Cali, septiembre 14 de 2026. Actualizado: lunes, septiembre 14, 2026 12:05

Víctor Manuel García

¿Estamos al borde de una tercera guerra mundial?

Víctor Manuel García

La pregunta ya no pertenece a los alarmistas ni a los aficionados a la geopolítica.

Pertenece a cualquiera que observe con rigor el mapa del mundo.

La multiplicación de frentes de conflicto, su articulación entre sí y la acelerada reconfiguración del poder global han convertido esta década en la más volátil desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

No estamos —todavía— ante una guerra mundial convencional, pero sí frente a un periodo de transición geopolítica que podría desembocar en una confrontación global si las tensiones siguen escalando.

Lo más inquietante no es la cantidad de conflictos, sino su interconexión. Las guerras ya no son locales: son nodos de un tablero global donde cada movimiento altera otro.

1. Ucrania, Irán, Corea del Norte y la visita que nadie esperaba

La guerra en Ucrania dejó de ser un conflicto europeo. Es un conflicto sistémico. Rusia no solo recibe munición norcoreana: hoy combate con cerca de 30 mil tropas norcoreanas desplegadas en su frente oriental, un hecho que rompe cualquier frontera regional y vincula directamente a Asia con la guerra en Europa.

Al mismo tiempo, Estados Unidos enfrenta un desgaste profundo en su confrontación con Irán, mientras Trump reduce su apoyo a Corea del Sur.

Ese retiro parcial incrementa el riesgo de tensión en la península coreana, donde Pyongyang interpreta cada vacilación estadounidense como una ventana de oportunidad y da espacios como la presentación de su nuevo destructor de su marina de guerra.

A esto se suma un hecho inquietante: la visita exprés del director de la CIA a Moscú en las últimas semanas. Un viaje inusual, que solo ocurre cuando algo está a punto de pasar.

En diplomacia de inteligencia lo expertos interpretan las visitas improvisadas no como gestos sino como advertencias.

La pregunta es evidente: ¿cuántos frentes simultáneos puede sostener Estados Unidos sin fracturar su capacidad estratégica?

2. Turquía vs. Israel: el Mediterráneo vuelve a hervir

La tensión entre Turquía e Israel es el frente menos discutido, pero quizás el más explosivo. Turquía es militarmente más poderosa que Irán y miembro de la OTAN. Israel, por su parte, cuenta con apoyo occidental y con el respaldo tácito de Grecia, su viejo aliado y rival histórico de Turquía.

Los ataques israelíes en zonas de influencia turca en Siria no son incidentes aislados: son señales de un choque regional en construcción.

El Mediterráneo oriental vuelve a ser un tablero de rivalidades superpuestas: Turquía vs. Grecia, Turquía vs. Israel, Israel vs. Irán, Irán vs. Arabia Saudita.

Cada actor mueve fichas que afectan a otro. Cada ataque tiene repercusiones fuera del mapa inmediato.

3. Turquía, Arabia Saudita y Pakistán: un nuevo bloque inesperado

Mientras tanto, emerge una alianza inesperada: Turquía, Arabia Saudita y Pakistán. Tres potencias regionales que buscan contrapesar a Israel, Irán e India.

Esta articulación combina capacidad militar, influencia religiosa, poder económico y capacidad nuclear con presencia estratégica potencial desde el Mediterráneo hasta el sur de Asia.

Es un bloque que busca reconfigurar el equilibrio regional y que podría convertirse en un actor decisivo en cualquier escalada global, en medio de un declive de las capacidades de Estados Unidos en esa zona del mundo.

4. Estados Unidos: desgaste militar y pérdida de influencia

Estados Unidos atraviesa un desgaste militar profundo. Su confrontación con Irán ha demostrado limitaciones operativas: incapacidad para contener la escalada regional, para proteger a sus aliados y para desbloquear el estrecho de Ormuz. A esto se suma la nueva amenaza de los hutíes en Bab el‑Mandeb, que compromete rutas marítimas críticas.

Washington enfrenta un dilema: demasiados frentes, demasiados compromisos, demasiada presión interna. Su capacidad de disuasión ya no es incuestionable y su influencia diplomática ya no es automática, además de un creciente rechazo hacia la nueva doctrina de política exterior del gobierno de este país.

5. Europa abandona el pacifismo: Alemania se rearma

Europa vive su mayor transformación militar desde la Segunda Guerra Mundial.

Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y Polonia están en una carrera armamentista acelerada.

El continente que durante siete décadas apostó por el pacifismo ahora invierte miles de millones en defensa, reactiva industrias militares y prepara escenarios de confrontación, y no podemos tapar el “sol con un dedo”, el hecho del rearme alemán que sumado al resurgimiento de la ultraderecha en ese país, revive fantasmas del pasado que hasta hoy parecían “enterrados”, pero que vemos poco a poco se comienzan a insertar en el contexto global actual.

Europa no quiere la guerra, pero se está preparando para ella. Eso, por sí solo, es un síntoma del cambio de época.

Y en todo este entramado internacional hay un ganador: China.

Mientras Estados Unidos se desgasta y Europa se rearma, los chinos observan, no intervienen por lo menos no directamente, pero avanza diplomática y económicamente.

Su máquina de crecimiento, su influencia en África, Asia y América Latina, y su estrategia de expansión “silenciosa” pero a la vista de todos la convierten en la potencia que más terreno gana sin disparar un solo misil.

China no necesita entrar en la guerra para ganarla. Le basta con esperar a que sus rivales se desgasten y que la desconfianza en Estados Unidos como aliado y socio se siga desgastando.

Por su lado Rusia mantiene su vigencia de la mano de la agresividad de Putin, que si bien ha mostrado las limitaciones de su ejército convencional, conserva dos ventajas decisivas: una extensión geográfica que le garantiza recursos naturales estratégicos y el mayor poderío nuclear del mundo.

No podemos equivocarnos, Moscú no está derrotado, está adaptándose y en un mundo multipolar, eso basta para seguir siendo un actor central.

Hoy no estamos en una tercera guerra mundial, per se, pero ¿tal vez en su antesala histórica? Está claro que no vivimos una guerra mundial convencional.

Pero sí un periodo de transición hacia un mundo multipolar, donde: Estados Unidos entra en declive, Europa pierde protagonismo, China avanza a pasos agigantados, Rusia se reposiciona y las potencias regionales se reagrupan.

Es un mundo más inestable, más impredecible y más peligroso.

Y Colombia, acostumbrada a llegar tarde a todo en política exterior, debe aprender a navegar rápido.

La ortodoxia diplomática ya no sirve. La negligencia estratégica ya no es una opción. El mundo cambió.

La pregunta es si Colombia será capaz de cambiar a tiempo o seguiremos timoratos entregando nuestros baluartes estratégicos a una potencia en declive, que no se debe malinterpretar, seguirá durante varias generaciones más como un actor relevante a nivel mundial y seguramente el más importante de esta parte del globo, pero no podemos perder de vista a los nuevos actores como China que en unos años será de manera indiscutida la principal potencia económica mundial y muy probablemente también lo será en el campo militar, por lo tanto anuncios como el del canciller Bula de alejar a Colombia de la “nueva ruta de la seda” sería un error tan profundo que nos retrasaría nuevamente décadas de inserción en el nuevo orden mundial.

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