Cali, julio 24 de 2026. Actualizado: viernes, julio 24, 2026 15:47
Guía preventiva para evitar picaduras
Cómo defendernos de los mosquitos: qué funciona y qué no contra la plaga veraniega
Los mosquitos son responsables de la transmisión de decenas de enfermedades y, según estimaciones, pueden provocar hasta un millón de muertes al año en el mundo, 600 mil de ellas por malaria.
El cambio climático facilita la expansión de especies tropicales, por lo que es importante conocer qué medidas de protección están respaldadas por la ciencia y cuáles son mitos o productos poco eficaces.
El repelente DEET es el estándar histórico: patentado en 1946 y de uso civil desde 1957, sigue siendo uno de los más eficaces y baratos.
Protege durante horas y su eficacia se mantiene mejor que la de muchos productos naturales, aunque su textura aceitosa puede resultar incómoda y puede dañar plásticos y tejidos sintéticos.
La picaridina (icaridina) es la alternativa que, en ensayos, ha igualado su eficacia sin disolver plásticos ni dejar sensación grasa; concentraciones alrededor del 20 % ofrecen una protección comparable.
Además del repelente tópico, las barreras físicas y los insecticidas siguen siendo herramientas clave.
Las mosquiteras, preferiblemente impregnadas con permetrina, y los difusores eléctricos o emanadores espaciales homologados son recomendados en áreas de riesgo.
La Organización Mundial de la Salud ha respaldado recientemente el uso de emanadores para control de vectores en contextos de malaria.
Sin benficio
Varios productos muy vendidos ofrecen poco o ningún beneficio: las velas de citronela apenas reducen la atracción de mosquitos en estudios controlados; las lámparas con luz ultravioleta atraen sobre todo otros insectos beneficiosos y apenas capturan mosquitos; las pulseras impregnadas, los dispositivos de ultrasonidos, las apps que emiten sonidos y los suplementos orales como la vitamina B1 no han demostrado protección consistente.
La ropa tratada con permetrina puede ayudar, pero no protege las zonas descubiertas y pierde eficacia tras varios lavados.
La investigación avanza en entender el olfato del mosquito y en diseñar repelentes más específicos, pero esto lleva tiempo: estudios muestran que los insectos pueden incluso aprender a asociar ciertos olores con alimento, lo que complica la búsqueda de soluciones nuevas.
Mientras tanto, para reducir picaduras conviene priorizar medidas probadas —mosquiteras, repelentes con DEET o picaridina según la situación, insecticidas autorizados y cubrir la piel en la medida de lo posible— y desconfiar de reclamos comerciales sin respaldo científico.
Nota de Transparencia
Este artículo fue generada con IA, a partir de información del Servicio de Información y Noticias Científicas, SINC. El contenido final fue revisado por un miembro del equipo de redacción del Diario Occidente.

