Cali, octubre 30 de 2026. Actualizado: jueves, octubre 29, 2026 21:04

El terremoto cerró 50 días su óptica y le abrió un camino que nunca había imaginado

El terremoto cerró 50 días su óptica y le abrió un camino que nunca había imaginado
viernes 23 de octubre, 2026

Durante años la vida de Huver Gutiérrez había transcurrido entre pacientes, monturas, lentes y las responsabilidades de administrar dos ópticas en el municipio de Ansermanuevo, en el norte del Valle del Cauca.

Conocía su negocio, sus clientes y las dinámicas comerciales de una población donde buena parte de las relaciones se construyen a través de la confianza.

Nunca había contemplado seriamente la posibilidad de empezar otra actividad económica, mucho menos en una ciudad diferente, hasta que el terremoto del 10 de agosto lo obligó a comprender que incluso aquello que parece estable puede cambiar en cuestión de segundos.

Una de las sedes de Ópticas Visión Real resultó afectada por el sismo y tuvo que permanecer cerrada durante aproximadamente 50 días.

Aunque los daños pudieron repararse, la reapertura dependía de las adecuaciones necesarias y del cumplimiento de los procedimientos establecidos para el edificio donde funcionaba el establecimiento.

Fueron casi dos meses sin poder operar normalmente en uno de sus puntos de atención, pero con las obligaciones económicas de siempre.

Los empleados, los compromisos con proveedores y el arrendamiento no desaparecieron con el terremoto.

El propietario del local le concedió un descuento del 20 % en el alquiler, una ayuda que agradeció, aunque resultaba insuficiente frente a la disminución de los ingresos.

Además, la emergencia no había afectado solamente a la óptica.

Buena parte de sus pacientes provenía de municipios como El Cairo, Argelia, El Águila y San José del Palmar, así como de Ansermanuevo y sus alrededores, territorios donde numerosas familias también enfrentaban pérdidas y dificultades económicas.

Aunque una de las sedes continuaba funcionando, el mercado había cambiado.

Las personas tenían otras prioridades y la recuperación comercial avanzaba lentamente.

Para una empresa dedicada a la salud visual, la situación significaba enfrentar simultáneamente una interrupción de sus servicios y una disminución de la capacidad de compra de parte de sus clientes.

Fue entonces cuando Huver comenzó a preguntarse qué más podía hacer.

La respuesta llegó a través de un amigo cercano que estaba iniciando un negocio de importación y comercialización de productos al por mayor.

Al conocer las dificultades que atravesaba, le propuso trabajar juntos y aprovechar sus conocimientos empresariales para desarrollar la actividad.

La propuesta representaba una oportunidad, pero también un riesgo.

Después de haber construido una trayectoria en el sector óptico, tendría que aprender el funcionamiento de un mercado completamente distinto, invertir recursos y dedicar tiempo a una operación que apenas comenzaba.

“Es complicado empezar un proyecto cuando ya tiene uno algo construido, pero en este tipo de contingencias hay que ser proactivo”, reconoce.

Aceptó la propuesta y comenzó a desarrollar el nuevo negocio en Cali, sin abandonar sus responsabilidades con las ópticas.

Empezar de cero sin dejar atrás lo construido

La decisión transformó su rutina. Acostumbrado a trabajar cerca de su hogar y su familia, ahora debe desplazarse a otra ciudad, adaptarse a nuevos horarios y aprender los procesos de una actividad comercial que no dominaba.

La inversión no ha sido solamente económica. También ha tenido que sacrificar tiempo familiar, comodidad y parte de la tranquilidad que le proporcionaba conocer a fondo su negocio.

El esfuerzo es mayor porque las ópticas continúan funcionando y necesitan su atención.

Mientras aprende a desenvolverse en el comercio de productos importados, debe seguir pendiente de los pacientes, los empleados, las cuentas y las obligaciones acumuladas durante el cierre. “Me ha tocado trabajar el doble, o más del doble posiblemente”, admite.

Giros inesperados

No presenta este cambio como una transformación fácil ni como una oportunidad que hubiera buscado voluntariamente.

Fue una decisión tomada por necesidad, cuando comprendió que depender exclusivamente de los ingresos de las ópticas podía poner en riesgo la estabilidad económica de su familia.

Aunque los establecimientos ya reabrieron, todavía enfrenta compromisos pendientes con proveedores y obligaciones que debieron financiarse durante los meses más difíciles.

La nueva actividad representa una posibilidad de diversificar sus ingresos y prepararse mejor frente a situaciones inesperadas.

Sin embargo, apenas está comenzando y todavía requiere esfuerzo, aprendizaje y adaptación.

En medio de ese proceso, el empresario encontró una razón adicional para mirar de otra manera su propia situación.

Las gafas que una mujer necesitaba para seguir trabajando

Mientras Huver intentaba recuperar sus ópticas, también conocía las dificultades que atravesaban algunos de sus pacientes.

Muchos habían perdido pertenencias, viviendas o herramientas indispensables para continuar con sus actividades cotidianas.

A través de las redes sociales de Ópticas Visión Real, la empresa ofreció apoyo a personas que necesitaran atención visual urgente, especialmente por molestias ocasionadas por el polvo o porque habían perdido sus gafas durante el terremoto.

Entre quienes solicitaron ayuda estaba una mujer de San José del Palmar, municipio al que él también se refiere como San Pacho, una de las poblaciones gravemente afectadas por la emergencia.

La mujer había perdido sus gafas y las necesitaba para continuar trabajando.

Era paciente de la óptica y explicó su situación, por lo que la empresa decidió entregarle unas nuevas sin cobrarle.

El gesto tenía un significado particular. Mientras el negocio atravesaba dificultades económicas, ayudaba a otra persona a recuperar una herramienta indispensable para su sustento.

No pudieron atender todos los casos que llegaron, pero hicieron lo que estaba a su alcance.

La solidaridad también se manifestó a través del grupo empresarial Cenva, del que forma parte.

Sus integrantes se organizaron para entregar mercados y otras ayudas a familias afectadas, a pesar de que algunos de sus propios negocios también habían sufrido las consecuencias del terremoto.

Para el propietario de Ópticas Visión Real, aquella experiencia dejó una enseñanza que considera necesario mantener viva: la ayuda no debería depender únicamente de tener recursos de sobra, sino también de reconocer las necesidades de los demás.

Recuerda con gratitud la manera como personas, comerciantes y empresas se movilizaron durante los primeros días de la emergencia.

Sin embargo, le preocupa que ese impulso solidario desaparezca mientras todavía existen familias que necesitan apoyo.

El terremoto también modificó su manera de establecer prioridades.

Después de conocer historias de personas que perdieron familiares, viviendas y buena parte de lo que habían construido, comprendió que, pese a las dificultades económicas, tenía motivos importantes para agradecer.

La familia, la salud y la posibilidad de continuar trabajando adquirieron un significado diferente.

También aprendió que una empresa necesita organización, previsión y capacidad de adaptación, pero que ninguna de esas herramientas sustituye la solidaridad y el trabajo en equipo cuando llega una emergencia.

Y aunque todavía está descubriendo el camino de su nuevo negocio, tiene clara una de las lecciones que le dejó el terremoto: a veces reinventarse no significa dejar atrás lo que se ama y se ha construido, sino encontrar la manera de protegerlo mientras se aprende a hacer algo completamente diferente.


El terremoto cerró 50 días su óptica y le abrió un camino que nunca había imaginado

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