Cali, marzo 10 de 2026. Actualizado: lunes, marzo 9, 2026 22:36
Estudio sobre temperatura
La mortalidad por frío en Madrid cae casi un 90% en 130 años
Un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) analizó 1,9 millones de fallecimientos en Madrid entre 1890 y 2019 para evaluar la evolución de la relación entre temperatura y mortalidad.
Los resultados, publicados en Scientific Reports, muestran que las muertes atribuibles al frío han descendido de forma drástica a lo largo del siglo XX, mientras que el riesgo asociado al calor extremo se ha mantenido relativamente estable en las últimas décadas.
El estudio cuantifica reducciones importantes: las muertes por frío extremo pasaron del 2,2 % en 1890-1899 al 0,3 % en 2010-2019, y las atribuibles al frío moderado se redujeron del 10,8 % al 1 % en ese mismo periodo.
En cuanto al calor, las muertes por calor moderado bajaron de 1,8 % a 0,6 %, mientras que las asociadas al calor extremo apenas se redujeron, del 1,2 % al 0,8 %, y se han estabilizado en torno al 1 % desde comienzos de los años 2000.
Para estas estimaciones los investigadores emplearon Modelos No Lineales de Retardo Distribuido (DLNM), que permiten analizar la intensidad de la exposición térmica y su efecto en días posteriores.
Los autores subrayan que la disminución de la mortalidad por frío no se explica solo por el calentamiento global —la temperatura media en Madrid ha aumentado aproximadamente 2,2 °C desde finales del siglo XIX— sino también por mejoras sociales y tecnológicas.
La expansión de infraestructuras urbanas, la generalización de sistemas de calefacción, mejores servicios sanitarios y el aumento de la esperanza de vida han reducido la vulnerabilidad frente al frío, explican Dariya Ordanovich y Diego Ramiro Fariñas, investigadores del IEGD-CSIC.
Un riesgo
Madrid ha experimentado además un crecimiento demográfico y un envejecimiento poblacional que influyen en el balance de riesgos: la ciudad pasó de unos 470.000 habitantes a más de 3,5 millones y alrededor del 20 % de la población tiene más de 65 años.
Según los autores, las personas mayores son históricamente más vulnerables tanto al frío como al calor, y el envejecimiento contribuye a la persistencia del riesgo por calor extremo, especialmente en un contexto de mayor frecuencia e intensidad de olas de calor desde los años 80.
Los hallazgos apuntan a una adaptación a largo plazo compleja, condicionada por factores climáticos, demográficos, socioeconómicos y tecnológicos.
Los investigadores concluyen que, aunque la ciudad ha reducido su vulnerabilidad al frío, sigue siendo necesario mantener y adaptar estrategias de prevención dirigidas a los grupos más vulnerables, reforzar la vigilancia sanitaria y planificar medidas de protección en episodios de calor extremo.

