Cali, febrero 7 de 2026. Actualizado: sábado, febrero 7, 2026 00:01
Universidad del Oriente: el salto educativo
Cali no puede darse el lujo de seguir ignorando dónde están sus talentos. La apertura del Multicampus Ladera no es solo una obra: es la primera vez en décadas que la ciudad reconoce que la educación pública debe llegar a donde históricamente no llegó.
Y cuando una ciudad decide saldar una deuda, no puede conformarse con inaugurar edificios; debe inaugurar oportunidades reales.
Este es el tipo de decisión que marca rumbos, y la ciudad no puede permitirse equivocarse ahora que, en noviembre, deberá definir los recursos y la continuidad de este proyecto que apenas comienza.
La reciente inauguración del Multicampus Ladera marca un antes y un después en la historia educativa de Cali.
Por primera vez, la ciudad abre un complejo universitario público de gran escala en la zona de la ladera, en las comunas 1, 18 y 20, territorios que por décadas han cargado con el peso de la desigualdad y el olvido institucional.
Con una inversión de $45 mil millones, complementada por $7.700 millones en dotaciones tecnológicas, este proyecto no es solo ladrillo y cemento: es la señal de que la educación pública puede, y debe, ser un instrumento de justicia territorial.
Desde la experiencia de haber trabajado en el sector público caleño, sé que los proyectos educativos no transforman por el tamaño de su infraestructura, sino por su capacidad de llegar, quedarse y echar raíces.
Y ahí está el gran reto del Multicampus y de la futura Universidad del Oriente: hacer que el acceso no dependa del barrio donde uno nace.
La estrategia Multicampus —que articula a siete instituciones públicas, entre ellas la Escuela Nacional del Deporte, Bellas Artes, Antonio José Camacho y la UCEVA— es un modelo audaz que reúne 45 programas y proyecta una cobertura de 9.000 estudiantes por semestre bajo un esquema de matrícula gratuita.
Pero la verdadera transformación empieza cuando la universidad sale del campus y se instala en la vida cotidiana de la gente.
Para una madre cabeza de hogar de la Comuna 20 que trabaja por las noches, o para un joven de la Comuna 1 que debe cruzar media ciudad para poder estudiar, la distancia no es un detalle: es la diferencia entre poder soñar y tener que renunciar.
Por eso, la Universidad del Oriente debe usar las sedes de los megacolegios como aulas descentralizadas donde los programas técnicos y tecnológicos lleguen literalmente a los barrios.
El conocimiento no debe esperar a que el estudiante llegue a él; debe caminar hacia el estudiante. Eso es lo que convierte la educación pública de acceso en educación pública de alcance.
La pertinencia laboral será el otro pilar de este proyecto. Los programas no pueden pensarse de espaldas a los oficios, vocaciones y oportunidades económicas que ya existen en la Ladera y el oriente.
Hablamos de sectores como logística, economía popular, cultura, deportes comunitarios, turismo, servicios y comercio digital.
Necesitamos formar técnicos en movilidad sostenible, gestores culturales digitales, tecnólogos en comercio electrónico, entrenadores comunitarios, especialistas en recreación y bienestar, profesionales capaces de emprender desde su propio territorio.
Y si no se flexibilizan horarios y modalidades, gran parte de estos estudiantes —que trabajan, sostienen familias o dependen de transporte precario— terminarán abandonando. L
as becas abren la puerta, pero la pertinencia, los horarios inteligentes y el acompañamiento integral son los que permiten atravesarla.
El Multicampus Ladera, además, tiene el potencial de convertirse en un verdadero centro de vida comunitaria.
Si se mantiene abierto a talleres culturales, actividades deportivas, procesos de salud mental, convivencia, arte y emprendimiento, será un espacio donde la comunidad se encuentre, se reconcilie y se reconozca.
Pero esto exige una coordinación interinstitucional sólida. Los comités académicos y de bienestar que unirán a las siete instituciones son un avance, pero para que funcionen deben articular docencia, investigación y proyección social bajo una misma visión de ciudad.
Si lo logramos, Cali podrá demostrar que la cooperación entre entidades públicas no solo es posible, sino transformadora.
Lo que hoy nace en la Ladera debe continuar hacia el oriente, donde vive más del 40 % de la población y donde la ausencia de educación superior pública es todavía una herida abierta.
La Universidad del Oriente debe ser la segunda etapa de esta visión: una institución que aproveche los megacolegios, que complemente al Multicampus, que se conecte con el empleo, el emprendimiento y la movilidad social.
Y ahí está el punto crítico: este proyecto necesita continuidad política. No basta con inaugurar un campus; hay que sostenerlo, financiarlo y expandirlo.
La discusión de noviembre no será técnica, será moral: ¿Cali está dispuesta a garantizar educación pública donde más se necesita?
El Multicampus es el primer paso. La Universidad del Oriente, su destino natural.
Y asegurar su continuidad es una responsabilidad política que Cali no puede aplazar.
