Cali, marzo 5 de 2026. Actualizado: miércoles, marzo 4, 2026 22:25

Tomás Lombana Bedoya

¿Estamos polarizados o existe una fatiga por lo político?

Tomás Lombana Bedoya

Hace unos días, hablando con un profesor de Ciencia Política de la Universidad Icesi sobre una posible idea de realizar un ejercicio académico con los estudiantes, me dijo algo que me llamó la atención: que Colombia no está polarizada, sino que tiene un cansancio o una fatiga por lo político.

Esa frase me quedó retumbando en la cabeza y me surgieron muchas dudas y preguntas: ¿las redes sociales volvieron más “político” al ciudadano? ¿Los estrategas de marketing político manipulan al elector? ¿Realmente estamos polarizados? ¿Los candidatos de estas elecciones presidenciales nos polarizan con su discurso? ¿Así se vive hoy la política en el mundo? Y podrían surgir muchas más preguntas, lo cual está bien para quienes nos apasiona el mundo del marketing político.

Pero volvamos al título del artículo: ¿estamos polarizados o fatigados?

¿Qué es estar polarizados? La Real Academia Española (RAE) define polarizar como:Orientar en dos direcciones contrapuestas”.

Según Iyengar, Sood y Lelkes (2012), en Affect, Not Ideology: A Social Identity Perspective on Polarization (Public Opinion Quarterly), la polarización política no se explica principalmente por mayores diferencias ideológicas, sino por el aumento del rechazo emocional entre grupos partidistas.

Los autores introducen el concepto de polarización afectiva, que se refiere a la tendencia de los ciudadanos a sentir mayor simpatía y confianza hacia su propio partido, y mayor desconfianza, desprecio o animadversión hacia el partido contrario.

En otras palabras, las personas no necesariamente están más distantes en ideas, pero sí están más distantes en sentimientos hacia el “otro” político.

Por su parte, estar “fatigados de la política” se refiere a un estado de cansancio, desinterés o frustración persistente frente al sistema político, sus actores y sus dinámicas, que puede traducirse en apatía, abstención o desconfianza.

No implica necesariamente indiferencia total, sino una sensación de saturación emocional y desencanto frente a discursos repetitivos, polarización constante o promesas incumplidas.

Según Torcal y Montero (2006), en Political Disaffection in Contemporary Democracies, la desafección política es una actitud caracterizada por el distanciamiento subjetivo de los ciudadanos frente al sistema político, que se manifiesta en desconfianza hacia las instituciones, percepción negativa de los actores políticos y escepticismo sobre el funcionamiento de la democracia.

Al construir este artículo, no quise dejar pasar la oportunidad de preguntarle a un estratega colombiano que hoy maneja una de las campañas más disruptivas del momento y que está marcando un precedente en la forma de hacer política en Colombia: Carlos Suárez, CEO de Estrategia y Poder, actual estratega de la campaña presidencial de Abelardo de la Espriella. Le formulé dos preguntas:

1. ¿El país está polarizado o está fatigado? Explícanos tu postura.

En las sociedades no existen categóricos absolutos ni conceptos o estados de ánimo acartonados por opinadores, periodistas o analistas.

La llamada polarización no solamente ha estado siempre presente en la historia política de la humanidad, sino que hace parte de la lógica de la lucha por el poder en las sociedades desde que el hombre es hombre.

Ha habido liberales y conservadores, federalistas y centralistas, monarquistas e independentistas, imperialistas y colonialistas, conquistadores y nativos, y así sucesivamente.

Por eso, la “polarización” no solo no es novedosa, sino que tampoco puede calificarse como positiva o negativa; es simplemente la manifestación de la lucha de fuerzas por ejercer el control. Pasa en los humanos y en la mayoría de mamíferos que vivimos en manada. No hay que estigmatizar la polarización, porque es inherente a la construcción de sociedades.

2. ¿Qué papel juegan las emociones y las creencias en una campaña política, especialmente en las que estamos viviendo en este 2026?

La política, el voto y el ejercicio electoral están profundamente ligados a la emocionalidad.

El voto es detonado por los sentimientos y necesidades presentes en un conglomerado social en un momento histórico determinado.

La historia de los pueblos se construye a partir de sueños colectivos y de líderes que los conduzcan a conseguirlos: el anhelo del pueblo judío por volver a la tierra prometida, para lo cual Moisés tomó el báculo y los guió a través del desierto; el deseo de resistencia del pueblo inglés, que se puso en manos de Churchill para que lo dirigiera durante la Segunda Guerra Mundial; la frustración de los estadounidenses por haber perdido la hegemonía mundial y el “Make America Great Again” de la mano de Donald Trump.

Pura emocionalidad y sentimiento: así se ha construido la historia política. Nada más humano que la política; nada más racional que una idea envuelta en emoción.

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lunes 23 de febrero, 2026
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