Cali, abril 28 de 2026. Actualizado: martes, abril 28, 2026 22:55
Cómo enfrentarlo sin quedarte solo
El bullying en la universidad sí existe
Cuando se habla de bullying, la mayoría piensa en el colegio. En burlas directas, en grupos que señalan, en situaciones evidentes.
Pero al llegar a la universidad, muchos asumen que eso desaparece. Que la madurez lo reemplaza, que el respeto es la norma.
La realidad es más compleja.
El bullying no desaparece en la universidad. Cambia de forma. Se vuelve más sutil, más difícil de señalar, más fácil de ignorar.
Ya no siempre hay insultos abiertos. Aparece en comentarios disfrazados de “broma”, en miradas, en exclusiones, en dinámicas de grupo donde alguien queda constantemente por fuera. Y justamente por eso, cuesta más enfrentarlo.
Porque no siempre es claro. Porque a veces dudas si estás exagerando.
Porque otros lo minimizan. Porque no hay una línea evidente que diga “esto es bullying”. Pero lo es.
Cuando hay incomodidad constante, cuando sientes que te ridiculizan, te aíslan o te hacen menos de forma repetida, no es una situación normal que debas simplemente tolerar.
En la universidad, este tipo de conductas suele aparecer en espacios cotidianos. En trabajos en grupo donde alguien es ignorado o cargado con todo.
En clases donde ciertos comentarios buscan hacer quedar mal a otros. En círculos sociales donde se excluye sin decirlo directamente.
Muy sutil
También puede manifestarse a través de comparaciones constantes, críticas disfrazadas de ayuda o actitudes pasivo-agresivas que desgastan con el tiempo.
El problema es que, al no ser tan evidente, muchas personas terminan normalizándolo.
“Así es la gente”. “Es solo su forma de ser”. “No es para tanto”.
Y poco a poco, la incomodidad se vuelve parte del día a día.
Lo primero que hay que entender es que no tienes que adaptarte a eso para encajar.
La universidad no debería ser un espacio donde tengas que soportar dinámicas que te afectan para poder avanzar.
El segundo punto, igual de importante, es reconocer lo que estás sintiendo sin minimizarlo.
Si algo te incomoda de forma constante, es válido. No necesitas que sea extremo para que sea real.
A partir de ahí, el reto es cómo enfrentarlo sin que eso signifique aislarte o entrar en conflicto permanente.
Una de las herramientas más importantes es aprender a poner límites. No desde la confrontación agresiva, sino desde la claridad.
Decir, por ejemplo, que un comentario no te parece adecuado o que una dinámica de trabajo no está siendo justa puede marcar una diferencia.
Muchas veces, las personas no esperan que alguien lo diga. Y ese silencio es lo que permite que la situación continúe.
También es clave observar el contexto. No todas las situaciones se resuelven de la misma manera. Hay casos donde hablar directamente funciona, y otros donde es mejor tomar distancia.
Elegir en qué espacios participar, con quién trabajar o qué dinámicas evitar también es una forma de cuidarte.
Siempre buscar apoyo
Buscar apoyo es otro paso importante, aunque no siempre sea fácil. Puede ser un compañero de confianza, un profesor o incluso un área de bienestar universitario.
Hablarlo saca la situación del plano individual y evita que cargues con todo solo.
La universidad suele tener canales para este tipo de casos, pero muchas veces no se utilizan porque no se reconocen estas situaciones como lo que son.
También es importante cuidar tu percepción personal. El bullying, incluso en formas sutiles, puede afectar la confianza. Empiezas a dudar más, a participar menos, a cuestionarte de forma constante.
Ahí es donde se vuelve clave separar lo que está pasando afuera de lo que construyes sobre ti mismo. Que alguien te haga sentir menos no significa que lo seas.
Esto no es fácil, y no se resuelve de un día para otro. Pero reconocerlo ya es un paso.
Otro punto que pocas veces se menciona es que no siempre se trata de “aguantar hasta que pase”.
Si una situación es constante y afecta tu bienestar, es válido tomar decisiones más firmes: cambiar de grupo, hablar con un profesor o escalar el caso.
No es exagerar. Es cuidar tu proceso.
La universidad no solo es un espacio académico. También es un entorno social donde aprendes a relacionarte, a poner límites y a reconocer qué dinámicas aceptas y cuáles no.
Enfrentar el bullying en este contexto no significa convertirte en alguien confrontativo. Significa no permitir que lo que te afecta se vuelva invisible.
Porque cuando nadie lo nombra, parece que no existe.
Pero sí existe. Y aprender a enfrentarlo también es parte de crecer.

