Cali, abril 4 de 2026. Actualizado: miércoles, abril 1, 2026 21:26
Lo que aún toleramos
Nunca viví el acoso sexual en carne propia. Sin embargo, sí vi el poder mal ejercido en múltiples formas.
Lo vi normalizado, justificado y repetirse sin consecuencias.
Recuerdo un director que maltrataba con frialdad a quienes no le agradaban. Usaba gestos sexuales grotescos como mecanismo de humillación. Nadie decía nada. Eran otras épocas o eso queríamos creer.
Hoy los casos recientes en medios de comunicación nos demuestran que esas conductas siguen vivas en nuestra cultura.
Las leyes han avanzado. Colombia cuenta hoy con un marco robusto que reconoce el acoso sexual como una violación grave de derechos.
Sin embargo, la norma no transforma conductas por sí sola. Los comportamientos siguen llegando tarde.
Sin duda, persisten entornos donde el silencio protege al agresor. Persisten jerarquías que confunden autoridad con licencia para abusar.
Persisten bromas, gestos y comentarios que muchos aún minimizan, incluso algunas de las víctimas ni siquiera se dan cuenta de que lo son. Ese es el verdadero problema.
Estoy segura de que no ocurre solo en los medios. Es fácil percibir esos ambientes “hostiles” en las oficinas públicas.
Ocurre donde exista una relación de poder y una necesidad económica que limite la denuncia.
Lo positivo es que estos escándalos dejan lecciones. Generan precedentes. No todo se puede justificar en el poder o en la costumbre. Pero no basta con indignarnos por momentos.
Se requiere una transformación más profunda. Una que empiece en la casa, continúe en la educación y llegue a todos los ámbitos.
Este tipo de violencias no nace espontáneamente. Se cultiva en lo más íntimo de nuestra idiosincrasia. En lo que toleramos y en lo que decidimos no ver.
