Cali, septiembre 9 de 2026. Actualizado: martes, septiembre 8, 2026 21:30

Tomás Lombana Bedoya

Treinta días de Abelardo: señales, aciertos y dudas

Tomas Lombana Bedoya

Evaluar un gobierno después de apenas treinta días resulta, por decir lo menos, apresurado.

Un mes no alcanza para transformar un país, corregir sus problemas estructurales ni mucho menos determinar si un presidente será bueno o malo.

Sin embargo, los primeros treinta días sí permiten identificar señales sobre la forma de gobernar, las prioridades y el estilo que posiblemente veremos durante los próximos años.

Y el primer mes de Abelardo de la Espriella estuvo lejos de ser normal.

Apenas tres días después de posesionarse, Colombia enfrentó una de las mayores tragedias naturales de los últimos años.

El terremoto obligó al nuevo Gobierno a cambiar prácticamente toda su agenda.

En ese primer examen, considero que la reacción fue positiva: presencia en las regiones afectadas, coordinación institucional y, posteriormente, el rápido tránsito de la emergencia hacia una discusión sobre reconstrucción.

Me parece especialmente interesante la vinculación del sector empresarial.

La reconstrucción no puede depender exclusivamente del Estado y De la Espriella parece entender que empresarios, regiones y Gobierno deben trabajar conjuntamente.

Queda una pregunta inevitable: ¿Esa cercanía con empresarios y regiones habría ocurrido sin el terremoto? Mi percepción es que sí.

Su trayectoria y su discurso de campaña ya mostraban esa intención.

Otro elemento positivo ha sido su presencia territorial.

En treinta días hemos visto un presidente viajando, visitando regiones e incluso apareciendo de manera sorpresiva en algunos lugares.

Había prometido descentralizar parcialmente el ejercicio del poder y, por lo menos desde lo simbólico, está empezando a hacerlo.

En seguridad también existe un cambio evidente.

Hay mayor protagonismo de las Fuerzas Militares, operaciones, capturas y acciones contra organizaciones criminales.

Sin embargo, aquí aparece una de mis primeras diferencias con el Gobierno: no comparto la forma de comunicar algunas victorias militares.

Convertir resultados de guerra en piezas demasiado gráficas o triunfalistas puede terminar produciendo un efecto contrario.

Otros gobiernos lo han hecho y seguramente existen razones estratégicas para ello, pero personalmente creo que es innecesario.

También queda un sinsabor con algunos nombramientos.

Se prometía renovación, pero terminaron apareciendo figuras provenientes de la política tradicional.

Entiendo la dificultad: administrar el Estado exige experiencia y conseguir personas exitosas del sector privado dispuestas a ingresar al servicio público no siempre resulta sencillo.

Pero la renovación prometida tendrá que demostrarse con algo más que discursos.

Entre los activos del presidente también pondría su relación con Estados Unidos.

Tener una relación estratégica cercana con Washington puede representar oportunidades enormes para Colombia, siempre que esa cercanía nunca signifique comprometer nuestra soberanía ni nuestros intereses nacionales.

Y quedan las grandes preguntas.

Todavía no conocemos con suficiente claridad cómo resolverá el Gobierno el déficit fiscal, qué camino tomará frente a la crisis del sistema de salud o hasta dónde podrá realmente mejorar la seguridad cotidiana de los colombianos.

Pero sería injusto exigir soluciones completas después de treinta días.

Desde el marketing político, sí empieza a consolidarse una fórmula bastante clara: autoridad, reacción, territorio y ejecución.

Treinta días no permiten entregar un veredicto. Pero sí permiten observar el estilo.

Y el estilo de este Gobierno empieza a quedar bastante claro.

Ahora viene lo difícil: convertir esa percepción inicial en resultados.

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martes 8 de septiembre, 2026
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