Cali, noviembre 7 de 2026. Actualizado: viernes, noviembre 6, 2026 23:40

Daniel Viáfara Barona

Vocación por el desempleo: renunciar, el primer acto de campaña en Cali

Daniel Viáfara Barona - Periodista | Coach político y escritor

El pitazo de la campaña de 2027 no lo dio ningún candidato. Lo dio una fecha burocrática, el 30 de octubre pasado, cuando venció el plazo para que los empleados públicos con autoridad tuvieran aceptada su renuncia.

No bastaba presentarla: había que lograr que alguien la aceptara.

Ese viernes, funcionarios de todo el país descubrieron una vocación repentina por el desempleo.

Hoy faltan 359 días para el 31 de octubre de 2027 y sí, cayó en Halloween. Habrá disfraces, y no todos serán de niños.

Seamos justos con la regla. La inhabilidad de doce meses existe para que nadie use un despacho público como trampolín, y quien renuncia a tiempo hace lo correcto.

A los congresistas les queda cuerda: su plazo corre hasta la inscripción de candidatos, entre el 30 de junio y el 31 de julio.

Pero una ley pensada para proteger la contienda terminó oficializando la precampaña.

Si hay que decidir con un año de anticipación si uno es candidato, primero se renuncia y después se averigua qué se va a proponer.

En Cali eso produce un bucle temporal: la gestión dura lo que un parpadeo y la campaña es la única ocupación permanente.

Mientras el ciudadano se come los trancones, la clase política desempolvó los afiches y afinó la sonrisa de perfil.

El sonajero ronda los quince nombres: excandidatos, concejales, congresistas, funcionarios de la actual Alcaldía.

Y al menos tres personas que no aparecen en ninguna lista lo piensan en silencio, el gallo tapao.

Clara Luz Roldán fue de las primeras en tirarse al charco: hace dos meses confirmó que va por el Partido de la U.

Roberto Ortiz, según todos los corrillos, intentará que la cuarta sea la vencida.

Y Alfredo Mondragón, que se hizo famoso en el estallido de 2021, tendrá que averiguar si la calle alcanza para ganar una Alcaldía, con un Pacto que todavía busca quién lo una.

Hoy es más fácil cruzarse con un precandidato en el parque del Perro que con un agente de tránsito en un semáforo dañado.

Todos posan, empanada en mano, rumbo a la Vía al Mar. Y la aritmética es cruel: en una elección sin segunda vuelta, quince aspiraciones compiten por un solo despacho.

Muchos necesitarán una salida decorosa, y ahí entra el mercado de los avales.

Defensores de la Patria, el partido de Abelardo de la Espriella, recibió personería jurídica del CNE el 3 de agosto, con seis votos a favor y uno en contra, y puede dar avales propios.

El Consejo de Estado negó suspenderla mientras resuelve las demandas en su contra.

En el Valle no hay listas confirmadas, pero no sería raro ver llegar a políticos que ayer militaban con el pragmatismo de siempre y hoy descubren una vocación entrañable por defender la patria… o, al menos, la curul.

El aval, por cierto, es la moneda de todos: Defensores, Centro Democrático, Pacto Histórico, La U. Quien no tiene aval, tiene firmas; quien no tiene firmas, tiene un primo en Bogotá.

Y está ella, o él, esperando el MIO a las seis de la mañana. No distingue entre un aval y una firma.

Distingue si el bus llegó, si la calle sigue igual y si alguien se acordó de preguntarle algo antes de pedirle el voto.

Tiene un trayecto, no un afiche. Y dentro de 359 días le van a pedir lo único que ella sí tiene y ellos no.

Que haya muchos aspirantes es sano. Lo que inquieta es el orden en que se mueven las fichas: primero el aval, después el programa.

En Colombia la administración de lo público se volvió un trámite molesto que interrumpe lo verdaderamente importante: hacer campaña para las siguientes elecciones.

Una Alcaldía no se gana con la mejor foto, aunque lleve empanada. ¿Cuál de los mas de 20 se atreve a hablarle a Cali de trancones antes que de avales?

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viernes 6 de noviembre, 2026
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