Cali, septiembre 14 de 2026. Actualizado: lunes, septiembre 14, 2026 12:05
Bogotá a la Mamdani, ¿por qué no Cali a lo Reagan?
Ha pasado un mes desde el fuerte terremoto que sacudió a nuestra ciudad y que dejó al descubierto las calidades humanas intrínsecas de cada caleño.
Durante esos días vimos muestras de solidaridad y generosidad que confirman lo fuertes y capaces que somos para sobreponernos a la adversidad.
A medida que pasan los días, vamos dejando atrás el dolor de la tragedia (que en algunos casos dejará cicatrices de por vida) para concentrarnos en la recuperación de la ciudad.
Esto implica pensar en cómo disminuir el déficit cuantitativo y cualitativo de vivienda, cómo recuperar la infraestructura pública afectada y cómo garantizar un entorno institucional propicio para la actividad empresarial y la generación de empleo.
Mientras discutimos cómo salir adelante, debemos estar atentos a las ventajas comparativas que tenemos como ciudad y como departamento, e identificar los costos de oportunidad que nos permitan producir más y con mejor calidad.
En medio de esta discusión ha surgido una oportunidad que Cali no puede dejar pasar.
Mientras Cali adelanta esta discusión, Bogotá, bajo la administración de Galán, ha optado por tramitar una reforma al estatuto tributario distrital al mejor estilo del socialista neoyorquino Zohran Mamdani; un proyecto que incrementa el Impuesto de Industria y Comercio (ICA) a licores, vehículos, libros y servicios financieros, y que crea además una sobretasa al predial.
Bogotá ha sido durante años cuna de la socialdemocracia en Colombia, y hoy demuestra de forma tajante su animadversión hacia el sector privado, mientras mantiene intacta una estructura burocrática paquidérmica.
Frente a este panorama, si Bogotá quiere un sistema a lo Mamdani, Cali tiene la oportunidad de implantar uno a lo Reagan, fundamentado en tres pilares.
Primero, una reducción significativa de los impuestos que incentive la inversión en la ciudad y la haga competitiva frente a Medellín y Barranquilla.
Segundo, una reforma profunda de la administración distrital que reduzca drásticamente el gasto público, corrija las afectaciones al marco fiscal de mediano plazo y permita a la ciudad avanzar hacia el déficit cero.
Y tercero, una desregulación que facilite la creación de empresas formales de todos los tamaños.
Reducir el gasto público no significa abandonar la solución al déficit de vivienda que dejó el terremoto; significa trasladar esa solución al sector privado.
Con los incentivos tributarios del primer pilar y la desregulación del tercero, Cali puede atraer constructoras que le apuesten a la construcción de vivienda nueva y a la remodelación de la vivienda afectada, con estándares de calidad y a precios competitivos frente a las demás ciudades capitales del país.
Es el mercado, y no el estatismo, el que debe cerrar esa brecha.
A esta oportunidad interna se suma una de carácter internacional.
El Gobierno nacional ha anunciado su interés en suscribir, como Estado miembro de la Alianza del Pacífico, el acuerdo comercial con Singapur.
Cali tiene todo para ser la capital del Pacífico; está ubicada en el Pacífico colombiano y cuenta con la mejor infraestructura de toda esa región (comparado con el Chocó y con Nariño, por ejemplo), lo que la posiciona de manera natural para maximizar los beneficios de este mecanismo de integración económica.
Entre los propósitos de la Alianza está la unificación de las bolsas de valores de Colombia, Perú, Chile y México.
Con el aumento confiscatorio del ICA al sector financiero impulsado por la administración Galán, Cali tiene la oportunidad de convertirse en la capital financiera de Colombia y de prepararse para recibir el turismo y la inversión provenientes de los países de la Alianza, así como los que pueda traer un eventual acuerdo comercial con Singapur.
Esto exige conversaciones plurales con distintos sectores económicos que le apuesten a trasladar su domicilio legal de Bogotá a Cali.
Requiere, además, una gran apuesta por proyectos de infraestructura que modernicen el puerto de Buenaventura y mejoren de manera considerable la conectividad aérea con Singapur, Chile, México y Perú.
A esto se suma el fortalecimiento de la internacionalización de la educación, conectando y facilitando el intercambio de saberes entre nuestras universidades (como la Javeriana Cali, Icesi, Santiago de Cali, San Buenaventura y Libre, entre otras) y las universidades de los países de la Alianza.
Pero nada de esto funciona sin seguridad.
Por eso todo lo anterior debe ir de la mano con una política de seguridad nacional clara, coordinada con los municipios y el departamento, que permita erradicar el terrorismo, el narcotráfico, el reclutamiento de menores, la trata de personas y la extorsión en nuestro territorio.
Los incentivos tributarios y la desregulación no sirven de nada si el inversionista no tiene garantías de seguridad física y jurídica; ambas son requisitos sine qua non para generar confianza en quienes van a apostarle a Cali.
Todo esto se puede lograr con voluntad política, pragmatismo y una meta clara y ambiciosa; hacer de Cali una de las ciudades con mayor crecimiento y desarrollo económico del país y de Latinoamérica.
Las reformas administrativas son de corto plazo, pero sus beneficios se verán a lo largo del tiempo.
El alcalde Alejandro Eder y el Concejo de Cali tienen ante sí una oportunidad gigantesca para pasar a la historia como los grandes reformistas; aquellos que, en medio de la tragedia, radicaron en un solo paquete la reforma tributaria y la reforma administrativa que Cali necesita, y le dijeron no al estatismo y sí a la libertad.
