Cali, marzo 27 de 2026. Actualizado: jueves, marzo 26, 2026 21:52
Noviembre: el mes que nos pide soltar… o al menos intentarlo
Noviembre siempre llega con una energía curiosa. No es tan fiestero como diciembre, ni tan dramático como enero, que se aparece con sus listas, sus metas y su tono de “este año sí”. No.
Noviembre es más bien como esa tía sensata que te mira por encima de las gafas y te dice: “¿Mi amor, y usted qué piensa hacer con todo ese desorden que lleva cargando desde marzo?”
Porque seamos sinceras: noviembre nos inspira… pero también nos encara.
Es ese mes que empieza a recordarnos que el año se está acabando y que, si no hacemos algo, vamos a aterrizar en diciembre con la misma lista de pendientes, el mismo cuaderno medio usado y la misma promesa de “que venimos reciclando desde julio. Pero con decoración navideña encima“.
Lo bonito de noviembre es que no juzga. Solo sugiere. Con firmeza, pero con cariño.
Es como si el calendario nos dijera: “Mire, no tiene que lograrlo todo… pero sí empiece a poner orden en la azotea, que allá arriba ya no cabe un pensamiento más”.
Y ahí empieza la limpieza.
No la del clóset —esa siempre termina con nosotras probándonos ropa que no nos queda desde el 2014—, sino la otra: la mental. La emocional. La que pide revisar qué estamos cargando que ya ni recordábamos.
Porque en noviembre una se sorprende:
- “¿Yo todavía estoy pensando en eso?”
- “¿Yo todavía estoy insistiendo en aquello?”
- “¿Yo todavía estoy esperando que alguien cambie?”
Y la respuesta, casi siempre, es: “Sí, querida… todavía”.
Pero la buena noticia es que la edad nos da licencia para soltar sin remordimiento. A los 50+ ya no guardamos relaciones, hábitos o proyectos “por si acaso”.
Si no sirve, no suma o no da paz… ¡adiós! Que para cargar cosas que no pesan bonito, mejor dejamos la mochila medio vacía.
Además, noviembre es práctico: nos da tiempo. Tiempo para cerrar lo que haya que cerrar, para archivar lo que no funcionó y, sobre todo, para dejar espacio a lo que viene.
Porque créeme: lo nuevo siempre llega mejor cuando una no está emocionalmente amoblada de más.
Por eso me gusta noviembre. Porque es un mes honesto, directo, útil y —si una lo deja— hasta liberador.
No presiona, no regaña… solo nos mira y dice:
“¿Mi amor, organizamos? Porque el 2026 no lo quiero recibir con ese tiradero”.
Y una, con el humor que dan los años, simplemente responde:
“Listo, noviembre. Vamos viendo qué se queda… y qué se va”.
