Cali, marzo 10 de 2026. Actualizado: martes, marzo 10, 2026 22:00

Wilson Ruiz, al Senado y con De la Espriella

Carácter y conocimiento para recuperar el rumbo de Colombia

Wilson Ruiz Orejuela

Colombia atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia reciente. La incertidumbre económica, la pérdida de confianza institucional y la sensación de desgobierno han llevado a muchos colombianos a preguntarse hacia dónde va el país.

Durante los últimos años hemos visto cómo la improvisación se instaló en el poder, cómo el discurso ideológico desplazó la seriedad técnica y cómo la confrontación permanente terminó debilitando la institucionalidad que tanto nos ha costado construir.

En medio de ese escenario, cuando el país parece debatirse entre el desgaste de un gobierno errático y la necesidad urgente de recuperar el rumbo, empiezan a surgir señales que llaman la atención y que invitan a pensar que todavía es posible construir una alternativa seria para Colombia.

Una de esas señales es la fórmula política que se empieza a consolidar entre Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo.

No se trata simplemente de una alianza electoral. En política, las fórmulas dicen mucho más de lo que aparentan. Revelan la visión de gobierno, el tipo de liderazgo que se quiere construir y el mensaje que se le envía al país.

Y en este caso el mensaje es claro: Colombia necesita liderazgo con carácter, pero también conocimiento profundo del Estado.

Por un lado está Abelardo de la Espriella, un abogado que ha construido su trayectoria pública con una característica que hoy escasea en la política colombiana, la firmeza.

No es un hombre de discursos ambiguos ni de cálculos acomodados. Ha sido una voz clara en la defensa de principios como la seguridad, el respeto por las instituciones y la necesidad de enfrentar con decisión el avance del populismo que tanto daño ha causado en América Latina.

Su estilo directo, frontal y sin complejos conecta con un país que está cansado de la tibieza.

Durante demasiado tiempo la política colombiana se acostumbró a líderes que dicen una cosa en público y otra en privado, que evitan los debates difíciles o que prefieren acomodarse a las circunstancias antes que defender convicciones.

Colombia necesita conocimiento, experiencia y rigor técnico para enfrentar los enormes desafíos económicos e institucionales que tiene por delante. Y ahí es donde aparece la figura de José Manuel Restrepo.

Restrepo no es un improvisado ni un político de ocasión. Es un académico respetado, un economista con trayectoria, un hombre que ha dedicado su vida al estudio de la economía y al funcionamiento del Estado.

Su paso por el Ministerio de Comercio y posteriormente por el Ministerio de Hacienda demostró que es posible tomar decisiones difíciles con responsabilidad, con disciplina fiscal y con visión de largo plazo.

En un momento en el que la economía colombiana necesita recuperar credibilidad ante los inversionistas, los empresarios y la comunidad internacional, tener una figura con la solvencia técnica de Restrepo no es un detalle menor.

Es una señal de seriedad.

Por eso resulta tan interesante la comparación que hizo Abelardo de la Espriella al señalar que Restrepo podría cumplir dentro de su eventual gobierno un papel similar al de Marco Rubio en la política internacional.

Más allá de la referencia puntual, lo que se está planteando es algo fundamental: la necesidad de contar con figuras con peso político, visión estratégica y capacidad de interlocución internacional.

Colombia necesita volver a ser un país confiable para el mundo. Durante los últimos años hemos visto cómo la política exterior se ha llenado de contradicciones, de mensajes confusos y de tensiones innecesarias con aliados históricos.

Ese tipo de improvisaciones no solo afectan la imagen del país; también golpean la economía, la inversión y las oportunidades de crecimiento.

Recuperar la credibilidad internacional no se logra con discursos ideológicos. Se logra con liderazgo serio, con conocimiento técnico y con una visión clara de país.

Y ahí es donde esta fórmula adquiere un significado mucho más profundo. Se trata de la posibilidad de reconstruir un proyecto político basado en algo que hoy parece escaso en Colombia, la combinación entre liderazgo firme y capacidad de gestión.

Mientras algunos sectores de la política siguen apostándole al populismo, al resentimiento social o a las promesas imposibles, esta fórmula envía un mensaje diferente.

Habla de gobierno, de equipo, de preparación y de responsabilidad con el país. Una alternativa real para recuperar el rumbo de Colombia.

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