Cali, abril 8 de 2026. Actualizado: miércoles, abril 8, 2026 17:27

Estudio brasileño sobre hábitos alimentarios en adultos mayores

La brecha del salero: por qué hombres y mujeres mayores añaden sal a la comida por motivos distintos

La brecha del salero: por qué hombres y mujeres mayores añaden sal a la comida por motivos distintos
Foto: Pexels
lunes 6 de abril, 2026

A pesar de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud de no superar los cinco gramos de sal al día, un estudio brasileño muestra que el gesto de añadir sal en la mesa sigue presente entre personas mayores y que sus causas difieren según el sexo y el contexto social.

La investigación, publicada en Frontiers in Public Health (doi: 10.3389/fpubh.2026.1737516), analizó a más de 8 300 adultos de 60 años o más y halló que el 12,7% de los hombres y el 9,4% de las mujeres declaran añadir sal extra al plato.

En los hombres, el hábito parece estar ligado sobre todo al contexto convivencial. Vivir solo aumenta en un 62 % las probabilidades de añadir sal, y la falta de seguimiento de una dieta para la hipertensión también se asocia con ese comportamiento.

Entre los hombres, pocas variables se asociaron con el hábito, lo que sugiere que su comportamiento puede estar menos relacionado con patrones dietéticos específicos y más con el contexto convivencial”, señalan los autores liderados por Flávia Brito.

En las mujeres, en cambio, los factores dietéticos y el entorno pesan más: residir en áreas urbanas o consumir habitualmente ultraprocesados duplica la probabilidad de usar el salero, mientras que mantener una dieta rica en frutas y verduras reduce el hábito hasta en un 81%.

Estos resultados se alinean con estudios previos que muestran que las fuentes de sodio varían según la cultura y el origen: en algunas regiones el sodio se añade principalmente durante la cocción, en otras proviene de alimentos procesados o del salero en la mesa.

Factores que explican la brecha del salero

El estudio advierte sobre un círculo vicioso: la exposición continua a comidas muy saladas reduce la sensibilidad al sabor salado, lo que lleva a buscar sabores más intensos. Además, los investigadores observan que en muchos casos el uso del salero es mecánico y no responde a una necesidad real de intensificar el sabor.

Débora Santos, coautora del trabajo, resalta que estas diferencias piden estrategias específicas según el perfil de la persona.

Las conclusiones tienen implicaciones para la salud pública: reducir la ingesta de sodio requiere acciones en la industria alimentaria y también cambios domésticos.

Los autores proponen educación nutricional focalizada y alternativas que mantengan la palatabilidad, como el uso de hierbas y condimentos naturales o la acidez de los cítricos.

También sugieren medidas sencillas para romper el hábito, por ejemplo no colocar el salero de forma rutinaria sobre la mesa.

Para profesionales y cuidadores, el mensaje es claro: las recomendaciones deben adaptarse a la realidad social y cultural de cada persona mayor.

No es lo mismo aconsejar a alguien que añade sal tras el cocinado por una costumbre cultural que a quien consume productos ultraprocesados o vive solo; identificar la fuente del sodio y el contexto del comensal facilita intervenciones preventivas más efectivas.

Nota de Transparencia

*Este artículo fue generada con IA, a partir de información del Servicio de Información y Noticias Científicas, SINC. El contenido final fue revisado por un miembro del equipo de redacción del Diario Occidente.


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