Cali, marzo 3 de 2026. Actualizado: martes, marzo 3, 2026 15:28

Ataque de EE. UU. e Israel, a Irán

Represalias se han extendido a otros países y provocado fuertes incrementos en precios de energéticos

Represalias se han extendido a otros países y provocado fuertes incrementos en precios de energéticos
Foto: Pixabay
lunes 2 de marzo, 2026

Durante el fin de semana, EE. UU. -Israel realizaron un operativo militar en Irán que eliminó al líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei.

El operativo ha sido acompañado de ataques a las capacidades ofensivas iraníes, que a su vez, han respondido con ataques a bases militares occidentales en la región e infraestructura energética de países del gofo pérsico.

El efecto más relevante ha sido el cierre del estrecho de Ormuz, punto logístico de gran importancia estratégica para el petróleo y el gas natural a nivel global, ocasionando un incremento del Brent de 10% respecto al cierre del jueves pasado, y del gas natural en más de 30% para la referencia europea.

¿Cuál ha sido la reacción de mercado?

Los principales mercados accionarios han reaccionado negativamente (aunque en magnitud relativamente moderada) a los acontecimientos, presentando elevada volatilidad intradía (con la salvedad del S&P 500, que se mantiene lateral), apreciación global del dólar e incrementos en la curva de tasas de los Tesoros entre 6 y 12 pb, ante los riesgos inflacionarios derivados de los mayores precios del petróleo y gas.

El consenso de analistas internacionales no anticipa un conflicto prolongado, aunque eso depende crucialmente de los objetivos de EE. UU. para Irán: si pretenden un cambio de régimen o no, o una desarticulación total de la capacidad ofensiva de aquel país, así como de su capacidad nuclear, etc.

En función de eso, y de la debilidad o fortaleza del régimen iraní, es posible considerar que este evento, a diferencia de lo observado el año pasado (“la Guerra de los Doce Días”) sea más extendido y que, por lo tanto, sus efectos sean algo más profundos.

Dicho lo anterior, no consideramos que este nuevo conflicto tenga el impacto y la duración de lo observado en 2022 durante el inicio de la invasión rusa a Ucrania.

Esto, por la presión internacional que se ejercería para que el estrecho de Ormuz sea reabierto a fin de no causar una disrupción grave para economías como China, altamente dependiente de esta ruta para abastecerse de energía, así como otras naciones asiáticas.

Impacto transitorio

Los analistas estiman que este nuevo enfrentamiento tenga impactos transitorios sobre los precios globales de la energía, lo que solo ameritaría revisiones inmateriales en los pronósticos de crecimiento, inflación y tasas de política monetaria.

Sin embargo, los riesgos de cola no son despreciables si el conflicto se prolonga o escala, y los impactos en precios energéticos, las condiciones financieras y las expectativas se acumulan.

Al respecto, la falta de claridad en los objetivos a perseguir por parte de EE. UU. en Irán amplifica los riesgos, pero se esperan definiciones al respecto en el corto plazo, inyectando algo de certidumbre al mercado.

Por otro lado, con la muerte de Alí Jamenei y tras el daño recibido durante la Guerra de los Doce Días, el régimen ayatolá se encuentra en su momento más débil en décadas, por lo que puede derrumbarse bajo la presión de EE. UU.-Israel si sus aliados más importantes (China y Rusia) se abstienen de apoyarlos.

En caso de suceder, aun quedaría pendiente ver si EE. UU. e Israel pueden imponer condiciones para una transición ordenada que deprima materialmente los precios de la energía a los niveles de principios de año.

Tomando en cuenta lo anterior, no consideramos que lo acontecido justifique de momento un cambio en la visión de recomendación: la resiliencia de la economía global a choques negativos de oferta es mucho más alta que en el pasado tras los aprendizajes de la pandemia global y la guerra ruso-ucraniana, mientras que los factores fundamentales de demanda (pleno empleo, déficit fiscales, condiciones financieras laxas, inversión histórica de capital por IA, buenos balances privados, etc.) permitirían que cualquier desabasto parcial y temporal de energía sea sobrellevado.

Así, mantenemos la apuesta por los activos de riesgo, donde los recientes eventos geopolíticos refuerzan nuestra posición negativa en Europa, región que se vería afectada vía precios del gas licuado.

Por otra parte, seguimos positivos en acciones emergentes y el crédito, financiados por Tesoros.


Represalias se han extendido a otros países y provocado fuertes incrementos en precios de energéticos

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