Cali, agosto 29 de 2025. Actualizado: jueves, agosto 28, 2025 23:16
Amor y dolor: una relación compleja
¿En verdad nos enamoramos más fácil de quien nos hace sufrir?
¿Alguna vez te has preguntado por qué algunas personas parecen sentirse más atraídas por quienes las tratan mal o las hacen sufrir emocionalmente? No estás solo.
Este fenómeno, tan común como confuso, ha sido objeto de estudio en la psicología y ha inspirado decenas de canciones, películas y conversaciones de café.
Pero, ¿qué hay detrás de esta tendencia? ¿Por qué, en ocasiones, el amor parece ir de la mano del dolor?
El cerebro confundido: amor y sufrimiento activan zonas similares
Cuando alguien nos hace sufrir, especialmente en el ámbito romántico, se activan regiones del cerebro relacionadas con la recompensa y la adicción.
La dopamina —el neurotransmisor del placer— juega un papel clave aquí. Irónicamente, los altibajos emocionales provocados por una relación tóxica o inestable pueden generar una sensación de adicción, similar a la que se produce con ciertas drogas.
El ciclo de tensión, dolor y reconciliación se convierte en una montaña rusa emocional que, en lugar de alejarnos, nos hace sentir más intensamente conectados.
A esto se le conoce como refuerzo intermitente, un patrón que refuerza el apego de forma impredecible y, por lo tanto, más intensa.
Las heridas de la infancia también tienen algo que decir
Según teorías del apego, muchas personas desarrollan patrones afectivos desde la infancia. Si creciste en un entorno donde el amor venía acompañado de rechazo, críticas o abandono emocional, es posible que, inconscientemente, busques reproducir esa dinámica. El amor que duele puede parecer más familiar que el amor que cuida.
Este tipo de patrones no significa que estemos “condenados” a repetir relaciones dolorosas, pero sí que necesitamos hacer un trabajo consciente para romper con ellos.
El mito del amor que todo lo soporta
En muchas culturas se ha romantizado el sufrimiento por amor. La narrativa del amor imposible, del que lucha contra todo y del que “vale la pena a pesar del dolor”, ha calado profundo en nuestro imaginario colectivo.
El problema es que esta idea puede llevarnos a tolerar comportamientos abusivos, confundiendo intensidad con amor verdadero.
Es vital diferenciar entre una relación que enfrenta dificultades normales y otra que nos desgasta emocionalmente de forma constante.
¿Por qué nos cuesta tanto alejarnos?
Salir de una relación que nos hace daño no es solo una cuestión de voluntad. Está involucrada la química cerebral, el miedo a la soledad, la baja autoestima y, muchas veces, la esperanza de que la otra persona cambie.
Además, el amor —cuando es genuino— no desaparece de un día para otro, aunque nos lastimen.
Muchas veces, confundimos el “enganche emocional” con amor. Nos cuesta soltar no por lo bueno que es el vínculo, sino por lo adictivo que se ha vuelto.
¿Se puede cambiar este patrón?
La buena noticia es que sí. Reconocer estas dinámicas es el primer paso para romper con ellas. Buscar ayuda terapéutica, rodearte de personas que te cuiden de verdad y trabajar en tu autoestima son caminos efectivos.
El amor no debería doler más de lo que sana. Y aunque al principio un vínculo sano pueda parecer “aburrido” o poco intenso, en realidad es donde habita la paz emocional que tanto merecemos.
No, no estamos “programados” para enamorarnos de quien nos hace sufrir. Pero sí podemos quedar atrapados en dinámicas que lo hacen parecer inevitable.
La clave está en entendernos, sanar nuestras heridas y aprender que el amor no se trata de sufrir, sino de crecer y sentirse en paz.
🧠 Este artículo fue elaborado con apoyo de inteligencia artificial.
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*Este artículo fue elaborado por un periodista del Diario Occidente usando herramientas de inteligencia artificial.