Cali, febrero 7 de 2026. Actualizado: sábado, febrero 7, 2026 00:01

Un 2026 marcado por tensiones geopolíticas y diversificación de origen

Auge de incertidumbre y oportunidades en el sector agroquímico

Auge de incertidumbre y oportunidades en el sector agroquímico
Foto: Pixabay
viernes 6 de febrero, 2026

El mercado global de fertilizantes y agroquímicos transita por un periodo de alta volatilidad e incertidumbre, con implicaciones clave para Colombia.

El año 2025 cerró con incrementos significativos en los precios internacionales de los principales fertilizantes: la urea subió un 25%, el fosfato diamónico (DAP) un 22% y el cloruro de potasio (KCL) un 18%.

Pese a una caída general del petróleo, el alza del gas natural y las restricciones impuestas por China a sus exportaciones fueron determinantes en esta tendencia.

Para 2026, los analistas no logran consenso. Mientras algunos anticipan una reducción en la capacidad global de compra debido a los bajos precios de granos y cereales, otras proyecciones —como las de Fitch Ratings— apuntan a precios altos sostenidos, impulsados por recortes en la producción en países clave como Trinidad y Tobago y Arabia Saudita.

La guerra en Ucrania sigue siendo un factor determinante: una eventual resolución podría mejorar la logística exportadora de Rusia y reducir costos de producción en Europa, revitalizando plantas actualmente inactivas.

Distorsiones globales y choques geopolíticos

La estructura del mercado se está transformando. China, segunda potencia exportadora, sigue restringiendo las salidas de fertilizantes según sus intereses internos.

En contraste, India mantiene subsidios directos a sus importaciones, mientras la Unión Europea ha comenzado a aplicar el mecanismo CBAM, que grava productos intensivos en emisiones como los fertilizantes nitrogenados.

En América, Estados Unidos ha eliminado ciertos aranceles, mientras que el Caribe vive un reacomodo: el cierre parcial de plantas en Trinidad y Tobago, debido a la falta de gas natural competitivo, es una señal preocupante.

Sin embargo, la posible recuperación económica y energética de Venezuela abre un panorama interesante para Colombia: la cooperación trilateral entre Venezuela, Trinidad y Colombia podría ser clave en el suministro futuro de urea y otros insumos.

Colombia: planificación, diversificación y resiliencia

Frente a este entorno complejo, Colombia ha demostrado capacidad de adaptación. Durante 2025, el país importó 1,94 millones de toneladas de fertilizantes hasta octubre, un 10% más que en el mismo periodo del año anterior.

Por primera vez, China superó a Rusia como principal proveedor de nitrogenados, aunque esta última sigue liderando en fosfatados junto a EE. UU. En potásicos, Canadá continúa al frente, mientras que en fertilizantes compuestos emergen nuevos actores como Noruega y Finlandia.

La apreciación del peso colombiano y una estrategia de compra anticipada ayudaron a mitigar el impacto inflacionario. Mientras los precios globales crecieron 22%, el ajuste interno fue del 14%.

En cuanto a los plaguicidas, la recuperación de capacidades productivas en India y China, sumada a una mayor competencia de productos genéricos, permitió una moderación de precios.

Sin embargo, la guerra arancelaria con Ecuador representa un nuevo desafío. Este país, principal destino de las exportaciones colombianas de fertilizantes (20%), ha impuesto un arancel del 30%, lo que podría hacer inviable este canal comercial y afectar una parte relevante de la producción nacional.

2026: ¿un año de consolidación?

Los pronósticos climáticos para el primer semestre de 2026 son optimistas. Se espera una fase neutra del fenómeno ENSO, lo que impulsaría la inversión agrícola en fertilización y manejo de plagas.

Pero de consolidarse El Niño hacia la segunda mitad del año, podría haber una racionalización en el uso de nitrogenados, favoreciendo fósforo y potasio.

La siembra de cultivos transitorios y los mejores precios al productor anticipan una posible expansión en la demanda de agroquímicos en el corto plazo.

En resumen, 2026 arranca con un entorno de alta complejidad para el sector agroquímico colombiano, pero también con señales de oportunidad.

La clave estará en la diversificación de proveedores, la capacidad de anticipar cambios regulatorios y geopolíticos, y una estrategia nacional que mantenga la competitividad sin perder de vista los riesgos ambientales y logísticos globales.


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