Cali, octubre 15 de 2026. Actualizado: jueves, octubre 15, 2026 19:17

Clara Luz Roldán Columnista

Cali, precursora siempre en la historia de Colombia

Clara Luz Roldán - Directora colegiada del Partido de la U

Hay momentos que trascienden el protocolo y se convierten en símbolos. La decisión del presidente electo de posesionarse en Santiago de Cali es uno de ellos.

Más allá de la ceremonia, representa un mensaje que millones de vallecaucanos reciben con orgullo: Colombia vuelve su mirada hacia una región que ha sido protagonista de su desarrollo y que hoy enfrenta enormes desafíos.

El Valle del Cauca ha sido, históricamente, una tierra que impulsa el progreso nacional.

Desde aquí se mueve buena parte del comercio exterior colombiano a través del puerto de Buenaventura, la principal puerta del país sobre el océano Pacífico.

Nuestra región es referente en agroindustria, industria, comercio, turismo, cultura, deporte, innovación y educación superior.

Cali no solo es la capital mundial de la salsa o la ciudad que ha albergado grandes eventos internacionales; es un territorio que todos los días aporta al crecimiento económico y social de Colombia.

Sin embargo, también sería irresponsable hablar del presente del Valle del Cauca sin reconocer la realidad que hoy viven miles de familias.

Nuestro departamento y el vecino Cauca atraviesan uno de los momentos más complejos de los últimos años en materia de seguridad.

La expansión de los grupos armados ilegales, el fortalecimiento de las economías criminales ligadas al narcotráfico, la extorsión, los atentados contra la Fuerza Pública y las constantes afectaciones a las comunidades han generado preocupación e incertidumbre tanto en las zonas rurales como en las ciudades.

Detrás de cada hecho violento hay familias que pierden la tranquilidad, comerciantes que ven amenazado su trabajo, campesinos que enfrentan dificultades para permanecer en sus territorios y jóvenes que merecen crecer en un entorno de oportunidades y no de miedo. Esa es la realidad que no podemos desconocer.

Por eso, la decisión de que el Presidente de la República inicie su mandato desde Santiago de Cali adquiere un significado aún mayor.

No solo constituye un reconocimiento al papel estratégico del Valle del Cauca para el país, sino que también envía un mensaje de compromiso con una región que hoy enfrenta profundos desafíos en materia de seguridad y que espera respuestas integrales para recuperar la tranquilidad de sus ciudadanos.

Los vallecaucanos esperamos que este gesto llegue acompañado de acciones concretas. La primera será que el primer consejo de seguridad del nuevo gobierno será justo después de posesionarse, y será en Cali.

Que este acto, lleno de simbolismo por las regiones, marque el inicio de una presencia institucional más fuerte, de una estrategia integral para combatir la delincuencia organizada, debilitar las estructuras del narcotráfico, recuperar los territorios y brindar mayores oportunidades a las comunidades.

La seguridad no debe entenderse únicamente como una respuesta militar o policial; también requiere inversión social, generación de empleo, fortalecimiento de la educación y construcción de oportunidades que permitan romper los ciclos de violencia.

Al mismo tiempo, esta posesión representa un reconocimiento a la resiliencia de nuestra gente.

Cali ha demostrado una enorme capacidad para levantarse después de los momentos más difíciles.

Ha sabido reinventarse, fortalecer su tejido empresarial, recuperar la confianza y seguir apostándole al desarrollo. Esa capacidad de salir adelante es, quizás, una de las mayores fortalezas de los vallecaucanos.

Lejos de ser una provocación, como lo han insinuado los enemigos de la paz y la tranquilidad en el país, el que el presidente haya elegido a Cali como su primera sede de gobierno, donde se posesionará y donde incluso tendrá una sede alterna descentralizada de la presidencia, es la mayor muestra de su carácter democrático, que consiste también en gobernar para quienes no votaron por su candidatura, porque el presidente lo es de todos los colombianos, y así lo dejó claro en su primer discurso y lo ha materializado con sus primeras acciones.

También es un mensaje sobre la importancia de descentralizar la mirada del país. Colombia no termina en Bogotá.

Colombia se construye desde sus regiones, y pocas han aportado tanto a su crecimiento como el Valle del Cauca.

Aquí convergen la fuerza del Pacífico, el potencial de nuestra agroindustria, la riqueza cultural de nuestros municipios y el talento de millones de ciudadanos que todos los días trabajan por sacar adelante a sus familias.

Pero, sobre todo, esperamos que esta decisión sea el comienzo de una nueva etapa para el suroccidente colombiano.

Una etapa en la que el Gobierno Nacional mantenga una presencia permanente en el territorio, escuche a las comunidades, fortalezca la institucionalidad y acompañe a los departamentos del Valle del Cauca y del Cauca en la recuperación de la seguridad y la construcción de un futuro con mayores oportunidades.

Porque no hay desarrollo posible donde la violencia limita la libertad de las personas.

No hay inversión que florezca donde el miedo condiciona la vida cotidiana. No hay progreso sostenible si las comunidades no pueden vivir en paz.

Una cosa más: presidente, Cali y el Valle del Cauca tienen necesidades urgentes que no se pueden quedar de lado con el inicio de su gobierno, precisamente en nuestra región.

El Aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, por donde llegarán todos los invitados internacionales, está en deplorable estado, la Aerocivil destruyó más de 20 años de desarrollo en nuestro principal aeropuerto en el Suroccidente del país.

Buenaventura necesita urgente el dragado del puerto comercial, necesita un acueducto digno, y quienes a diario viajan o transportan entre Cali y Buenaventura o entre Cali y Popayán, merecen urgente la intervención de seguridad para garantizar la vida y la tranquilidad de estas poblaciones.

Que en sus primeros 100 días de gobierno, se firme la cofinanciación del Tren de Cercanías para el Valle del Cauca, proyecto que se vio truncado por los intereses politiqueros de unos pocos.

Que el próximo 7 de agosto no sea recordado únicamente como el día en que un presidente decidió posesionarse en Cali.

Que sea, sobre todo, el momento en que Colombia renovó su compromiso con una región que ha aportado tanto al país y que hoy necesita, más que nunca, el respaldo decidido de toda la Nación.

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viernes 31 de julio, 2026
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