Cali, abril 4 de 2026. Actualizado: miércoles, abril 1, 2026 21:26

Jaime Alberto Leal Afanador

Mi felicidad se completa… con tu felicidad

Jaime Alberto Leal Afanador - Rector UNAD

Aunque por mi formación y trayectoria me identifico como un académico, no me atrevo a definir la Felicidad, para no limitarla. Y tampoco me interesa, pues más que un término la felicidad es un sentimiento.

Sí sé que todos, intelectuales o personas con escasa formación, coincidimos que la felicidad es mucho más que tener más, reír más, o no sufrir, y que es un estado del espíritu que nos permite disfrutar de la vida, por sobre las diferentes condiciones físicas, materiales y sociales; así como de agradecer lo que se tiene, de disfrutar las experiencias y, sobre todo, de poder comparar la evolución de cada existencia y sentir que nuestra vida tiene sentido, ha alcanzado realizaciones y ha contribuido al bienestar propio y el de los demás.

Analistas de la felicidad, como los del Ranking Mundial de Felicidad, que anualmente presenta el Centro de Investigación del Bienestar de la Universidad de Oxford, Gallup y la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de la ONU, evalúan condiciones socioeconómicas de las naciones, que favorecen la mejor calidad de vida, tales como PIB per cápita, esperanza de vida saludable, libertad para tomar decisiones y percepción de corrupción, todo lo cual se traduce en el buen uso de recursos públicos, en acceso masivo a servicios básicos, a agradables espacios de bienestar y a óptimas condiciones de seguridad, entre otros.

Y así debe ser. Pero estas son acciones de carácter estatal y público, gestionadas desde los gobiernos de turno.

No obstante, aun en países con muy altos niveles de desarrollo hay preocupantes tasas de suicidio, alcoholismo y drogadicción, entre otros, con lo que se confirma que el concepto genérico de felicidad relacionado con las mejores condiciones materiales y sociales no necesariamente se relaciona con la felicidad personal.

La verdadera felicidad nace y se lleva en el corazón, incluso en medio de las más adversas condiciones del entorno.

Basta con recordar algún pariente, amigo o vecino que, aún sin los suficientes recursos económicos, irradian felicidad, agradecimiento por compartir, buen humor frente a las adversidades y gratitud con todos.

Porque la felicidad no es un asunto de suerte, de tener o no (poder, dinero, contactos, propiedades, estudios, amigos…).

Es una decisión individual de vida:La felicidad depende de nosotros mismos”, dijo Aristóteles.

Cada uno decide cómo orientar su existencia; si disfrutar o sufrir, por sobre las circunstancias, sabiendo que la vida es un sube y baja y que depende de la actitud propia el disfrutar y aprender, o el sufrir y amargarse.

Es una decisión individual, acompañada de una férrea voluntad traducida en acciones disciplinadas que contribuyen a llevar una vida equilibrada, de quienes cuidan su salud física (con ejercicio y debida alimentación), mental (con reflexión y estudio) y social (con amistades que enriquecen la convivencia y cuidado de su entorno), y trabajan para mejorar sus condiciones materiales de vida (con trabajo y ahorro).

Disfrutar la vida y sentirse feliz, no es una actitud irresponsable ante las dificultades. Al contrario, es una manera madura de enfrentar la adversidad.

Muchos erróneamente confunden la alegría, temporal, con la felicidad, permanente, y pasan de la euforia del triunfo de su equipo, del sí de su amada o del aumento de su salario, la persona con disposición a ser feliz, prudente y sabia, no sufre por circunstancias como esas sino que las valora de forma diferente, sabe sacar el mejor provecho de ellas y reconoce que los triunfos representan un mayor placer cuando se ha experimentado la derrota.

Todos los humanos hemos experimentado dificultades, dolores, tragedias, desamores, debilidades, sufrimiento físico y soledad, entre otros.

Pero, también, todos hemos experimentamos risas, afectos, ganancias, propiedades, ayudas y aplausos.

Nos movemos en un vaivén y la verdadera felicidad no está condicionada a si nos hallamos, o no, en la parte superior de la ola de la vida. Quien tiene definido un norte, con prudencia y sabiduría sabe superar cualquier dificultad.

Paradójicamente, la persona feliz es consciente de sus dificultades y limitaciones, aprende de la tragedia, sabe que ella es la propia responsable de su destino y que su bienestar está irremediablemente atado al bienestar de los suyos.

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