Cali, julio 29 de 2026. Actualizado: martes, julio 28, 2026 18:55
¿Y si deja de llover?
El plan B que tendría Colombia para evitar un nuevo racionamiento de energía
Embalses, termoeléctricas, gas importado, cogeneración y ahorro de energía hacen parte de la estrategia para enfrentar un posible Fenómeno de El Niño.
Sin embargo, expertos advierten que el verdadero desafío no sería solo mantener encendidas las luces, sino evitar un impacto en la inflación, la industria y la producción de alimentos.
Cada vez que Colombia escucha hablar de un posible Fenómeno de El Niño, inevitablemente regresa a la memoria el fantasma de los apagones.
La razón es sencilla: el país produce cerca del 70% de su electricidad a partir de centrales hidroeléctricas, por lo que varios meses consecutivos con pocas lluvias reducen el nivel de los embalses y ponen bajo presión todo el sistema energético.
Aunque las autoridades insisten en que hoy el país cuenta con mejores herramientas para enfrentar un episodio de sequía que las que existían décadas atrás, la pregunta sigue siendo válida: ¿qué ocurriría si las lluvias disminuyeran de manera drástica durante varios meses? Más que un único plan de emergencia, Colombia tendría que activar una serie de medidas simultáneas para evitar que la falta de agua termine convirtiéndose en un racionamiento de energía.
El primer escudo son los embalses. Durante los meses de invierno, el sistema eléctrico acumula reservas de agua que posteriormente se utilizan cuando disminuyen las precipitaciones.
Mientras esos niveles se mantengan por encima de los umbrales técnicos definidos por el operador del sistema, la generación hidroeléctrica puede seguir respondiendo a la demanda nacional.
Sin embargo, un Fenómeno de El Niño prolongado acelera el consumo de esas reservas y obliga a buscar fuentes alternativas de generación.
Allí aparece el segundo componente del plan: las plantas termoeléctricas.
Estas centrales funcionan con gas natural, carbón o combustibles líquidos y tienen la capacidad de sustituir buena parte de la energía que dejan de producir las hidroeléctricas cuando los embalses bajan.
En la práctica, son el respaldo del sistema eléctrico colombiano.
Gas natural
No obstante, este respaldo también enfrenta desafíos. Diversos análisis económicos han advertido que un episodio fuerte de El Niño incrementaría considerablemente la demanda de gas natural para generación eléctrica, justo en momentos en que Colombia avanza hacia una mayor dependencia de importaciones para cubrir parte de su consumo.
Si la disponibilidad de gas resulta insuficiente, el costo de producir electricidad aumentaría y sectores intensivos en energía, como la industria cementera, podrían enfrentar mayores costos operativos.
El tercer componente consiste en administrar la demanda antes de llegar a medidas más drásticas.
Las campañas de ahorro voluntario, los incentivos para reducir el consumo en horas de mayor demanda y los programas de uso eficiente de la energía permiten disminuir la presión sobre el sistema sin necesidad de imponer cortes programados.
La experiencia reciente ha demostrado que pequeños cambios en los hábitos de consumo de millones de hogares pueden representar un alivio importante para la red eléctrica.
El costo económico
Sin embargo, el verdadero impacto de un verano extremo iría mucho más allá del servicio de energía.
La reducción de las lluvias también tendría consecuencias directas sobre la economía.
Estudios recientes proyectan disminuciones importantes en las precipitaciones en varias regiones agrícolas del país, afectando cultivos como arroz, maíz, café, papa, palma, banano y plátano, además de la ganadería.
Una menor producción agrícola suele traducirse en mayores precios de los alimentos, uno de los componentes con mayor peso dentro de la inflación.
Si los alimentos se encarecen, el Banco de la República enfrenta mayores dificultades para reducir las tasas de interés, prolongando el costo elevado de los créditos para familias y empresas.
En otras palabras, una sequía puede terminar afectando el bolsillo de todos los colombianos incluso si nunca llega a producirse un apagón.
La industria tampoco saldría indemne. Empresas con alto consumo energético tendrían que asumir mayores costos de producción por el incremento en el precio de la electricidad y del gas, reduciendo su competitividad en un momento en que muchas ya enfrentan presiones derivadas de la apreciación del peso, mayores costos laborales y un entorno internacional más incierto.
La cogeneración, una alternativa
Frente a este panorama, cobra importancia una fuente de energía que pocas veces ocupa los titulares: la cogeneración.
En departamentos como el Valle del Cauca, los ingenios azucareros producen electricidad a partir del bagazo de caña y entregan parte de esa energía al Sistema Interconectado Nacional.
Durante episodios de alta demanda, esta generación puede convertirse en un apoyo relevante para fortalecer la oferta eléctrica.
A ello se suman proyectos de energía solar, eólica y nuevas tecnologías de almacenamiento que, aunque todavía representan una participación menor dentro de la matriz energética, cada año adquieren mayor importancia para diversificar las fuentes de generación y reducir la dependencia de las lluvias.
Por eso, la verdadera discusión ya no consiste únicamente en preguntarse si Colombia volverá a sufrir un racionamiento de energía.
El reto consiste en acelerar las inversiones que permitan contar con una matriz energética más diversificada, ampliar la infraestructura de gas, fortalecer las redes de transmisión e incorporar nuevas fuentes renovables antes de que un fenómeno climático vuelva a poner a prueba la capacidad del sistema.
Porque si el próximo Fenómeno de El Niño llega con la intensidad que algunos modelos climáticos anticipan, el éxito del país no dependerá únicamente de mantener encendidas las luces, sino de evitar que una crisis climática termine convirtiéndose en una crisis económica.

