Cali, julio 24 de 2026. Actualizado: viernes, julio 24, 2026 17:34

Una hoja de ruta para la próxima década

Cali puede convertirse en la gran plataforma empresarial del Pacífico

Cali puede convertirse en la gran plataforma empresarial del Pacífico
Foto: CCC
viernes 24 de julio, 2026

Cali tiene las condiciones para consolidarse como el principal centro empresarial, tecnológico y de servicios del Pacífico colombiano, siempre que fortalezca su competitividad, reduzca las barreras para hacer empresa y conecte mejor su talento con las oportunidades de la nueva economía.

Así lo plantea la presidenta ejecutiva de la Cámara de Comercio de Cali, en entrevista con Diario Occidente, donde expone una visión de ciudad basada en innovación, inversión, empleo de calidad y desarrollo regional articulado con Buenaventura.

Cali llega a sus 490 años mirando hacia el 2035. Si tuviéramos que dejar de hablar de los problemas y empezar a hablar de las ventajas competitivas, ¿cuáles son esas fortalezas reales sobre las que Cali debe construir su próxima década?

Cali tiene una ventaja estratégica que pocas ciudades del país pueden replicar: es la principal plataforma empresarial, urbana y de servicios conectada con Buenaventura y con el Pacífico colombiano.

Sin embargo, todavía no aprovechamos plenamente esa posición. Una parte importante del comercio exterior pasa por nuestro territorio, pero no siempre se convierte en suficiente valor agregado, inversión, innovación, servicios especializados y empleos de calidad para Cali y la región.

Por eso, ser la puerta económica del Pacífico no puede limitarse a movilizar mercancías.

Buenaventura puede ser la gran plataforma portuaria, mientras Cali debe consolidarse como el cerebro empresarial, tecnológico y de servicios de ese corredor: el lugar donde se diseñan soluciones logísticas, se analizan datos, se desarrollan tecnologías, se prestan servicios financieros y empresariales, se forman capacidades y se conectan las empresas con mercados globales.

¿Qué iniciativas están avanzando?

La ciudad ya viene construyendo una base para hacerlo. La apuesta Cali Home4Tech busca posicionarla como una ciudad inteligente, sostenible y global, atractiva para empresas y operaciones tecnológicas.

A esto se suman iniciativas como NIDO, que articula emprendimiento, inversión y empresas de base tecnológica; Empresas 4.0, orientada a cerrar las brechas digitales de las mipymes; Yawa, como espacio de ciencia, creación digital, inteligencia artificial y formación de talento; y programas como Valle INN+, los laboratorios de innovación, la inteligencia artificial aplicada y el GovTech.

Estas iniciativas responden a una visión más amplia: convertir a Cali en un laboratorio urbano de tecnologías avanzadas y en una plataforma de escalamiento regional, capaz de llevar innovación, conocimiento y transformación digital al comercio, la industria, la salud, la agroindustria, la logística y los servicios.

Esa es precisamente la función que la estrategia de competitividad le asigna a Cali dentro de la apuesta regional de tecnología y sofisticación productiva.

¿Cuál es el reto en este sentido?

El reto ahora es evitar que estas acciones funcionen de manera aislada.

Debemos conectarlas en un verdadero sistema que forme talento, acompañe la transformación tecnológica de las empresas, acelere startups, atraiga inversión especializada y aumente la exportación de software, contenidos digitales y servicios intensivos en conocimiento.

También debe aprovechar capacidades existentes en sectores como salud, energía, manufactura avanzada, agroindustria, bioeconomía y logística.

Desde la Cámara de Comercio de Cali creemos que la gran oportunidad es convertir el corredor Cali–Buenaventura en una plataforma económica y tecnológica del Pacífico.

No solo una ruta por la que pasan contenedores, sino un ecosistema por el que circulan bienes, capital, talento, información, tecnología y conocimiento.

Cali ya es la puerta urbana del Pacífico; el siguiente paso es convertirse en su principal plataforma empresarial, tecnológica y de servicios, para que esa conexión genere más innovación, inversión y empleo de calidad.

La Cámara de Comercio ha insistido en la importancia de fortalecer el tejido empresarial.

¿Qué necesita hoy una empresa caleña para crecer: menos barreras, más financiación, más talento, más confianza o una nueva visión de ciudad?

Hoy una empresa no crece únicamente por lo que ocurre dentro de sus cuatro paredes; crece por las condiciones que encuentra en el lugar donde decide construir.

Por eso decimos que el lugar importa. Importa porque determina el acceso a talento, a clientes, a proveedores, a infraestructura, a confianza y a oportunidades de colaboración.

Nuestra apuesta en la Cámara de Comercio de Cali es construir una ciudad donde cada barrio, cada corredor y cada distrito económico se convierta en un entorno que facilite el crecimiento empresarial.

La competitividad también se construye por metro cuadrado.

Eso significa reducir las fricciones que enfrentan las empresas, fortalecer el entorno urbano, conectar actores y generar condiciones para que invertir, innovar y crecer sea más fácil.

Pero también significa entender que el desarrollo económico ocurre desde realidades distintas.

No es igual una gran empresa que dinamiza toda una cadena productiva, un empresario que hace crecer la clase media empresarial del Valle o un emprendedor que está construyendo autonomía para su familia.

Cada uno cumple un papel fundamental en la economía del territorio y nuestra responsabilidad es crear las condiciones para que todos puedan crecer.

Porque al final hay una sola convicción que guía nuestro trabajo: en el Valle del Cauca todos tienen cómo crecer. Nuestro propósito es convertir esa posibilidad en realidad.

Durante muchos años Cali fue reconocida como una capital industrial y empresarial.

¿Qué debe pasar para que vuelva a posicionarse como una ciudad líder para atraer inversión nacional e internacional?

Cali no tiene que volver a ser una ciudad atractiva para la inversión; tiene que consolidarse como una ciudad irresistible para quienes quieren crecer.

Para lograrlo debemos entender que la competitividad funciona como un ecosistema.

No depende de un solo factor, sino de la capacidad de construir las condiciones para que las empresas prosperen.

Eso significa fortalecer habilitadores como la seguridad, la confianza institucional y un entorno que reduzca las barreras para emprender, invertir y generar empleo.

También significa potenciar los atractores que hacen del Valle un territorio deseable para vivir, trabajar y hacer negocios, y consolidar una gobernanza colaborativa donde el sector público, el sector privado, la academia y la sociedad trabajen alrededor de una visión compartida de desarrollo.

Sobre esa base es donde se construyen nuestras verdaderas ventajas competitivas: un Valle que invierte, que está conectado con el mundo, que apuesta por el conocimiento y la tecnología, que desarrolla su talento humano y que trabaja en red.

Tenemos activos extraordinarios: el mejor talento de Colombia, una ubicación geoestratégica privilegiada sobre el Pacífico, un tejido empresarial cada vez más sofisticado y empresas que ya están demostrando que pueden competir en mercados internacionales.

Las empresas no invierten únicamente donde existen incentivos; invierten donde encuentran confianza, talento, un ecosistema que les permite crecer y cada vez menos fricciones para hacerlo.

Muchas veces hablamos de impuestos visibles, pero existen otros costos invisibles que terminan frenando el crecimiento: trámites innecesarios, procesos complejos, tiempos de espera o barreras que consumen recursos y desincentivan la inversión.

Desde la Cámara de Comercio de Cali hemos convertido esa tarea en una prioridad a través de nuestra apuesta por un Valle Fricción Cero: identificar, reducir y eliminar todas las fricciones que limitan la productividad y la movilidad empresarial.

Ese es el modelo de desarrollo que estamos impulsando: un territorio donde hacer empresa sea cada vez más sencillo, donde la confianza facilite la inversión, el talento impulse la innovación y las oportunidades encuentren menos obstáculos para convertirse en crecimiento.

En otras palabras, un Valle del Cauca cada vez más competitivo, más conectado y más irresistible para el mundo.

Cuando se habla del futuro de las ciudades, la palabra competitividad aparece siempre.

¿En qué aspectos Cali está compitiendo bien y cuáles son las brechas urgentes que debemos cerrar?

Cali parte de una posición competitiva sólida. En el Índice de Competitividad de Ciudades 2025, Cali A.M. ocupó el cuarto lugar nacional, lo que confirma que la ciudad cuenta con una combinación de capacidades que pocas urbes del país reúnen al mismo tiempo.

Cali es el principal nodo empresarial, comercial, logístico y de servicios del suroccidente colombiano.

Concentra más de 104 mil empresas matriculadas y renovadas, una economía con más de 1,15 millones de personas ocupadas, una base productiva diversificada y un ecosistema relevante de universidades, servicios avanzados, salud, tecnología, manufactura y agroindustria.

A esto se suma su conexión estratégica con Buenaventura, que la convierte en la principal plataforma urbana hacia el Pacífico colombiano y en un punto clave para articular empresas, inversión y mercados nacionales e internacionales.

La ciudad también compite bien por su capacidad para atraer inversión, albergar empresas nacionales y multinacionales, desarrollar servicios especializados y apalancarse en sectores con alto potencial de sofisticación, como la salud, la energía, la manufactura avanzada, la bioeconomía y los servicios tecnológicos.

Cali, por tanto, no parte de cero: ya tiene escala de mercado, tejido empresarial, talento, institucionalidad y una ubicación privilegiada. Su principal ventaja está en la combinación de esas capacidades.

El gran desafío es convertir esa fortaleza en mayor productividad, empleo formal y bienestar.

Cerca del 46,5 % del empleo sigue siendo informal, más del 90 % de las empresas son microempresas y todavía son pocas las que logran escalar, innovar o exportar.

Además, persisten brechas en pertinencia educativa, adopción tecnológica, seguridad, movilidad, conectividad logística y disponibilidad de suelo para la actividad productiva.

Desde la Cámara de Comercio de Cali insistimos en que la prioridad debe ser conectar mejor el talento con las necesidades del aparato productivo, acelerar la formalización y el escalamiento empresarial, impulsar la innovación y la adopción tecnológica, atraer más inversión y garantizar condiciones de seguridad, infraestructura, conectividad y reglas claras.

Cali no carece de capacidades. El reto es coordinarlas, escalarlas y convertirlas en más productividad, mejores empleos y mayor movilidad social.

En medio de los cambios tecnológicos y la llegada de la inteligencia artificial, ¿qué sectores económicos podrían convertirse en los nuevos motores de crecimiento de Cali en los próximos diez años?

Más que preguntarnos qué sectores van a crecer, la pregunta es qué capacidades necesita el Valle del Cauca para competir en la nueva economía.

La inteligencia artificial, la automatización y las tecnologías emergentes están transformando todos los sectores, no solo creando nuevos.

Por eso estoy convencida de que en el Valle del Cauca todo puede crecer, siempre que seamos capaces de incorporar conocimiento, tecnología e innovación a nuestra manera de producir.

Tenemos una oportunidad enorme para consolidar industrias como la salud, la bioeconomía, la agroindustria de alto valor agregado, las industrias creativas, los servicios basados en conocimiento y el desarrollo tecnológico.

Pero el verdadero diferencial no será el sector; será el talento.

Los territorios que liderarán la próxima década serán aquellos que desarrollen habilidades, adopten inteligencia artificial, conecten sus empresas con el mundo y conviertan la innovación en productividad.

Por eso, desde la Cámara de Comercio de Cali hablamos de tres motores para acelerar el crecimiento: fortalecer nuestro tejido empresarial, impulsar empresas que compiten globalmente y desarrollar el talento que hará posible la competitividad del futuro.

Cali tiene una ubicación estratégica, conexión con Buenaventura y un ecosistema empresarial importante.

¿Estamos aprovechando realmente esa ventaja como puerta económica del Pacífico?

Cali tiene una oportunidad extraordinaria: ser la gran plataforma empresarial, logística y de servicios del Pacífico colombiano.

Nuestra conexión con Buenaventura, el puerto más importante del país sobre el océano Pacífico, nos da una posición estratégica para conectar a Colombia con Asia y la costa oeste de América.

No es casualidad que más de 17.000 empresas de todo el país utilicen este complejo portuario para sus operaciones de comercio exterior.

El siguiente paso es convertir esa ventaja geográfica en una ventaja económica aún mayor.

Cada carga que pasa por nuestro territorio representa una oportunidad para atraer inversión, desarrollar servicios especializados, impulsar la innovación, fortalecer la industria y generar más empleo de calidad.

La apuesta es que el comercio exterior no solo transite por el Valle, sino que también genere más valor desde el Valle.

Para lograrlo, debemos seguir fortaleciendo la integración entre Cali y Buenaventura, avanzar en infraestructura logística y multimodal, consolidar un ecosistema de servicios alrededor del comercio internacional —como tecnología, logística, finanzas e innovación— y acompañar a más empresas para que se internacionalicen e ingresen a cadenas globales de valor.

Desde la Cámara de Comercio de Cali estamos convencidos de que el corredor Cali–Buenaventura puede convertirse en uno de los principales motores de competitividad de Colombia.

Nuestra visión es que esta no sea únicamente una ruta de comercio, sino un ecosistema donde converjan talento, inversión, innovación y empresas capaces de competir en los mercados globales.

Porque cuando conectamos nuestras fortalezas con el mundo, también ampliamos las oportunidades de crecimiento para toda la región.

Uno de los objetivos del especial es hablar de confianza.

Después de años difíciles para la ciudad, ¿cómo se recupera la confianza empresarial y ciudadana en el futuro de Cali?

Hay que partir de la premisa de que la confianza no es un resultado del crecimiento; es la condición que hace posible el crecimiento.

Sin confianza es muy difícil que una empresa decida invertir, que un emprendedor se atreva a crear, que el talento permanezca en el territorio o que lleguen nuevas oportunidades.

Por eso, construimos confianza todos los días. Respetando las instituciones democráticas.

Con reglas claras, con seguridad jurídica y material, con una visión compartida de ciudad y, sobre todo, con resultados que demuestren que es posible crecer.

En el Valle del Cauca tenemos razones para confiar.

Hoy contamos con un tejido empresarial más robusto, empresas que están conquistando mercados internacionales, un ecosistema cada vez más sofisticado y un talento extraordinario que está demostrando que puede competir con el mundo.

Desde la Cámara de Comercio de Cali trabajamos para fortalecer ese ecosistema: conectando empresas, generando información para la toma de decisiones, impulsando el crecimiento empresarial y articulando capacidades entre el sector público, el sector privado, la academia y la sociedad.

Porque los territorios que avanzan son aquellos que deciden creer en sus posibilidades y trabajar colectivamente para convertirlas en realidad.

Ese es el Valle del Cauca que estamos construyendo: un territorio que inspira confianza, genera oportunidades y se vuelve cada vez más irresistible para el mundo.

Si pudiera dejar tres prioridades económicas sobre la mesa del próximo alcalde de Cali, pensando en la ciudad del 2035, ¿cuáles serían y por qué?

La primera es transformar la base empresarial de Cali para que más empresas puedan crecer, innovar y exportar.

La ciudad cuenta con una base de más de 104 mil empresas, pero más del 90 % son microempresas y todavía son pocas las que logran aumentar su productividad, sofisticarse o insertarse en mercados internacionales.

La prioridad no debe ser solamente crear más empresas, sino lograr que las existentes escalen, incorporen tecnología, generen mayor valor agregado y creen empleo formal y de calidad.

La segunda es preparar el territorio para que la inversión pueda materializarse.

Cali necesita suelo productivo, reglas claras, movilidad eficiente, infraestructura de servicios, conectividad logística y seguridad jurídica.

Esto exige articular la política pública de desarrollo económico con el POT, de manera que la ciudad no solo atraiga inversión, sino que tenga las condiciones reales para recibirla, ampliarla y retenerla.

Sin suelo habilitado, infraestructura y previsibilidad normativa, la inversión y el crecimiento empresarial no pueden escalar.

La tercera es conectar el talento de Cali con las oportunidades de la economía del futuro.

Cerca del 46,5 % del empleo continúa siendo informal y persisten brechas entre la formación educativa y las capacidades que demandan las empresas.

La ciudad debe alinear la educación media, técnica, tecnológica y universitaria con sectores como salud, tecnología, manufactura avanzada, energía, bioeconomía y servicios empresariales, y convertir esa formación en trayectorias reales de empleo, emprendimiento y movilidad social.

Estas tres prioridades están estrechamente relacionadas: empresas que escalan, un territorio que habilita la inversión y talento conectado con empleos de calidad.

Si Cali logra avanzar simultáneamente en estos tres frentes, podrá llegar a 2035 con una economía más productiva, formal, sofisticada e incluyente.

Cuando Cali cumpla 500 años, ¿qué indicador le gustaría mirar y decir: “lo logramos, esta fue la transformación que conseguimos como ciudad”?

Cuando Cali cumpla 500 años, me gustaría que pudiéramos decir que construimos una ciudad donde crecer dejó de ser la excepción y se convirtió en la regla.

Una ciudad con más empresas creando valor, más personas accediendo a empleo formal, más compañías compitiendo en mercados internacionales y un tejido empresarial capaz de transformar la vida de miles de familias.

Ese será el verdadero indicador de éxito: una ciudad donde el crecimiento económico se traduzca en más oportunidades para todos.

Pero hay un indicador que no aparece en ningún tablero de control y que, para mí, será el más importante: haber transformado nuestra mentalidad como región.

Que hayamos dejado de preguntarnos por qué no podemos y empecemos a preguntarnos hasta dónde podemos llegar.

Que nos reconozcamos como un territorio con el mejor talento de Colombia, una ubicación estratégica privilegiada, una enorme capacidad empresarial y todas las condiciones para crecer.

Porque los territorios crecen en la medida en que creen en sí mismos.

En la Cámara de Comercio de Cali decimos que el talento no se importa: se cultiva, se multiplica y se empodera.

Por eso entendemos el desarrollo desde tres grandes apuestas. Formar empresarios que lideren negocios cada vez más competitivos; preparar el talento que hoy las empresas necesitan para crecer; y construir autonomía económica para que más personas puedan transformar una idea en una empresa y una empresa en un proyecto de vida.

Todos los días nos hacemos una pregunta muy sencilla: ¿qué empresario vallecaucano no está creciendo hoy y qué vamos a hacer para cambiar esa realidad?

Esa es la forma en que medimos nuestro impacto: más empresas que crecen, más empresas que se formalizan, más empresas que exportan, menos fricciones para emprender y hacer empresa, más productividad y más empleo.

Pero nuestro propósito es aún más ambicioso: que el crecimiento ocurra en todos los lugares.

Que cualquier empresario —sin importar su tamaño, su barrio, su municipio o el punto de partida de su negocio— encuentre las condiciones para crecer.

Ese día podremos decir que construimos una ciudad verdaderamente competitiva.

Y, sobre todo, que aprendimos a creer en lo nuestro, a valorar nuestro talento y a entender que el Valle del Cauca no es un territorio que espera oportunidades: es un territorio lleno de posibilidades que las crea.


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