Cali, septiembre 24 de 2026. Actualizado: jueves, septiembre 24, 2026 17:01

Carmiña Navia Velasco

¿La tecnología nos mata?

Carmiña Navia Velasco

Se discute por estos días si la Inteligencia Artificial va a acabar con la humanidad, su creadora y gestadora… De otro lado se programan todo tipo de cursos para familiarizarse con ella.

Dicen que en menos de diez años se habrá independizado y no obedecerá órdenes de la inteligencia humana.

Eso querría decir que la ciencia ficción de hace al menos dos décadas se habrá convertido en realidad y las más terribles distopías se concretarían en la historia.

Ahora bien, con la tecnología matándonos ya están pasando cosas verdaderamente graves en nuestro hoy y no se vislumbra horizonte de mejoría.

A los niños y niñas “nativos digitales” los avances tecnológicos los están haciendo muy hábiles con las técnicas de teléfonos, juegos, apps, smartphones y otros (el computador ya casi es un dinosaurio) … pero les están robando su capacidad de lenguaje, su capacidad de pensar, de profundizar, de analizar y de relacionarse… todo esto va camino a la muerte de una civilización que precisamente dio origen a esas mismas técnicas.

Las sociedades como la colombiana han decidido además que todo ha de tecnificarse y en las oficinas o centros de atención médica ya no es posible comunicarse con humanos… todo debe de hacerse por medio del WhatsApp, por medio de teléfonos móviles, de “asistentes” virtuales, de computadores que supuestamente hablan o escuchan y que al final no resuelven nada porque no tienen en sus “cerebros” todas las opciones reales y sus “cerebros” no están hechos para la inmensidad del cerebro humano.

Están llenos de preguntas sin respuestas.

En este sentido asistimos a una nueva realidad verdaderamente grave.

Las personas mayores de 70 o 75 años no pueden desempeñarse socialmente.

Su capacidad tecnológica no les da para establecer una comunicación adecuada con las máquinas.

Y eso quiere decir que caminamos hacia una sociedad que excluye de su dinámica, radicalmente a sus mayores, a quienes crearon el país.

Una cosa es no seguir la herencia de las sociedades ancestrales en las cuales “los ancianos de la tribu” eran su consejo de sabios y otra muy distinta es un país en la cual una inmensa proporción de su población queda excluida porque las empresas y el gobierno han decidido que no haya personas humanas con quien comunicarse sino sólo máquinas.

Esta realidad no constituye ningún avance o modernización, sólo es una realidad excluyente que atropella y aniquila la vida de ancianos y no tan ancianos.

¿Para qué se empeña la medicina en alargar la vida si no soluciona los problemas de soledad o de discapacidad técnica?

León XIV en su reciente encíclica; Magnifica Humanitas plantea:

Los descubrimientos científicos son un talento entregado a la humanidad para que lo haga fructificar.

La tecnología puede curar, conectar, educar, cuidar la Casa común; pero también puede dividir, descartar, generar nuevas injusticias.

En abstracto, esta, en sí misma, no es una solución a los problemas de la humanidad, como tampoco es un mal en sí; pero, concretamente, no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza.

La pregunta que nos tenemos que hacer es: ¿Al servicio de quién o qué está la tecnología siendo promovida y utilizada en nuestros países? ¿Cuál es el objetivo real del desarrollo tecnológico? ¿A quién sirve: a unas estadísticas o a mujeres y hombres concretos?

El desarrollo tecnológico o esta realmente al servicio de las personas o no tiene razón de ser.

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