Cali, septiembre 14 de 2026. Actualizado: lunes, septiembre 14, 2026 15:31

Víctor Manuel García

El Valle del Cauca: reconstruir para no repetir la historia

Víctor Manuel García

El terremoto que sacudió al Valle del Cauca no solo derrumbó estructuras: derrumbó certezas.

Dejó familias en duelo, comunidades fracturadas y una región entera enfrentándose a la fragilidad de su infraestructura, de su planificación y de su modelo de desarrollo.

Pero, en medio del dolor, también dejó algo que pocas veces concede la historia: una oportunidad de transformación estructural.

Los desafíos del Valle post-terremoto no son nuevos; estaban ahí, acumulados por décadas de desigualdad, improvisación y abandono estatal.

Lo que hizo el fenómeno fue exponerlos con crudeza. La tragedia no creó las brechas: las iluminó.

Y ahora, con la región en un punto de inflexión, la reconstrucción debe ser mucho más que un ejercicio de ingeniería: debe ser un ejercicio de justicia territorial.

El Valle del Cauca tiene ante sí la posibilidad de reducir las brechas sociales y económicas que han marcado su historia.

Brechas que separan a Cali de Buenaventura, al norte del Valle del sur, a las zonas urbanas de las rurales, a quienes tienen oportunidades de quienes solo tienen resiliencia.

La reconstrucción debe ser el punto de partida para corregir esas desigualdades que, por años, han sido tratadas como paisaje y no como urgencia.

Para lograrlo, la región necesita una puesta a punto de su infraestructura económica y social.

No se trata únicamente de reparar lo que cayó, sino de construir lo que nunca se ha construido: sistemas de movilidad integrados, redes de salud robustas, infraestructura educativa moderna, corredores logísticos que conecten al Valle con el mundo, y una planificación territorial que deje atrás la improvisación que tanto daño ha causado.

El terremoto dejó claro que la infraestructura del Valle no solo es insuficiente: es vulnerable.

Y esa vulnerabilidad es el reflejo de un modelo político que ha privilegiado el cálculo electoral sobre la visión de largo plazo.

Si la reconstrucción se hace bien, el Valle puede corregir ese rumbo y entrar en una senda de desarrollo que redunde en bienestar social real.

Pero para ello, necesitamos algo que ha sido escaso en nuestra política regional: altura moral y claridad estratégica.

No podemos seguir transitando el camino de la mezquindad política, donde cada decisión se mide con doble rasero según quién gobierne o quién critique.

No podemos permitir que la reconstrucción se convierta en botín burocrático ni en vitrina para oportunistas que solo aparecen cuando hay cámaras y contratos.

La reconstrucción exige procesos públicos transparentes, decisiones técnicas, participación ciudadana real y una vigilancia institucional que no se deje intimidar por los poderes de siempre.

Exige elegir líderes que estén conectados con las realidades sociales y no con los cálculos electorales.

Líderes que entiendan que el Valle no puede seguir atrapado en la política del corto plazo, porque el corto plazo es exactamente lo que nos trajo hasta aquí.

Este es el momento de pensar en región, no en facciones. De pensar en décadas, no en elecciones.

De pensar en bienestar colectivo, no en cuotas de poder. La reconstrucción será el termómetro que nos mostrará si estamos preparados para ese salto o si seguiremos repitiendo la historia.

A pesar del dolor que enluta a cientos de familias, este es un momento para actuar con grandeza.

La naturaleza nos golpeó, sí, pero también nos obligó a despertar.

Nos recordó que la desigualdad no es solo un problema moral: es un riesgo estructural.

Que la falta de infraestructura no es solo una incomodidad: es una amenaza.

Que la ausencia de planificación no es solo un error: es una vulnerabilidad que se paga con vidas.

El Valle del Cauca tiene ante sí una oportunidad que no puede desperdiciar. Reconstruir no es volver a lo que éramos. Reconstruir es convertirnos en lo que siempre debimos ser.

A las familias que perdieron seres queridos, a quienes hoy enfrentan el duelo y la incertidumbre, toda nuestra solidaridad y condolencia.

Que esta reconstrucción sea también un homenaje a su fortaleza y a la memoria de quienes ya no están.

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martes 25 de agosto, 2026
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