Cali, junio 10 de 2026. Actualizado: martes, junio 9, 2026 21:53
La hora de los vices: ¿Restrepo le gana a Quilcué?
Cuando faltan dos semanas para la segunda vuelta presidencial, comenzó a hacerse evidente la importancia de las fórmulas vicepresidenciales.
Desde que la Constitución de 1991 revivió la figura del vicepresidente de la República y la incorporó en el tarjetón como parte de la fórmula por la que votan los colombianos, el nombre de quien acompaña al candidato presidencial se volvió clave.
Una fórmula vicepresidencial puede sumar votos, pero también quitarlos, por eso su escogencia suele ser una de las decisiones más estratégicas de cualquier campaña.
La lógica casi siempre es la misma: buscar una persona que complemente al candidato presidencial, que aporte fortalezas donde este tiene debilidades y que permita llegar a sectores distintos de los que ya respaldan naturalmente la candidatura.
Los ejemplos abundan:
Álvaro Uribe Vélez tuvo como fórmula a Francisco Santos Calderón, quien era una respetada figura del periodismo y de la defensa de los derechos humanos, además de pertenecer a una familia tradicional de la vida nacional, algo que complementaba la imagen provinciana de Uribe.
Juan Manuel Santos –de los más altos círculos sociales del país– hizo exactamente lo contrario al escoger a Angelino Garzón, una figura popular que, además, le permitía tender puentes hacia sectores de izquierda.
Y cuando Iván Duque llegó a la Presidencia lo hizo acompañado por Marta Lucía Ramírez, una dirigente con amplia trayectoria política que aportaba experiencia a un candidato mucho más joven.
¿Qué buscaron Abelardo De la Espriella e Iván Cepeda con sus fórmulas?
En el caso de José Manuel Restrepo, la complementariedad con De la Espriella resulta evidente.
Restrepo fue ministro en dos oportunidades, rector de tres universidades, entre ellas la Universidad del Rosario, y es una figura reconocida por su conocimiento técnico y académico.
Mientras De la Espriella construyó su liderazgo desde la oposición y desde su condición de outsider, Restrepo aporta experiencia administrativa, conocimiento del Estado y un tono mucho más conciliador.
De hecho, algunas adhesiones que llegaron después de la primera vuelta han argumentado que la presencia de Restrepo terminó siendo determinante para respaldar la candidatura de De la Espriella.
En los últimos días, el exministro pasó de llamar la atención por su particular forma de bailar a convertirse en una de las voces más visibles de la campaña, aportándole seriedad y confianza a un proyecto político que busca ampliar su alcance más allá de su electorado natural.
En el caso de Aida Quilcué, el panorama es distinto. La percepción que existe en algunos sectores es que su llegada a la campaña no amplió el espectro electoral de Iván Cepeda sino que reforzó el nicho político en el que ya se movía el candidato.
A ello se suma el antecedente de Francia Márquez, quien se declaró utilizada durante la campaña presidencial de Gustavo Petro y posteriormente marginada dentro del gobierno, al que acusó de racismo y machismo.
Esto ha llevó a que se cuestione si la intención de la izquierda al escoger seguidamente a dos mujeres de las minorías étnicas como fórmulas vicepresidenciales –primero una afrodescendiente y ahora una indígena– es sólo una jugada electoral y no una intención real de inclusión.
Además, Quilcué carga con las controversias derivadas de los recurrentes bloqueos en la vía Panamericana por parte de las comunidades indígenas y de los recientes enfrentamientos entre comunidades autóctonas del Cauca por disputas de tierras.
Todo esto ocurre en momentos en que tímidamente comenzó a hablarse del estado de salud de Iván Cepeda, lo que inevitablemente ha llevado a algunos sectores a preguntarse por la preparación y las capacidades de quien asumiría la Presidencia en caso de una eventual ausencia del presidente.
Por eso, cuando faltan dos semanas para la elección definitiva, la campaña presidencial ya no parece ser solamente una disputa entre Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda, también comienza a ser una competencia entre quienes aspiran a convertirse en sus vicepresidentes que pueden sumarle o restarle votos a sus compañeros del tarjetón.

