Cali, febrero 7 de 2026. Actualizado: sábado, febrero 7, 2026 00:01

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Retos de liderar en tiempos de inteligencia artificial

Retos de liderar en tiempos de inteligencia artificial
Foto: BIU
viernes 6 de febrero, 2026

La confianza en la inteligencia artificial no crece al mismo ritmo que su adopción. Según cifras recientes de KPMG, el nivel de confianza de las personas en la IA cayó del 61% al 53% en los últimos cinco años, un dato que invita a mirar más allá del entusiasmo tecnológico y a preguntarse por los temores reales que esta transformación está generando.

Para la docente de BIU, Martha Alicia Alles, esta caída no es casual ni superficial: responde a una comprensión más profunda —y también más crítica— de lo que implica convivir con tecnologías cada vez más influyentes en la toma de decisiones.

Uno de los errores más comunes, explica Alles, es atribuirle a la inteligencia artificial una responsabilidad que no le corresponde. “El uso bueno o malo, adecuado o inadecuado que se realice de la inteligencia artificial va a depender de la persona en sí misma”, afirma.

En ese sentido, la IA no es un ente autónomo con valores propios, sino un amplificador de las intenciones humanas. Un líder con principios éticos utilizará estas tecnologías para potenciar el talento y la productividad; uno sin ellos, podría convertirlas en un riesgo para las personas y la organización.

Este enfoque desplaza el debate desde la herramienta hacia quien la utiliza. Para los líderes —no solo tecnológicos, sino de cualquier área— el verdadero desafío no está en aprender a “usar” la IA, sino en definir desde qué valores se hace. La confianza, entonces, no se reconstruye con más software, sino con coherencia ética y criterio humano.

El reto se vuelve aún más complejo cuando se habla de datos y privacidad. La facilidad con la que las personas comparten información, muchas veces por desconocimiento, expone tanto a individuos como a organizaciones.

Alles lo explica con una metáfora sencilla pero contundente: “Si yo salgo de mi casa y dejo la puerta abierta, me expongo a que alguien entre y se lleve algo. Lo mismo sucede con la información que yo subo sin control”.

La responsabilidad, aclara, es doble: personal y organizacional. Las empresas no pueden ignorar la realidad digital actual ni “tapar el sol con las manos”; deben diseñar procedimientos, políticas y resguardos acordes con el mundo en el que operan.

En este escenario, el liderazgo enfrenta un límite claro: no delegar en la tecnología decisiones que requieren juicio humano. Automatizar procesos no puede significar deshumanizar la gestión del talento.

Para Alles, valores como el respeto, la integridad, la prudencia y la justicia —lejos de ser conceptos abstractos— son hoy activos estratégicos.

No hablo de romantizar los valores, sino de llevarlos al mundo cotidiano de las empresas y las relaciones laborales”, señala.

El trabajo híbrido y la virtualidad han puesto a prueba estas competencias. Gestionar equipos sin presencia física exige pasar del control a la confianza, de la supervisión constante a la gestión por objetivos y resultados.

Aquí, la tecnología puede ser aliada, pero nunca sustituto del criterio. Evaluar desempeño, comunicar expectativas claras y observar comportamientos sigue siendo clave, con o sin IA.

De cara al futuro, Alles es clara: el mayor riesgo no es la inteligencia artificial, sino el miedo paralizante que impide comprenderla. La IA “está, y va a seguir estando”, advierte.

Por eso, más que prohibiciones o restricciones reactivas, el camino para los líderes es el aprendizaje continuo, la apertura al cambio y la capacidad de integrar tecnología y humanidad en una misma ecuación.


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