Cali, septiembre 10 de 2026. Actualizado: miércoles, septiembre 9, 2026 21:22

Edwin Maldonado, en campaña para la Cámara

No se olviden de los pequeños municipios del Valle

Edwin Maldonado

Casi un mes después del terremoto, el Valle sigue contando lo que perdió: vidas, casas, colegios, hospitales, pueblos enteros.

También vimos lo mejor de la región: rescatistas, vecinos, empresas y ciudadanos que respondieron sin que nadie se los pidiera. Ahora viene lo difícil: reconstruir.

Y ahí no basta la solidaridad; hacen falta decisiones bien tomadas.

Porque el terremoto en el Valle dejó dos realidades distintas y estamos tratando de resolverlas con las mismas herramientas.

En Cali, el daño se concentró en edificios. La Alcaldía reporta 610 edificaciones no habitables y más de 32.000 familias damnificadas.

Allí el problema son copropiedades, aseguradoras, peritajes y demoliciones. En los municipios, el daño es de casas, una por una: la Gobernación registra 13.005 viviendas destruidas y 52.898 averiadas fuera de la capital.

Y hay municipios que quedaron prácticamente destruidos.

El Cairo, con unos 8.500 habitantes, perdió cerca del 80% de su casco urbano y reporta afectaciones en el 100% de sus viviendas.

Roldanillo tiene más de 3.000 viviendas afectadas, unas 500 en pérdida total, y debe demoler la iglesia y la alcaldía. El Águila perdió su hospital.

Cali perdió edificios; varios municipios perdieron el pueblo entero y, con él, su mercado.

En Cali hay hoteles, arriendo temporal, empresas y capacidad técnica para reparar rápido: un comerciante que arregla su local puede volver a tener clientes al día siguiente, porque la demanda sigue ahí.

En muchos municipios la realidad es otra: hay familias que no tienen dónde quedarse, la oferta de grandes constructores no llega igual y, si los habitantes se van, la tienda, el restaurante o el taller pierden a quién venderle.

Lo que en Cali es un problema de reparación, allá es reconstruir las condiciones para que la economía vuelva a existir.

A eso se suma la informalidad. En Cali llega al 46,1% de los ocupados; en los municipios pequeños es mucho mayor y en la economía rural es la norma. Los instrumentos diseñados hasta ahora corren sobre registros formales: registro mercantil, PILA, ICA, cuenta bancaria. Entre más informal es el municipio, menos le llega la ayuda, aunque el daño sea mayor.

Hay una manera de traerles el mercado que perdieron: que el país entero vaya a conocerlos.

He recorrido los 42 municipios del Valle y sé que muchos colombianos no conocen la belleza de El Cairo, Roldanillo o Sevilla.

Un incentivo tributario temporal al turismo en los municipios afectados, con metas concretas y una campaña de promoción, puede ayudar a recuperar esa demanda.

No es un gasto: es recaudo que hoy no estamos recibiendo porque nadie está yendo.

Hay otro obstáculo: Obras por Impuestos, las asociaciones público-privadas y los esquemas de cofinanciación exigen proyectos estructurados.

Cali tiene equipos para formularlos. Un municipio de categoría sexta, con la alcaldía en el suelo y sin oficina de proyectos, no.

Ampliar un mecanismo sin dar la capacidad para usarlo equivale a no ampliarlo.

Por eso hacen falta equipos técnicos itinerantes de la Gobernación y las universidades que estructuren proyectos por microrregión.

En vivienda, la vía es la autoconstrucción asistida.

En los pueblos predominan casas de uno o dos pisos, casi siempre propias y en lote propio: el dueño puede aportar mano de obra, el material se compra localmente y el dinero queda circulando en el municipio.

Es reconstrucción y reactivación al mismo tiempo, con una condición que no se puede negociar: acompañamiento técnico y norma sismorresistente.

Sin eso, reconstruiríamos la misma vulnerabilidad que acabamos de pagar con vidas.

La lógica subregional debe extenderse a lo demás. El agua es el frente más urgente: Acuavalle suspendió el servicio en varios municipios del centro y norte, y el sistema Sara Brut quedó comprometido.

Sin agua no hay retorno de familias ni de negocios.

Las vías tampoco pueden repararse tramo por tramo.

El puente que comunica a El Cairo con La Victoria colapsó. Reparar un tramo no sirve si la vereda sigue sin llegar al hospital o al centro de acopio vecino, o si esa vía no conecta con la red secundaria: hay que planificarlas por subregiones.

Mientras se reconstruyen los colegios, hacen falta nodos que permitan usar la capacidad instalada de instituciones vecinas, del SENA y de las universidades.

Los edificios tardan años; los estudiantes no pueden esperarlos.

La salud merece una oportunidad. Tres hospitales quedaron en muy malas condiciones, pero el norte y el centro del Valle nunca han tenido un hospital de alta complejidad.

Los pacientes graves siempre han tenido que salir a Cali o Pereira, ahora además por vías rotas.

Una asociación público-privada para un hospital de alta complejidad en el centro del Valle es un proyecto que la región debería sacar de esto, y Obras por Impuestos ampliada puede ayudar a financiarlo.

Si estos municipios no se reactivan, la gente se va. Las familias que hoy están en carpas pueden terminar en Cali, y la emergencia rural convertirse en presión urbana.

Reconstruir los municipios del Valle no es solidaridad con el Valle profundo: es evitar un problema mayor en la capital.

El Valle no es solo Cali. Nunca lo ha sido.

Y esta reconstrucción es la ocasión para demostrarlo.

@edwinhmaldonado


No se olviden de los pequeños municipios del Valle

Comments

viernes 4 de septiembre, 2026
ads_top
Powered by Sindyk Content
Arriba