Cali, septiembre 14 de 2026. Actualizado: lunes, septiembre 14, 2026 15:31
Colombia en su hora más dura: cuando el país responde y la política se esconde
La tragedia que golpeó al Valle del Cauca y al suroccidente del país dejó al descubierto una verdad incómoda: Colombia sí es país, aunque su clase política insista en demostrar lo contrario.
Cuando las estructuras fallan y la institucionalidad se diluye, la gente aparece. La solidaridad aparece. El país real aparece. Ese país que actúa sin cámaras, sin discursos y sin cálculo.
En estos días, hemos visto una movilización social que supera cualquier narrativa oficial.
La Iglesia Católica, a través del Banco de Alimentos; la Cruz Roja; la Defensa Civil; los Bomberos de todo el país; cientos de pequeños y medianos empresarios; miles de voluntarios… todos sosteniendo lo que el Estado, por incapacidad o por mezquindad, no ha logrado sostener. Esa es la Colombia que vale la pena defender. Esa es la Colombia que responde.
Mientras tanto, la política volvió a mostrar su peor rostro. El senador Duvalier, atribuyéndose gestiones inexistentes, hablando de “topos” que nunca coordinó y al parecer presuntamente hasta obstaculizó rescates.
Un representante del Pacto rayando muros en plena tragedia, buscando cámaras mientras el país buscaba sobrevivientes. Un presidente convertido en espectáculo: besos, sonrisas, pasarela… pero poca claridad sobre qué hacer. Un canciller que, por ideología, negó la entrada de equipos especializados de México —a cuatro horas— mientras aceptaba otros desde más de dieciséis. No se trata de excluir a nadie: se trata de sumar a todos.
Y para completar el cuadro, la insensatez del ministro de Vivienda, que con apenas cinco días en el cargo decidió irse de vacaciones en medio del desastre.
Me perdonan, pero eso es una hijueputez. No hay otra palabra que capture mejor la irresponsabilidad moral de abandonar el país cuando más se necesita liderazgo.
Aun así, hay quienes sí han dado la cara. El alcalde de Cali, Alejandro Eder; Dilian Francisca Toro; el ministro Lara; y el vicepresidente Restrepo, considerado por muchos el adulto responsable del gobierno. Podrán equivocarse, pero están presentes. Y en una tragedia, la presencia importa.
También hay que reconocer la fuerza del sector privado. La familia Gilinski, Santo Domingo y la ANDI han puesto más de 350 mil millones de pesos para la reconstrucción.
David Vélez, fundador de NU Bank, anunció una donación de 100 mil millones. Rappi abrió su plataforma para servir en la emergencia.
Estas contribuciones no reemplazan al Estado, pero sí demuestran que el país tiene músculo social y empresarial cuando más lo necesita.
Sin embargo, es necesario decirlo con claridad: estas donaciones, aunque valiosas, no son suficientes.
Según el presidente De La Espriella, los costos de reconstrucción ascenderán a cerca de 30 billones de pesos para atender a más de 450 municipios afectados.
Y los análisis de la firma manizaleña Ingeniar Ruiz Intelligent, especializada en modelación de desastres y con experiencia internacional con el Banco Mundial, el BID y diversas aseguradoras, son igual de contundentes: solo la reconstrucción de Cali se calcula en 10 billones, y la de toda la región afectada en 22 billones. Ningún aporte privado puede cubrir eso.
La columna vertebral del esfuerzo debe ser el Estado, con gerencia, con planificación, con liderazgo y con visión de largo plazo.
Por eso, aun en medio del dolor, no podemos perder de vista lo que viene: las elecciones de 2027 serán las más importantes de la historia reciente del Valle y del suroccidente.
No por ideología, sino por supervivencia. Porque quien gobierne Cali, el Valle y los municipios afectados será quien lidere la reconstrucción durante los próximos cinco años, que es el tiempo estimado para la recuperación total de la región.
Los alcaldes y gobernadores actuales tienen la responsabilidad histórica de dejar bases sólidas, una hoja de ruta clara, un plan de reconstrucción serio y medible.
No pueden pensar solo en su periodo: deben pensar en el país que recibirán los próximos mandatarios. La tragedia no puede convertirse en improvisación. La reconstrucción no puede depender de ocurrencias. Se necesita técnica, gerencia y visión.
Colombia va a salir adelante. No gracias a los políticos que siempre escogemos, sino gracias a su gente. A su carácter. A su capacidad de actuar mientras otros solo buscan protagonismo.
Porque este país, con todo y sus heridas, sí es país. Y hoy lo está demostrando.
