Cali, septiembre 25 de 2026. Actualizado: viernes, septiembre 25, 2026 16:29

Víctor Manuel García

Cali necesita reconstruirse por dentro

Víctor Manuel García

En la madrugada del jueves 24 de septiembre, Cali vivió una escena que, por sí sola, revela la magnitud del momento histórico que atravesamos: el presidente Abelardo de la Espriella, la gobernadora y el alcalde Alejandro Eder recorrieron El Calvario, uno de los sectores con mayor presencia de actores delictivos en la ciudad.

No es común ver a los tres niveles de poder caminando juntos por el corazón del deterioro urbano.

Fue un gesto político fuerte, necesario y simbólico.

Pero Cali necesita mucho más que símbolos. Necesita reconstruirse por dentro.

Porque la crisis de seguridad y civismo que hoy vivimos viene de un proceso de años, acumulado y profundo, que se aceleró con la pandemia y se desbordó con el estallido social y tiene un desafío adicional después del terremoto.

Desde entonces, Cali no ha logrado recomponer su tejido social ni reconstruir la confianza entre ciudadanía e institucionalidad.

La ciudad quedó atrapada entre la nostalgia de lo que fue y la resignación frente a lo que es.

El Calvario es el espejo de esa realidad. Un territorio donde la presencia de actores criminales es cotidiana, donde la autoridad se diluye y donde la ciudadanía vive entre el miedo y la indiferencia.

Que el presidente, la gobernadora y el alcalde hayan estado allí es relevante.

Pero lo decisivo será lo que ocurra después: si esa visita se convierte en política pública sostenida o si queda como una fotografía más en la larga colección de intervenciones que no transforman nada.

Cali se acostumbró al desorden. Se acostumbró a la informalidad desbordada, al irrespeto por las normas, a la ocupación ilegal del espacio público, al vandalismo cotidiano, a la violencia que se volvió paisaje.

Y cuando una ciudad normaliza el caos, reconstruirla exige mucho más que cemento y maquinaria: exige recuperar la seguridad urbana, la autoridad y la cultura ciudadana.

La pandemia rompió rutinas, destruyó empleos y debilitó la presencia institucional en los barrios.

El estallido social fracturó la relación entre ciudadanía y Estado, dejó cicatrices en la infraestructura y en la confianza pública.

Desde entonces, Cali no ha logrado recomponer su contrato social.

La ciudad quedó suspendida en una espiral donde el desorden se volvió costumbre y la inseguridad, paisaje.

Pero resignarse sería un error histórico.

La reconstrucción del suroccidente colombiano exige más presencia estatal, no menos.

Una ciudad golpeada por un desastre natural es más vulnerable a la criminalidad.

Una ciudadanía en duelo necesita más orden, no más improvisación.

La seguridad debe ser parte de la reconstrucción, no un capítulo aparte. Y la intervención en El Calvario debe ser el inicio de una estrategia integral, no un acto aislado.

Cali fue, alguna vez, referente nacional de civismo. Una ciudad donde el respeto por las normas era parte de la identidad. Hoy, esa memoria parece lejana.

Pero no está perdida. Se puede recuperar. Se debe recuperar. Por eso Cali necesita una gran campaña de cultura ciudadana, seria, articulada y sostenida.

No una campaña cosmética, sino una política pública que involucre colegios, universidades, empresas, juntas de acción comunal y organizaciones sociales. La seguridad no se impone: se construye. Y Cali lleva demasiado tiempo sin construir nada en ese frente.

Este debate no puede limitarse a lo que queda del mandato del alcalde.

Debe entrar de lleno en la contienda electoral de 2027, porque Cali no puede llegar a esas elecciones repitiendo los debates superficiales de siempre.

La seguridad y el civismo deben ser el centro de la conversación pública. No como eslogan, sino como política de Estado local.

Los futuros candidatos tendrán que hablar de orden urbano, prevención del delito, recuperación del espacio público y coordinación metropolitana.

Cali no puede seguir improvisando cada cuatro años. Necesita una visión de largo plazo que sobreviva a los ciclos electorales.

Porque la verdad es contundente: si Cali no recupera el orden, no recuperará nada. La ciudad está herida, pero no derrotada. El suroccidente está golpeado, pero no condenado. La reconstrucción debe ser integral: física, institucional y social.

Cali no puede resignarse al desorden. No puede normalizar la violencia. No puede seguir perdiendo su identidad urbana. La ciudad necesita actuar ya, con decisión, con rigor y con ambición.

Porque reconstruir Cali sin reconstruir su seguridad sería volver al punto donde estábamos. Y volver al punto donde estábamos es retroceder.

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viernes 25 de septiembre, 2026
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