Cali, marzo 10 de 2026. Actualizado: martes, marzo 10, 2026 22:00
Él y ellos aún creen en nosotros
Confieso que a veces me siento misántropo. No permanente, pero me pasa cuando escucho noticias que dan cuenta de la violencia absurda, las mezquindades, los egoísmos, las mentiras y los debates donde nadie escucha y todos gritan.
En suma, todo lo que ejemplifica la ruindad humana.
En esos momentos, cuando me agobia esta sensación, contemplo a mi perrita echada a mi lado.
Ella, como los de su especie, vive convencida de que los seres humanos somos magníficos. Son estas criaturas, sin duda, los últimos optimistas del género humano.
“Mientras más conozco al ser humano, más amo a mi perro” lo resume todo. Los perros no compiten, no conspiran, no calculan ventajas. Su relación con el mundo es mucho más simple: lealtad, compañía y afecto.
Los perros parecen ver en nosotros una versión idealizada del ser humano. Ven al protector y al compañero.
Ven a alguien digno de confianza. Y lo curioso es que muchas veces nosotros mismos no merecemos esa confianza.
Sí, en medio de tantas noticias que erosionan la fe en la humanidad, el perro sigue creyendo.
Es una fe incondicional que me recuerda la hermosa idea que expresó el poeta indio Rabindranath Tagore cuando afirmó que cada vez que nace un niño es la prueba de que Dios aún no ha perdido la esperanza en la humanidad. Tal vez por esta razón el Diluvio, Sodoma y Gomorra no se repiten.
Volviendo a los perritos… sus miradas seguirán siendo el recordatorio silencioso de que todavía, además de Él, hay quien cree que somos capaces de bondad. Y tal vez esa fe sea de las pocas cosas que nos salve de nosotros mismos.
