Cali, abril 4 de 2026. Actualizado: miércoles, abril 1, 2026 21:26
125 años de espera: el Valle del Cauca reclama su lugar en la historia
Hay momentos en la historia de una región que no se repiten. Instantes en los que una oportunidad largamente postergada vuelve a tocar la puerta, casi como un recordatorio de que los territorios también tienen derecho a soñar en grande.
Hoy, con la candidatura presidencial de Roy Barreras, el Valle del Cauca vive precisamente uno de esos momentos. Después de más de 125 años sin que un vallecaucano llegue a la Presidencia, la región tiene ante sí la posibilidad real de romper un ciclo de ausencia, de silencio y de subrepresentación en las decisiones nacionales.
No es poca cosa. El Valle ha sido motor económico, cultural, deportivo y social del país; ha sido cuna de resistencias, de creatividad, de diversidad y de innovación.
Y aun así, nunca ha tenido un presidente que lleve en su ADN la complejidad y la riqueza de esta tierra.
Por eso, la sola posibilidad de que un vallecaucano aspire con fuerza a la Casa de Nariño despierta algo más profundo que un cálculo electoral: despierta un sentimiento de justicia histórica.
Pero la relevancia de esta candidatura no se agota en el origen regional. Roy Barreras llega con un atributo que hoy es escaso y, por lo mismo, valioso: experiencia real en el funcionamiento del Estado.
En tiempos en los que la improvisación se ha vuelto costumbre y la curva de aprendizaje de los gobiernos se paga con el bienestar de millones, la experiencia no es un lujo, es una necesidad.
Después de dos administraciones que han mostrado enormes dificultades para ejecutar políticas sociales con eficacia —una por falta de pericia técnica, otra por falta de claridad estratégica—, Colombia necesita un liderazgo que entienda cómo se mueve la maquinaria estatal y cómo se convierte una idea en una política pública que funcione.
Ese conocimiento no se improvisa. Se construye en el debate legislativo, en la negociación política, en la comprensión de los territorios, en la lectura de la institucionalidad.
Y es precisamente ahí donde Barreras ha demostrado una trayectoria que pocos pueden igualar.
Pero quizá el aporte más urgente de su candidatura no está en la técnica, sino en el clima político que puede generar.
Colombia lleva años atrapada en una polarización tóxica que ha fracturado familias, regiones y sectores sociales.
La política se convirtió en un campo de trincheras donde los extremos se alimentan mutuamente, mientras la ciudadanía queda atrapada en medio de un fuego cruzado que no resuelve nada. En ese escenario, la figura de Barreras representa algo que el país necesita con urgencia: la posibilidad de despolarizar.
Su trayectoria, marcada por la capacidad de tender puentes y dialogar con orillas distintas, lo convierte en un candidato capaz de hablarle al país sin exacerbar miedos ni alimentar odios.
Y eso, en un momento en el que algunos sectores siguen intentando capitalizar electoralmente la rabia, es casi un acto de responsabilidad democrática.
El Valle del Cauca, con su diversidad étnica, cultural y social, sabe mejor que nadie lo que significa convivir en la diferencia.
Por eso, no es casual que desde esta región surja una candidatura que invita a cerrar brechas, a superar la lógica del enemigo interno y a construir un país donde la política vuelva a ser un espacio de acuerdos y no de destrucción.
La candidatura de Roy Barreras no es solo un hecho electoral. Es un símbolo. Es la posibilidad de que el Valle del Cauca, después de más de un siglo, tenga voz en la conducción del país.
Es la oportunidad de que Colombia recupere la sensatez, la experiencia y la capacidad de ejecución que tanto necesita. Y es, sobre todo, una invitación a dejar atrás la polarización que nos ha consumido y a construir un futuro donde las diferencias no sean un arma, sino una riqueza.
El país está ante una encrucijada. Y el Valle, por primera vez en mucho tiempo, tiene la posibilidad de marcar el rumbo.
