Cali, abril 23 de 2026. Actualizado: miércoles, abril 22, 2026 22:11

Voto oculto: ¿De la Espriella puede dar la sorpresa?

Voto oculto: ¿De la Espriella puede dar la sorpresa?

Mauricio Ríos Giraldo

A pocas semanas de la primera vuelta presidencial aparece una pregunta inevitable al hacer cálculos electorales: ¿hay un voto vergonzante u oculto que no se está midiendo y que podría alterar el resultado del 31 de mayo?

Se trata de lo que en la literatura política se conoce como “shy vote”, o voto tímido.

Es decir, electores que no declaran públicamente su preferencia —ni en encuestas ni en conversaciones— por presión social, temor al juicio o estigmatización, pero que en la intimidad de la urna votan en coherencia con lo que realmente piensan.

No es una hipótesis nueva. En Colombia ya ha ocurrido. El caso más evidente fue el plebiscito por la paz –en 2016– cuando las encuestas anticipaban una victoria amplia del “” a los acuerdos entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc, pero el resultado fue otro: el “No” se impuso con el 50.21%.

¿Qué pasó? Que en el país se había instalado una narrativa dominante en torno al acuerdo en cuestión y señalaba a quienes discrepaban como “enemigos de la paz”.

En ese contexto, muchos optaron por callar su posición, pero hablaron en las urnas.

Más reciente aún es el antecedente de las elecciones presidenciales de 2022.

Dos semanas antes de las elecciones, el ingeniero santandereano Rodolfo Hernández no aparecía como un candidato con opción real de pasar a segunda vuelta, las encuestas lo ubicaban en tercer lugar, detrás de Gustavo Petro y Federico Gutiérrez.

Sin embargo, su discurso contra la clase política tradicional, su estilo directo y su condición de outsider conectaron con un electorado que no necesariamente estaba dispuesto a reconocerlo públicamente…

Pesaban factores como las formas bruscas del candidato y las investigaciones que enfrentaba en ese momento, que hacían que respaldarlo no fuera, para muchos, una postura socialmente cómoda.

Sin embargo, el resultado fue contundente: ese voto silencioso apareció el día de la elección y convirtió a Hernández en el fenómeno electoral de la primera vuelta.

Con esos antecedentes, la pregunta planteada al comienzo de esta columna vuelve a cobrar vigencia, pues en la campaña presidencial actual, hay quienes creen que un fenómeno similar podría estarse gestando, esta vez alrededor de la candidatura de Abelardo De la Espriella.

El abogado es, sin duda, una figura polémica. Ha sido objeto de cuestionamientos por sus posiciones, por su estilo –lo llaman “fantoche”– y por los señalamientos que algunos hacen en relación con sus clientes.

A esto se suma un discurso frontal contra el petrismo, que él mismo sintetizó en su promesa de “destripar a la izquierda” si llega al poder.

Esa combinación lo convierte en un candidato que genera adhesiones fuertes, pero también resistencias marcadas, y es justamente en ese punto donde aparece la hipótesis del voto oculto.

Hay quienes consideran que algunos sectores podrían identificarse con el discurso de De la Espriella, pero que no se sienten cómodos expresándolo públicamente.

Incluso, dentro de la campaña del abogado se habla de la posibilidad de que las encuestas no estén captando la totalidad de su intención de voto, no porque haya manipulación, sino porque simplemente hay electores que no están dispuestos a decir lo que piensan.

Tanto creen en ello, que están convencidos de que el abogado podría ser el candidato más votado el 31 de mayo.

Por eso, además de preguntar si en la actual campaña presidencial se está dando el fenómeno del voto oculto, hay que preguntar también si ese voto tendría la magnitud suficiente para alterar el resultado…

Porque una cosa es que exista voto oculto y otra muy distinta es que tenga el volumen necesario para cambiar el orden de llegada en una elección presidencial.

Al final, como ha ocurrido otras veces, la respuesta no estará en los sondeos ni en el ruido de la campaña, sino en la intimidad del cubículo, en ese cara a cara entre el ciudadano y el tarjetón.

Como dicen los políticos, la verdadera encuesta es el día de las elecciones…


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