Cali, octubre 28 de 2026. Actualizado: miércoles, octubre 28, 2026 20:42
Lula remontó; la izquierda colombiana se quedó haciendo barra
El 4 de octubre, Lula da Silva terminó la primera vuelta en el segundo lugar, casi dos puntos detrás de Flávio Bolsonaro.
Tres semanas después ganó con 51,79 % y más de 4,4 millones de votos de ventaja.
En fútbol a eso se le llama remontada, y no ocurre por arte de magia: ocurre cuando el técnico entiende en el camerino que el partido se estaba perdiendo y cambia la forma de jugar.
En Colombia vimos el partido contrario. Iván Cepeda sacó 12,7 millones de votos, más de lo que obtuvo Gustavo Petro en 2022, y aun así perdió por 251.854.
Ganó el Pacífico, el Caribe y Bogotá, que es casi exactamente donde había ganado Petro.
Perdió Antioquia, los Santanderes, el Eje Cafetero, los Llanos y el centro andino, también como en 2022.
La izquierda no perdió hinchas. Perdió la oportunidad de conseguir hinchas nuevos.
Seamos claros: no fue que la derecha ganara estas elecciones; fue que la izquierda las dejó escapar.
Y no por falta de electores leales, sino por incapacidad de salir de su propia tribuna.
Miremos qué hizo Lula para ganar el segundo tiempo.
Se volvió a presentar con Geraldo Alckmin, un exrival de centroderecha que hace de puente con el empresariado, y sumó siete partidos a su coalición.
Le habló al bolsillo antes que a la ideología: aumento del 15 % en Bolsa Família y la reducción de la jornada laboral de 44 a 40 horas, que el Congreso aprobó en plena campaña.
Esa última no fue un trino; fue una votación ganada en un Congreso que no le pertenece.
También jugó la guerra digital, y sin guantes. El diputado André Janones convirtió el canal de WhatsApp “Exército do Lula” en una máquina de más de diez millones de seguidores, con videos caseros, tareas coordinadas y un tono de urgencia permanente.
No todo fue limpio: el mismo Janones montó una falsa retractación leyendo hojas en blanco y luego admitió que había engañado a su audiencia.
Conviene ser justos: Brasil no ganó la batalla de las ideas en redes.
Ganó porque detrás del ruido había una oferta concreta que se podía contar en la nevera.
En Colombia, el ruido fue la oferta. La campaña se diseñó como continuidad de Petro, convencida de que su popularidad bastaría para endosar votos.
Y cuando no bastó, no hubo tiempo ni candidato para cambiar de libreto.
Los referentes de la izquierda se volvieron creadores de contenido que le hablan a una audiencia cautiva, mientras la inseguridad, la crisis de la salud y los escándalos de corrupción se comían la confianza en la capacidad de gobernar.
El error de fondo es otro. Parte del petrismo cree que fabricó la clase media colombiana.
Hay que reconocer lo que sí pasó: según el DANE, en 2024 la clase media superó por primera vez a la población pobre, y en 2025 llegó al 38 %.
Pero en 2002 casi la mitad del país era pobre.
Ese cruce de líneas es el último tramo de una pendiente de dos décadas, no un milagro de cuatro años. Quien se atribuye toda la curva termina hablándole a un país que no reconoce como suyo.
El después también los separa. Lula tendrá que gobernar con un Congreso donde pesan estructuras que no son suyas, y sabe negociar con ellas.
Aquí, Petro respondió a la derrota hablando de fraude y de gobierno ilegítimo, y llamando a la huelga general.
Es pelear con el árbitro cuando el partido ya terminó, y regalarle a la derecha el discurso de la institucionalidad.
Lula entendió en tres semanas que para ganar había que sumar a quienes no lo querían.
La izquierda colombiana tiene casi cuatro años para aprenderlo.
¿Será capaz de buscar un candidato que no le deba todo a Petro, o volverá a salir a la cancha con la misma alineación esperando otro resultado?
