara por mi patria en cualquier parte u ocasión

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viernes 9 de octubre, 2026
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