Cali, julio 2 de 2026. Actualizado: jueves, julio 2, 2026 19:50

Carmiña Navia Velasco

Terremoto en Venezuela

Carmiña Navia Velasco

La tragedia ha tocado intensamente al país vecino. Este horror le llega después de años de vivir en la escasez y en la precariedad frente a las demandas de la salud y por tanto en muy malas condiciones para atender una emergencia de semejante magnitud.

Será difícil establecer de forma realista el número de muertos y desaparecidos… los comités de rescatistas –que han llegado de varias partes del mundo– no alcanzan literalmente a atender en todos los frentes y gran parte de la tragedia permanecerá entre las brumas.

Cuando la tierra hace sentir su poder quienes habitamos en ella nos quedamos prendidos de nuestra impotencia, no hay nada que logremos contra su fuerza: la tierra y el agua nos sobrepasan en potencia de vida y en potencia de muerte.

Con la inmensa ola de emigraciones que vivió Venezuela en los últimos años su población está muy dispersa por América y España, especialmente… el dolor pues nos está llegando muy de cerca.

Muchas familias aún no tienen datos ciertos de los suyos y en estas situaciones el no-saber se convierte en fuente de tensiones y angustias. En Cali hay miles de venezolanos que necesitan nuestra cercanía.

La verdad de todas maneras es que se ha despertado por doquier y especialmente entre nosotros un fuerte sentimiento de solidaridad que está llevando a mucha gente a volcarse en diferentes tipos de apoyo.

Las desgracias colectivas muy fuertes generan por lo regular sentimientos empáticos. Yo creo que en las situaciones límites se experimenta claramente la conciencia de que más allá de lo que nos cubre somos parte de una sola condición y un solo destino común.

Los humanos y humanas más allá de nuestras propias conciencias estamos irremediablemente hermanados.

En este sentido en los últimos días en Venezuela hemos contemplado verdaderos milagros de solidaridad y sobrevivencia en los cuales palpamos como la Vida y su energía vencen a la muerte y la suya.

Afortunadamente en medio de tanto desastre que habita nuestro mundo sigue vigente la sentencia de Hanna Arendt: La muerte de la empatía humana es una de las primeras y más reveladoras señales de una cultura a punto de caer en la barbarie… No ha muerto entre nosotras y nosotros esa empatía y eso nos permite pensar en un futuro en que realmente construyamos en conjunto un mundo más habitable.

Venezuela hoy por hoy es un termómetro del grado de sensibilidad y humanidad que tenemos en este siglo XXI.

En Colombia se multiplican los sitios y las formas de hacer llegar nuestros apoyos, imagino será igual en otros países.

Sacar a nuestro hermano país de las consecuencias de esta tragedia no será fácil, sobre todo porque llega después de varios años de precariedad y escasez en múltiples terrenos.

Siempre ha sido así: el dolor llama a la unión más fácilmente que las alegrías o la abundancia.

Desde aquí pues, va mi voz de aliento a todos los damnificados, a las víctimas de este cruce del destino, a sus amigos y familias.

Mi saludo a amigos y conocidos venezolanos con los que ahora convivimos en el día a día. Que su dolor se transforme en encuentro solidario y en esperanza de un mañana mejor.

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jueves 2 de julio, 2026
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