Cali, febrero 5 de 2026. Actualizado: miércoles, febrero 4, 2026 22:50
Cuando el partido se juega fuera de la cancha
No sé de fútbol; si he visto dos partidos en mi vida es mucho, y la única ocasión en que ingresé a un estadio fue con la banda de guerra del Colegio Pío XII, para tocar en un clásico Cali–América en los ochenta. Hasta ahí mi biografía futbolera.
Pero el fútbol ha terminado colándose en mis conversaciones por estos días, pero por asuntos que me son más familiares: la palabra empeñada, los contratos, el poder y el dinero.
Un amigo de la infancia, hoy empresario, me contó que le apostó a un talento joven. No una apuesta desde la tribuna ni desde el aplauso, sino desde el riesgo: contratos, acompañamiento, inversión, fe en una promesa que aún no era figura.
El problema vendría después. Cuando el talento maduró, cuando el nombre empezó a sonar en Europa y en la selección, cuando el valor se multiplicó, aparecieron nuevos intermediarios, nuevas promesas, nuevos contratos.
Y lo que había sido una relación basada en la confianza terminó en expediente.
Descubrí entonces que el fútbol moderno se juega, sobre todo, lejos de la cancha. Se juega en mesas de negociación, en cláusulas escritas en letra pequeña y en juzgados de países que el jugador nunca imaginó conocer por razones legales.
El balón rueda noventa minutos, pero los contratos duran años. Y cuando se rompen, no hay árbitro que saque tarjeta: hay abogados, demandas, carreras que se ralentizan, fichajes que se enfrían y promesas que se empañan.
Al final, el fútbol no es tan distinto de otros ámbitos. Cambian los escenarios, pero las reglas invisibles son las mismas.
Y muchas veces, el verdadero partido se juega cuando el estadio ya está vacío.
