Cali, septiembre 14 de 2026. Actualizado: lunes, septiembre 14, 2026 20:57
Los errores que hacen gastar más en comida y energía
La nevera también puede estar vaciando su bolsillo
Abra la nevera y mire con atención.
Ese recipiente que lleva varios días en una esquina, las verduras que empiezan a deteriorarse, el queso que nadie recuerda cuándo se compró y los productos repetidos porque alguien creyó que ya no quedaban tienen algo en común: todos costaron dinero.
Aunque pocas veces hacemos la cuenta, la nevera puede convertirse en uno de los lugares de la casa donde más fácilmente dejamos perder parte del presupuesto familiar.
El problema no está únicamente en los alimentos que terminan en la basura.
La nevera permanece funcionando las 24 horas y algunos hábitos cotidianos pueden hacer que trabaje más de lo necesario, aumentando el consumo de energía.
Por eso administrarla correctamente permite atacar dos gastos al mismo tiempo: el mercado y la factura de electricidad.
Uno de los errores más frecuentes comienza antes de llegar al supermercado. Hacer mercado sin revisar primero la nevera provoca compras repetidas y acumulación de productos.
Podemos regresar con yogures cuando todavía quedan varios, comprar verduras teniendo otras próximas a dañarse o llevar una nueva bandeja de huevos simplemente porque nadie recordó mirar antes de salir.
Una revisión de pocos minutos permite construir la lista a partir de lo que realmente falta.
La organización interior también importa.
Cuando los alimentos se guardan sin ningún criterio, aquellos que llevan más tiempo suelen quedar detrás de los recién comprados y terminan olvidados.
Una estrategia sencilla consiste en colocar adelante los productos que deben consumirse primero y ubicar los nuevos detrás.
No hace falta tener una nevera perfectamente organizada como las que aparecen en redes sociales; basta con poder identificar fácilmente qué tenemos y qué está próximo a vencerse.
Las sobras de comida son otro punto crítico
Guardar una pequeña porción de arroz, carne, pasta o verduras con la intención de consumirla después tiene sentido solamente si realmente vuelve a la mesa.
Cuando los recipientes se acumulan durante días hasta que nadie recuerda qué contienen, el supuesto aprovechamiento termina convertido en desperdicio.
Identificarlos y planear una comida con esas preparaciones ayuda a evitar que alimentos todavía aprovechables terminen en la basura.
También existen hábitos que pueden afectar el consumo de energía.
Abrir la puerta repetidamente mientras decidimos qué queremos comer permite la entrada de aire más caliente y obliga al equipo a recuperar nuevamente su temperatura.
Algo similar puede ocurrir cuando la puerta no cierra correctamente debido a empaques deteriorados, suciedad o recipientes que impiden un buen ajuste.
Revisar periódicamente el estado de los sellos puede evitar que una falla aparentemente pequeña permanezca durante meses.
Introducir preparaciones muy calientes tampoco es una buena costumbre.
Además de las consideraciones de seguridad alimentaria sobre cómo enfriar y almacenar correctamente cada preparación, colocar grandes recipientes todavía muy calientes obliga al electrodoméstico a realizar un esfuerzo adicional para mantener la temperatura interior.
Lo recomendable es organizar adecuadamente el proceso de enfriamiento y refrigeración sin dejar los alimentos durante periodos inseguros a temperatura ambiente.
Otro error consiste en pensar que todo debe guardarse de la misma manera.
Frutas, verduras, lácteos, carnes y alimentos preparados tienen necesidades diferentes de conservación.
Utilizar correctamente cajones y zonas de almacenamiento, mantener los productos bien cerrados y revisar periódicamente su estado permite prolongar su duración y aprovechar mejor lo comprado.
Una práctica útil puede ser establecer un día de “comer lo que hay”.
Antes de volver a hacer mercado, la familia revisa nevera y despensa y prepara las comidas utilizando aquello que necesita consumirse pronto.
Además de reducir desperdicios, este hábito puede retrasar alguna visita al supermercado y estimular una compra posterior mucho más consciente.
La próxima vez que una familia quiera reducir el gasto de alimentación, quizás no tenga que comenzar buscando promociones.
Puede empezar abriendo la puerta de la nevera.
Allí podría encontrar alimentos suficientes para varias comidas, productos que estaba a punto de comprar nuevamente y pequeñas pérdidas que, repetidas durante todo el año, representan una suma importante.
Porque ahorrar en el mercado no consiste únicamente en conseguir precios bajos.
También significa lograr que aquello por lo que ya pagamos llegue realmente al plato y no termine convertido en dinero que, literalmente, tiramos a la basura.

