Cali, agosto 11 de 2026. Actualizado: lunes, agosto 10, 2026 22:07
Se posesiona Abelardo y sale Petro: ¿y ahora qué?
La posesión de Abelardo de la Espriella en Cali marca el cierre de un ciclo político y la apertura de otro que promete ser igual de intenso.
Con un empalme truncado, ánimos caldeados y un país partido en dos, la pregunta es inevitable: ¿y ahora qué? ¿Qué podemos esperar del nuevo gobierno y cuál será el papel de Gustavo Petro en este cuatrienio que comienza?
El discurso de De la Espriella ante los militares del Batallón Pichincha dejó claro su enfoque inicial: recuperar la seguridad.
No es un tema menor. La seguridad será el eje de su narrativa y de su legitimidad. Pero también habló de “recuperar las finanzas del país”, un mensaje que apunta a corregir lo que él considera un deterioro fiscal heredado.
Hasta ahí, la agenda parece previsible. Lo inquietante es su insistencia en librar una “batalla cultural”, un concepto que aún no sabemos cómo aterrizará, pero cuya referencia histórica preocupa.
De la Espriella evocó con devoción la Regeneración de Rafael Núñez, aquel proyecto político de finales del siglo XIX que reconsolidó el poder de la Iglesia católica, centralizó el Estado y sentó las bases de una hegemonía conservadora y liberal que duró más de un siglo.
Una hegemonía que, no olvidemos, profundizó la exclusión política y alimentó las raíces de la violencia que ha marcado a Colombia por más de cien años.
Si la “batalla cultural” apunta hacia una reconservadurización del país, el riesgo es evidente: repetir los errores de un pasado que ya nos costó demasiado.
Pero no todo es inquietud. Hay elementos que vale la pena destacar. Su intención de descentralizar decisiones es una oportunidad para regiones históricamente relegadas.
Su promesa de recuperar Ecopetrol —empresa que, según él, quedó debilitada tras el gobierno Petro— también será un punto clave para la estabilidad fiscal y energética del país.
Sin embargo, hay decisiones que deberán observarse con lupa. Una de ellas es la idea de sacar a Colombia de la Nueva Ruta de la Seda, la iniciativa global de China.
Romper ese vínculo sería un error estratégico que podría alejarnos por años de la próxima primera potencia mundial. Ojalá en este punto el presidente actúe con pragmatismo y no con ideología.
¿Y Petro? ¿Qué papel jugará ahora que deja la Casa de Nariño?
La respuesta es clara: activismo político. Petro regresará al terreno donde se siente más cómodo: la oposición.
Lo veremos recorriendo el país, exacerbando ánimos y preparando el terreno para la confrontación electoral de 2027.
Su objetivo será mantener vivo el llamado “progresismo” para intentar regresar al poder en 2030, esta vez corrigiendo lo que muchos consideran su error estratégico: haber elegido a Iván Cepeda como candidato y no a Roy Barreras o Carolina Corcho.
Petro no será un opositor silencioso. Será un opositor movilizador, emocional, territorial. Y eso, en un país polarizado, tendrá efectos inmediatos.
Nos esperan cuatro años álgidos, con un país dividido en mitades equivalentes, donde cada palabra del gobierno y cada gesto de la oposición tendrá impacto.
Lo deseable es que esta confrontación se dé en el campo de las ideas, en el ejercicio democrático, en el debate público y no en las calles, no en las trincheras, no en la violencia simbólica o física que ya conocemos demasiado bien.
El reto para el gobierno será gobernar sin incendiar. El reto para la oposición será oponerse sin destruir. El reto para la prensa será actuar con objetividad e imparcialidad.
Y el reto para el país será sostener sus instituciones, incluso cuando la política quiera ponerlas a prueba.
Porque al final, más allá de Abelardo y más allá de Petro, lo que debe prevalecer es Colombia.
